Discos 2011

Reseñas de algunos de los discos que más nos gustaron en la redacción.

Das Racist – Relax.

Oriundos de Nueva York, trío de hip hop, dos miembros de ascendencia india y uno latina, Das Racist es un ente extraño en el hip hop. Se los consideró durante tiempo como una “banda de broma” dentro del hip hop. Este es su primer disco “oficial” ( luego de “Shut up, Dude” y “Sit Down, Man”, dos mixtapes del año pasado). La manera en que rappean es muy singular: mezcla de asociación libre, aforismos absurdos y autobiografía perdedora con avalancha de referencias culturales. Se permiten la mejor apertura del año (el tema de título) suavidad y contundencia con unas cuantas líneas de sintetizador, “Happy Rappy” una especie de enumeración de íconos y lugares graciosos que se termina antes de que te des cuenta, ritmos hindúes en “Punjabi Song” y canciones exageradamente bravuconas como “Booty in the Air”. El año está terminando, por suerte no es demasiado tarde para considerarlo uno de los discos del mismo.

Por Amadeo Gandolfo

PJ Harvey

Let England Shake

Island

Ahora no recuerdo si fue un sueño o una de esas noticias que circulan por Internet y que después desaparecen sin dejar rastro, lo cierto es que tengo la certeza de que en algún momento PJ Harvey había amenazado con dejar de tocar, abandonar todo y mudarse a la campiña. Sin embargo, después de eso, sacó el íntimo White Chalk y, ahora, cuatro años más tarde, vuelve con todo con Let England Shake, un disco hermoso y triste, un disco que es una obra redonda, perfecta, en el que conviven la historia de la Inglaterra imperial y guerrera en letras emotivas, acompañadas de una música que para qué ponerle adjetivos.

Paradoja de paradojas, la vez que la bella Polly Jean Harvey se metió con un tema oscuro, denso, doloroso y sórdido como es la guerra, fue la vez que su voz sonó más clara y celestial, más diáfana y esperanzadora. Como un ángel. Un ángel de la guerra.

Por Francisco Huisman

Destroyer

Kaputt

Merge

“Por su sonido, el disco es La dolce vitta; por sus letras, es Ocho y medio”, arriesgó a la hora de definir Dan Bejar a su noveno LP firmado como Destroyer, su proyecto construido a la sombra de su supergrupo oficial, The New Pornographers. La definición, con su invocación fellinesca, es tan difusa y elegante como son los sonidos que dan entidad al nocturno y sereno Kaputt. Imposible desoír el sello de su canto romántico (que es el de Bowie y Marc Bolan) pero acá le cede el protagonismo a la instrumentación: están los sintetizadores, pero sorprenden esos solos de saxos, guitarras y trompetas por doquier, que revisten de una exquisita y suave bruma neblinosa sus 50 minutos, de a ratos dejando colar los haces de luz ochentosos de Bryan Ferry, New Order o Talk Talk e incluso pasajes de jazz y soul. Pop retro y reparador, ideal para disfrutar a solas -de a dos, a lo sumo -, y con un buen trago en la mano.

Por Esteban Sahores

Junior Boys – It’s All True.

 Junior Boys se va poniendo mejor a medida que pasa el tiempo. Creemos que tiene que ver con no haber abandonado su frialdad, los sintetizadores más elegantes y haberles infundido fiesta. Nunca van a hacer un floorfiller, pero han salido lentamente de su inicial estupor para volverse una de esas bandas “electrónicas” con corazón y conmoción. Este disco continúa esa línea y, aunque no hay grandes novedades, se justifica solo por tener un tema como “A Truly Happy Ending”, una oda al fracaso que comienza con la frase “Left alone / I’ll destroy / Almost everything” y sin embargo hace bailar en puntas de pies con su coro de ruiditos robóticos. “Kick The Can”, mientras, es lo más cercano que llegaron a hacer un tema bailable incorpóreo, los fantasmas de aparatos dirigiéndose a la fundidora.  Y “Banana Ripple”, épico tema de 9 minutos que cierra el disco, logra que cada vez que se repita el estribillo sea más eufórico y hermoso.

Por A. G.

