¿Cuál elegir?

Los modelos cambian casi a diario, mientras el mercado se adapta como puede. Una guía para no marearse, con las características, pros y contras de cada una, más los testimonios de técnicos, directores, fabricantes y comercializadores. Ya era hora de que hiciéramos este informe, ¿no? De nada.

Todo comenzó con una Gaumont-Demeny modelo 1897 con capacidad para 20 metros de película perforada Kodak 35 mm, que el francés Eugenio Py tomó con timidez y el respeto propio a lo desconocido. La apuntó hacia el extremo superior del mástil central de la Plaza de Mayo y captó el suave hondar de la insignia patria. Era La Bandera Argentina; la primera película del cine nacional. Resultaría un pleonasmo profundizar en las largas zancadas que la tecnología dio desde entonces. Más de un siglo después, mientras el cine nacional pivotea en la encrucijada trascendental del fílmico o el digital, las principales empresas de cámaras y suministros procuran reposicionarse.

Tenía razón el prestigioso DF Hugo Colace cuando afirmó, durante el estreno de El Frasco, donde utilizó una Panasonic Varicam HD, que “el fotoquímico y los formatos digitales convivirán durante unos cuantos años, aunque el proceso de digitalización es imparable y antes o después todo se trabajará en formatos digitales”. Dos años después, el norte se mantiene inmutable. “El cerco se está cerrando cada vez más. Desde el registro hasta la proyección, todo nos lleva a lo digital. He visto proyectado en digital Dos hermanos, donde utilicé la Red, y me quedé muy impresionado. Creo que es el futuro, pero por ahora siguen conviviendo los dos registros”, opina.

 

Lo que fue y ¿será?

El ambiente que quizá mejor sintomatiza esa dicotomía es el mercado de alquileres, donde las pretensiones de los clientes mutan casi tan rápido como avanza la tecnología. “Desde hace dos años está cambiando permanentemente. En un momento el 16 mm era el rey, incluso para los largos. Se optimizaba material y se filmaba tres veces más que en 35 mm. Para publicidad estaba perfecto, incluso para largos. El digital, lo primero que mata es al 16 mm. Tiene sus defensores, pero pocos. En los últimos seis meses prácticamente dejó de usarse. Estas cámaras tienen una salida del 10 por ciento del mercado, el 30 por ciento es para las de 35 mm y el 60 restante para las digitales”, estima Paula Borghi, encargada del Departamento de Cámara de la empresa de alquileres Alfavisión. “Desde la Sony F900, la tecnología digital creció enormemente. No hay parámetros y todavía nos falta mucho para entender el concepto de lo que está cambiando”, asegura. Pero el fílmico planea batalla. Además de algunas publicidades que aún eligen este formato (ver página 12), la reducción de los costos favorece una posible estabilización comercial. “A las productoras les sale mucho más barato producir en 16 mm. Mientras que antes una lata de 122 metros rondaba los 120 dólares, hoy está 60 dólares. Debieron disminuir los precios por la competencia”, asevera Borghi.

 

Rojo, pasión de multitudes

Proveniente de una empresa sin demasiada trayectoria, la Red One, discontinuada desde hace algunos meses, es la cámara más demandada del mercado ya que “consiguió algo que no pudo el fílmico en los últimos 20 años: una tirada impresionante de casi 10 mil unidades”, según calcula la técnica. Lanzada hace poco más de dos años, se convirtió en la cámara predilecta de la industria. Entre las principales razones destaca la relación costo-beneficio. “Hicieron una cámara muy práctica y encontraron un público porque no existía ninguna así. Sin embargo hubo poca evolución para que los accesorios de fílmico funcionaran perfecto. Todavía hoy debemos preguntarnos si un determinado accesorio es compatible, pero yo creo que el costo y el beneficio siguen siendo favorables. Es muy barata comparada a lo que salía cualquier cámara de fílmico antes. Cuando éstas rondaban los 100 mil dólares, la One costaba 28 mil dólares con sus accesorios básicos”, asegura.

Ese desarrollo que menciona Borghi fue un trabajo casi cooperativo entre usuarios y fabricantes, ya que gran parte de las mejoras se hicieron sobre los errores que los mismos compradores descubrían a medida que las usaban. “Creo que se les perdona porque todos estamos aprendiendo. Todavía la gente la está conociendo. En fílmico no podés cometer errores, está instalado hace tanto tiempo que debe estar aceitado”, la defienden desde Alfavisión, donde sin embargo destacan la desventaja de un servicio técnico ajeno a la empresa.

La vorágine tecnológica no sabe de asentamientos. Año tras año, las principales empresas apuntan sus cañones comerciales hacia Las Vegas para la feria NAB, uno de los eventos más importantes para los medios de comunicación electrónicos, al que asisten más de 85 mil personas provenientes de 157 países. “Todos los años exhiben tecnología nueva, por eso los costos bajan. No podés cobrar un producto 200 mil euros si dentro de un año vas a sacar uno nuevo”, afirma Borghi. En 2008, RED presentó allí la Scarlet, que junto a la intercambiable Epic esperan en las gateras de la empresa el lanzamiento en Argentina.

