El 4D que no fue

Se estrena la cuarta parte de Mini espías en Argentina pero sin la tecnología 4D Aromascope con la que se pudo ver en contadas partes del mundo. ¿Nos perdemos de algo?

 

Nota publicada en la edición impresa del número de enero/febrero de 2012.

 

Con la tecnología 3D definitivamente instalada en la industria cinematográfica y en el horizonte de expectativas de los espectadores, cualquier producción que pretenda presentarse al mundo como un quiebre en materia tecnológica deberá dar algún paso más y romper la barrera hacia la cuarta dimensión. Hasta hoy la experiencia del cine 4D consistía en salas especialmente acondicionadas que proporcionaban al espectador una experiencia sensorial a través del movimiento de la butuca, efectos de lluvia, niebla y ciertos aromas en el aire. Sólo unos pocos films como Avatar y El extraño mundo de Jack tuvieron sus versiones en esta clase de salas que por ahora sólo funcionan en Corea del Sur, Estados Unidos y México. Estos contados casos dejaron al 4D bien lejos de convertirse en una práctica masiva.

 

¿Cómo hacer entonces para dotar de algo del espíritu del 4D a un film que debe conquistar audiencias en todo el mundo? Los productores de la saga Mini espías encontraron una forma de hacerlo que, si bien no llegará a conocerse en todos los países, marcará la cancha en el camino hacia el cine 4D. Para la cuarta entrega de este film de acción orientado al público infantil -dirigido por Robert Rodriguez- se utilizó la tecnología Aromascope que permite al espectador percibir aromas durante la proyección. La técnica que se utiliza es sumamente sencilla: al ingresar a la sala el espectador recibe una tarjeta con ocho casilleros numerados. Cuando en la pantalla se lo indican, el espectador debe raspar cada uno de esos casilleros, sentir el aroma que despiden y asociarlo a lo que está viendo. 

 

A simple vista esta práctica poco tiene de futurista. En su afán por colgarse la etiqueta 4D se recurre a una técnica mucho más acorde a los juegos de lotería que a la experiencia cinematográfica. Lejos de dejarse llevar por las sensaciones y entregarse con todos los sentidos a la trama -tal sería el propósito del 4D-, quienes asistieron a las proyecciones en Estados Unidos de Mini espías 4 debieron estar atentos al momento de raspar sus tarjetas para sentir aromas a panceta, caramelo, vómito y pañales de bebé usados. Al margen de la gracia que pueda hacerle al espectador percibir estos olores durante la función, la tecnología de las tarjetas “raspá y ole” en las salas de cine ni siquiera constituyen una novedad. En el año 1981 el director John Waters implementó el mismo sistema para su film Polyester. Y desde entonces nadie había seguido su camino. 

 

El estreno en Argentina de Mini espías 4 está programado para febrero o marzo de este año pero sin la tecnología 4D Aromascope. Según explicaron desde la distribuidora Energía Entusiasta, hubo complicaciones a la hora de hacer ingresar las tarjetas aromáticas al país. Así como en muchos casos las restricciones a las importaciones pueden dar lugar a un retraso tecnológico, en el caso de Mini espías a lo mejor esto deba ser recibido como una bendición. Probablemente los fanáticos de las nuevas tencologías aplicadas al cine prefieran esperar el tiempo que haga falta alguna forma más desarrollada de cine 4D. Por lo pronto, Mini espías 4 no depende de esta tecnología y se sostiene al igual que sus versiones anteriores en una trama súper efectiva para el público infantil, actores reconocibles para todos -Jessica Alba y el protagonista de la serie CommunityJoel Mc Hale- y efectos 3D de gran calidad. Liberada de la presión de romper el molde tecnológico, la película se constituye como un efectivo entretenimiento que no tendrá problemas para encontrar su público en las salas de cine de la Argentina.