The Streets

Computers and Blues

Atlantic

Pasa algo extraño con la música que hace The Streets, el alias plural y callejero del rapero inglés Mike Skinner. Algo extraño, decimos, y tratamos de explicitarlo: la voz, monocorde y casi aburrida que recita frases complicadas totalmente desentendida del fino arte de afinar; las bases, el ritmo: aletargado e indescifrable: ¿es hip hop lento? ¿Es un reggaetón sajón que funciona, como la cerveza tibia, la sopa fría o manejar por la izquierda, a 20 revoluciones por minuto más lento que en el resto del mundo? ¿Es un R&B sin chicas lindas ni versos tontuelos?; y el tercer punto: las letras. Esta música, indescifrable, que hace The Streets, trae consigo algunas de las mejores poesías de la música contemporánea. Historias cotidianas, juegos de palabras (nombrar de la A a la Z todas las letras del abecedario en una misma canción), relaciones dos punto cero (“OMG”: “vi en tu estatus que tenías una relación, un temblor me golpeó”), entre muchas otras ocurrencias. Todo el combo da como resultado este producto tan extraño como recomendable.

Por F.H.

The Pains of Being Pure At Heart – Belong.

Estos muchachitos de melodías sensibles pero hímnicas y corazones desgarrados fueron una de las revelaciones del 2009. Al principio pensamos que su nombre era muy estúpido, pero luego lo aceptamos, como quien acepta a un amigo con cualidades extrañas. Se ganaron un lugar en nuestro corazón porque percibíamos (aunque no entendíamos del todo las letras y éramos muy vagos para buscarlas en Internet) que hablaban de aquellas noches sentados en el patio bebiendo cerveza solos y pensando en alguien. En este disco ya tienen la esperanza del que sale de noche esperando enamorarse. Mucho más pop, más confiado, se escuchan las letras, por momentos suena a una de esas bandas suecas (onda Melody Club) dispuesta a todo por la vida. Es un cambio que suena bienvenido y orgánico y en temas como “My Terrible Friend” directamente exultante y feliz. Un disco para bailar de forma cautelosamente optimista.

Por A. G.

Tyler, The Creator

Goblin.

Tyler, The Creator, jovencito de 19 años, es uno de los talentos de Odd Future Wolf Gang Kill Them All (OFWGKTA) la nueva pandilla de las profundidades del hip hop norteamericano.

Jóvenes, skaters, con una estética entre violenta y jocosa (máscaras, payasos, pantalones bajos y miradas ominosas), hace un par de años comenzaron a subir mixtapes a su tumblr.com, el cual sigue siendo su método primario de distribución.

Este es el último, un Tyler más confiado y ansioso pasa lista a sus temas habituales: muerte, sangre, violación, mujeres, truculencia, amigos, skate. Por momentos parece que canta Punch o Pennywise sosteniendo un cuchillo. Tyler The Creator rappea densamente, como una fuerza malévola. Y también, de a ratos, como un pendejo de 19 años que piensa con el pito.

Quizás en esa inyección de sordidez y de historias reside el interés de OFWGKTA, quienes por otro lado suenan como una banda insurrecta deseosa de sentarse en el trono del hip hop, ese que está hecho de los cráneos de quienes fueron reyes.

Por A. G.

The High Llamas

Talahomi Way

Drag City Records

 

Existe un mundo paralelo –y perfecto– donde habitan los High Llamas, con sus discos etéreos, volátiles, flotadores; con sus canciones que se repiten y, como los buenos cuentos infantiles, nunca, pero nunca, aburren; con sus melodías que evocan siestas perfectas, días de calor con un viento que sopla suave, los pies descalzos sobre el pasto, nubes esponjosas. Un mundo ideal.

Por suerte, desde hace casi veinte años, de vez en cuando tenemos la posibilidad de adentrarnos en ese mundo, al menos por unos 60 minutos, por unas diez, doce canciones.

La última oportunidad se da ahora, con la aparición de Talahomy Way, su noveno trabajo. Y otra vez esas orquestaciones ensoñadoras, esas cuerdas de nylon tocadas con firmeza, esas bases repetitivas, casi mántricas, esa voz clara y aguda, esas reminiscencias de un pasado perfecto. Escuchar un nuevo disco de ellos es como escuchar siempre la misma y perfecta melodía, por los días de los días.

F. H.

My Chemical Romance – The True Lives Of The Fabulous Killjoys.

Reprise

Cuando bailaban como mimos deprimidos con paraguas, jamás nos hubiésemos imaginado que la triste pandilla de Gerard Way iba a producir algo decente. Y aquí están probándonos que estábamos equivocados. El último disco de lo que fue un desfile de muchachos acongojados rezuma velocidad, hipérbole, emoción. Way recondujo el espíritu de sus incursiones comiqueras (el hombre es un guionista bastante decente) en un disco que no da respiro. No es perfecto, por supuesto, es un poco largo, tiene algunos temas donde la voz se vuelve sufrida, melodramática e insoportable. Pero tiene canciones como “Planetary, Go!” y “Party Poison”, rayos laser al cerebro. Y, en el panorama actual del pop, es profundamente positivo: rescata la orgullosa tradición de crear identidades que fue constitutiva del pop desde sus inicios, inyecta una saludable dosis de fantasía y viraliza entre púberes ideario sci-fi y superheróico. ¿Qué más se le puede pedir?