 

Arri, por la gloria perdida.

La explosión comercial de la Red One relegó a la empresa alemana Arri -con permanencia interrumpida en el mercado desde 1924- a un inusual segundo plano. El costo de los productos de esta histórica empresa hiere a los flacos presupuestos argentinos. Poco pudo hacer la ArriCam Light de sonido directo o la ArriflexD-21/D21-HD para recuperar el liderazgo perdido. El ariete de batalla teutón será el modelo Alexa, que se comercializará en tres versiones. “Estará disponible desde el primero de agosto, cuando lleguen los primeros equipos a Buenos Aires, que permitirán grabar en tarjeta SXS de Sony. La segunda, que llegará en septiembre, incluye dentro del mismo cuerpo el sistema de focos, zoom y diafragma mediante wireless. La última, arribará a fin de año y, a diferencia de las dos primeras versiones (con visor LED), vendrá con visor óptico”, adelanta Danilo Pontoriero, del Departamento Comercial de la Empresa BVS, representante en Argentina de esos productos. “El precio del cuerpo de cámara rondará entre los 70 y 80 mil dólares ( aunque es bastante amplio y varía de acuerdo a la necesidad del cliente). Lo que tiene de bueno es que mantiene el standard de los equipos ya fabricados, sin necesidad de comprar nuevos, en lo que refiere a accesorios.  Alexa permitirá jugar con todas las marcas del mercado saliendo con un estándar mucho más homogéneo para que la competencia que existe hoy pueda seguir existiendo y otras marcas puedan vender. Es una cámara livianita que no viene con un disco encriptado y permite que los archivos puedan ser editados con 10 o 12 programas para ser editado el material grabado (siempre y cuando sean grabados en tarjetas del formato Arri Raw). “Arri tiene un objetivo muy claro, sabe fabricar cámaras para cineastas. Ya se ve en su diseño, amigable para los que hacemos cine. Además promete una sensibilidad de ASA 800. Supongamos que se pueda usar a la mitad (ASA 400); es más que suficiente para filmar, por ejemplo, en exteriores durante la noche sin complicaciones”, se esperanza el DF de Dos hermanos.

 

Canon, o el cine para todos

La película de terror uruguaya La casa muda, estrenada en el último festival de Cannes, es un único plano secuencia de 78 minutos. Más allá de la precisión relojera tanto técnica como actoral, el film se destaca por el (único) dispositivo que utilizó Gustavo Hernández: la Canon EOS 5D Mark II. “Decidirse por ella fue un salto de fe”, confiesa el DF Pedro Luque. “Nos ofrecía una calidad de imagen buena, una profundidad de campo mínima, que ayudaba a resaltar los personajes y `agrandar` la locación, y una movilidad máxima. Poco peso, buenas prestaciones. Como la película es un plano secuencia, la cámara debía moverse mucho, meterse por lugares incómodos y permitir que el operador se concentre en el encuadre y la coreografía sin importarle el peso”, explica. Más allá de la génesis fotográfica de la 5D, el uruguayo afirma que las dificultades propias de su área fueron escasas. “Tiene una alta sensibilidad y bajo ruido, además una latitud parecida a la de una buena cámara de video”, asegura.

Sin embargo, los lentes y adaptadores necesarios para la captura de video en la Canon de Hernández y Cía la alejaron de un equipo estándar. “Usamos lentes Canon, serie L, que fueron bastante problemáticos porque el foco es muy crítico a f2.8, y el recorrido del anillo de enfoque tiene un recorrido muy corto. 2 mm en el anillo se transforman en 50 o 70 cm de diferencia en el punto de enfoque. A esto se nos sumaba la dificultad de no disponer de un monitor on-board con entrada HDMI. Íbamos por video compuesto, con una definición muy baja como para poder juzgar el foco en circunstancias críticas, con el punto de interés a 7 u 8 metros, por ejemplo. Tuvimos que adaptar un espejo mínimo pegado al lente y una luz LED encima para poder leer la escala operando la cámara”, rememora antes de asegurar que la sensibilidad del censor CMOS y la enorme maleabilidad del equipo conjugan un factor determinante. “La simpleza para buscar ángulos y encuadres es también una contra: cuando es operada en mano da una sensación de inestabilidad desagradable, hace que la imagen pierda un poco de solidez, y resalta el efecto de ’wobbling’, resultado del barrido del video”, explica.

