Alma en pena

Poniendo el foco en los vericuetos emocionales de una mujer que es abandonada, el tercer largo de Diego Martínez Vignetti acierta con su fantasmal abordaje sobre un tipo de exilio particular: el amoroso.

Como no podía ser de otra manera, sostenida en la honra que merece, La cantante de tango está cargada de una melancolía especial, donde cada ráfaga lírica marcará el estado de las cosas. Así, de síntesis urbana, oriunda de barrios bajos, con andar felino y cadencia fulminante, Helena (Eugenia Ramírez Miori) es, cual melange de compases, una noble intérprete de tangos abandonada por su hombre. Cuando su carrera parece despegar, al ser contratada para tocar en un prestigioso teatro de Buenos Aires, para ella, haciéndole honor al género del “pensamiento triste que se baila”, tal hostilidad será el devenir de una obsesión, negando su designio artístico, convirtiéndose en la sombra de su amado.

En una de las elipsis más ambiguas de esta coproducción argentina, francesa, belga y holandesa, entremezclando el pasado y el presente, Helena viaja a un pequeño pueblo de Francia para intentar recuperarse y olvidar sus trajines. Lo importante, aquí y en la vida, es que los problemas que uno tiene suelen acompañar pese a los distanciamientos geográficos. Esa problemática, o el mismísimo e inevitable destino, le hará conocer a Roberto (Bruno Todeschini), un médico francés, un hombre que sí la quiere y al que, paradójicamente, apenas nota.

Bajo un argot universal (el sufrimiento se padece acá y en cualquier parte) pero invariablemente aferrada a la cultura popular criolla, esta película retrata el tour de force del abandono, la conmovedora penumbra del desamor. En ese cosmos, el auteur y fotógrafo bahiense radicado en Bélgica Diego Martínez Vignatti, realizador del documental Nosotros (2002) –no estrenado comercialmente- y de La Marea (2007), y su “Helena”, Eugenia Ramírez Miori, actriz de Danza con los Sueños (2003) y protagonista también de aquel bucólico film La Marea (2007), perpetúan el legado del tango con una obra dramática, matizada con épicos pasajes musicales y, por supuesto, con una buena cantidad de notables sentimientos fácilmente identificables.