Por A. G.

Posavasos

Prohibida Su Venta

 

Posavasos podría ser otra banda de canciones más etéreas que el aire, pero lo que la diferencia de ellas es que sus integrantes tienen, todos y cada uno, un talento inmenso. La aclaración viene dada por dos cosas: Posavasos comenzó como un proyecto solista de Ferrer, que se volvió infinitamente más musculoso con el agregado de una banda y, por otro lado, sus canciones no parecen provenir de ese espacio indiferenciado en el que acampan la mayoría de las bandas de pop indie actuales: ese lugar donde todas las expresiones de amor y odio son iguales y donde nadie realmente tiene historia. Las canciones de Posavasos hablan de amor, de distancias, de incomunicación, pero con una sutileza que se expresa en grandes letras y en la música que las acompaña, que habita ese territorio en que la melancolía se confunde con la alegría producto de, perdonen el cliché, la experiencia.

 

Por A. G.

Wild Flag

Wild Flag

 

Otra forma de envejecer: en este caso en forma de superbanda, en este proyecto que incluye a miembros de Helium (Mary Timony), Sleater Kinney (Carrie Brownstein) y The Minders (grupo menor de Elephant Six, Rebecca Cole). Y el resultado es sumamente grato: un disco de rock femenino metronómico y melodioso. Por momentos recuerda al rock amenazador y susurrado de Helium, hay instantes más furiosos a lo Slater Kinney y sobrevuela todo el espíritu justiciero de Justine Frischmann (reparación histórica para Elastica cuanto antes). Grandes y decididas voces femeninas llamando a la guerra, un sentido de la melodía que recuerda a las grandes interpretaciones de Moe Tucker, rabiosa e inocente a la vez. Son veraniegas, a falta de otra expresión. Recuerdan a una patineta que se desliza calle abajo, a una bola de cañón en una tarde soleada, a chicas con anteojos de sol tomando limonada en la vereda.

A. G.
 

Tom Waits
Bad as Me

Un nuevo disco de Tom Waits siempre es una buena noticia. Y con esta, ya van diecisiete buenas noticias desde que el hombre con voz de ripio oriundo de Pomona le mostró al mundo Closing Time, allá por 1973. Waits sabe cuál es la receta de su música y, con la tosquedad de un cocinero de bodegón, la repite, infalible: lo más primitivo del blues, lo más oscuro y ralentizado del rock, algo de jazz, algo de cabaret, lo más áspero de una voz áspera, armónicas estiradas, violines y percusión posnuclear; canciones de borrachos, de esperanzados y de derrotados, canciones para todos nosotros.
Los puntos más altos de Bad as Me están en “Talking at the Same Time”, donde Waits sorprende con una voz diáfana y clara mientras Marc Ribot juguetea con la guitarra, o en “Back in the Crowd”, o "New Year's Eve", el himno que cierra el disco: una canción ideal para corear borrachos en un funeral de policía en la ciudad de Baltimore, abrazado a McNulty, rodeado de humo, apestando a Jameson.

por F. H.

 
Yacht – Shangri-La

Dúo de Portland, Texas y Los Angeles, los YACHT (Young Americans Challenging High Technology, una de sus posibles acepciones según su fundador) son Jona Bechtolt y Claire L. Evans. De ser el proyecto solista de Jona, hace un par de años incorporó a Claire, lo cual lo llevó a desarrollar una preocupación cada vez más acusada por la ciencia ficción (es escritora y crítica de la misma) y los ritmos espantosamente corporales como el funk, el synth pop, el mutant disco. Parte Tom Tom Club, parte LiLiput, parte extraterrestre suave y amarillo con dos cabezas, el último disco de YACHT está dedicado al concepto del fin del mundo y a qué podría sucedernos después. En las letras se cruzan el apocalipsis, la utopía y la continuación de la vida en otros planetas, mientras que musicalmente es una gran y continua melange de bajos funk y disco, la particular voz incorpórea pero fuerte de Adams, teclados de todo tipo, inquietud rítmica. Conceptualmente y musicalmente, es un disco perfecto.

por A.G.