Más allá de la experiencia oriental, desde la costa oeste del Río de la Plata también se experimenta con equipos no concebidos originalmente para un rodaje. Santiago Giralt optó en Antes del estreno por una Canon Mark II, en este caso una 7D, versión mejorada de la que usó Hernández, con botones específicos para video y menos segmentada hacia la foto fija. “Nos dio muchas ventajas –asegura el DF Galel Maidana- pudimos trabajar de forma muy dinámica, con un equipo muy reducido y una puesta de luces casi inexistente. La descarga y la visualización del material es inmediata y sencilla. Solo necesitás un tarjetero y una computadora para poder tomar nuevas decisiones en el momento en que lo estás viendo”. Pero, al igual que Luque, el también DF del opus uno de Giralt en soledad, Toda la gente sola, señala que la falta de experimentación y previsión metódica puede resultar un error garrafal. “Es fundamental planificar y armar un buen workflow de post producción antes de empezar a filmar. La cámara comprime bastante (aunque muy eficientemente) por lo que es mejor definir bien qué cuestiones de foto se delimitan en cámara y cuáles se dejan para después”, aconseja. Para las escenas móviles, usaron una steadycam de 35 mm con peso extra para evitar que las vibraciones contaminen la nitidez de la imagen. “Fue necesario un foquista experimentado, y nervios de acero”, asegura. 

 

Lo que viene, lo que viene

 

El periplo del devenir tecnológico audiovisual es un libro que se escribe página a página. Es impredecible, fugaz, efímero, cambiante. Hugo Colace, sapo de los dos pozos, disfruta el cambio. “Trabajar en fotoquímico me ayudó a pensar la imagen de otra manera, a previsualizar. Con las cámaras digitales el pensamiento de la imagen funciona de otra manera. Todo es más inmediato y, a veces, hay menos tiempo de elaborar estrategias. Todo está ahí. Se elabora la composición con otros parámetros”. Para muchos puristas del fílmico, románticos del hipnótico girar del rollo, la Canon y sus futuros secuaces son una moda pasajera, apenas un eslabón más de la experimentación cinematográfica. Para otros es el cine como actividad democratizada, igualitaria. En este bando se ubica el DF de La Casa Muda, Pedro Luque, para quien la intromisión de las nuevas tecnologías, no sólo no perjudica al cine sino que, por el contrario, lo favorece. “Hubiera sido imposible filmar La casa muda de otra manera. Muchas personas tienen miedo que niños armados con cámaras de fotos que filman y laptops les roben el trabajo, lo cual me parece una reverenda estupidez. Las cámaras no vienen con ideas, las ideas las ponen las personas que las operan. Sólo es otra herramienta y no resulta buena para todo, sólo para ciertos proyectos, o como una decisión estética particular. Está en las manos de los directores de fotografía seguir generando imágenes atractivas y que agreguen al lenguaje cinematográfico, imágenes que cuenten, que cautiven, que sorprendan y emocionen”. Después de todo, de eso se trata el cine.

 

UNA POR UNA, LO MEJOR Y LO PEOR

  • RED: Económica, fuerte, la Red One es la cámara Diesel de la industria cinematográfica vernácula. Elogiada por sus buenas prestaciones y sobre todo por su precio, que ronda los 28 mil dólares, accesorios incluidos, los principales problemas radican en la falta de desarrollo, que pudo avanzar a medida que los usuarios descubrían los puntos débiles. Muchos técnicos destacan el de la sensibilidad: mientras que el fabricante asegura que se puede en ASA 320, en realidad su sensibilidad no pasa de ASA 160. El tiempo dirá si las aún no comercializadas en Argentina Scarlet y Epic -no hay una fecha definida para sus lanzamientos- están a la altura de continuar su legado: precios drásticamente inferiores, chips más grandes y alta sensibilidad a la luz.

 

  • ARRI: La ArriflexD-21/D21-HD  pagó los costos de la pesificada economía argentina: su precio rondaba los 400 mil dólares. Pero la industria siempre da revancha. Monarcas del fílmico desde su primera cámara en 1924, la histórica empresa alemana buscará recuperar el terreno perdido y desencumbrar del podio a Red con el flamante modelo Alexa, que vendrá en tres versiones y estará en Argentina desde los primeros días de agosto. Las opiniones de quienes pudieron verla o probarla aseguran se trata de un diseño compacto y poderoso. Le auguran un futuro promisorio: “Será el modelo que finalmente se imponga”, dicen. Entre los principales puntos a favor se destaca la fiabilidad que ofrecen los productos de una empresa que destina gran parte de sus recursos al testeo de equipos, además de la compatibilidad con accesorios ajenos. El tiempo dirá si alcanzan el objetivo.

 

  • CANON: Las Canon Mark II son estables, maleables, cómodas. Dispone de grabación de video Full HD (1080). El rediseño de los píxeles minimiza el ruido, mientras que la resolución de 21,1 Megapíxeles le otorga una alta sensibilidad. Posee una latitud parecida a la de una buena cámara de video, además de una profundidad de campo no muy extensa. Las principales desventajas pasan por su génesis fotográfica: baja compresión de video, poco margen de retoque para las imágenes. Tampoco juegan a favor los censores CMOS. De menor consumo y mayor rango dinámico que los viejos CCD, estos dispositivos provocan que en los paneos veloces se pierda la verticalidad de las líneas y se deforme el plano. Como todo nuevo dispositivo, serán los directores los encargados de experimentar y darle el veredicto final. Le aguardan horas de pruebas y errores.