El ilusionista

Corría el año 2000 y nacía la distribuidora de cine de arte Zeta Films con su primer y único estreno de ese año, La Promesa, convocando a un poco menos de 5 mil espectadores. Años más tarde, cerraba el 2010 con siete estrenos y casi 120.000 espectadores. Carlos Zumbo responde sobre el crecimiento de su empresa y sobre el difícil arte de distribuir “cine difícil”.

Sos abogado de profesión y actualmente docente universitario ¿Cómo fue que se te ocurrió incursionar en la distribución de cine de arte internacional?

Siempre me gustó el cine y el tema de la distribución, algo a lo que tuve acceso de chico a través de la revista Heraldo del Cine, que trataba todo el tema de la distribución y las cifras y demás. Siempre me quedó un poco el tema ese dando vueltas y dije ¿por qué no dedicarme a eso que me apasiona?, traer películas que acá no se pueden ver. Se me fue ocurriendo la idea y en un momento determinado cambié, dejé un empleo que tenía en el Estado con un retiro voluntario y con eso puse mi empresa.

Te diste a conocer como un distribuidor prudente, que estrenaba muy poco y  espaciado material y con lanzamientos extra calculados. Pero tus aciertos de puntería te fueron llevando a tener cada vez más material. ¿Cómo lidias con este proceso de crecimiento tuyo? ¿Hasta qué punto te condiciona tu manera de hacer las cosas, tal como te las planteaste al empezar?

Ahora en este contexto hacemos lo que podemos, lo que pasa es que el negocio así en forma aislada no sirve para mantener la estructura, entonces hay que tener cierta continuidad de estrenos y demás. Ahora, la dificultad está en los pocos espacios que existen para colocar nuestros estrenos.

Hay otro problema básico que es que hoy hay muchas dificultades para que la gente se concentre en una o dos salas para ver una película, lamentablemente ese hábito se ha perdido y eso también condiciona mucho. No hay forma de que yo estrene una película en una o dos salas y que haga una cantidad de público que pueda cubrir los costos. Eso ocurría hace cuatro o cinco años, ahora ya no ocurre, es muy difícil.

 

Las distribuidoras norteamericanas tienen el poder principal a la hora de decidir la programación anual de los cines argentinos. ¿Cuál es el margen que tenés para delinear tu business plan? ¿Tenés algún tipo de diálogo con ellos?

Salvo con algunos colegas con los cuales tengo amistad, no se habla. Yo armo mi esquema en función a determinadas circunstancias. Por ejemplo, la presencia en el BAFICI de dos películas que tengo hace que las estrene apenas termine el festival. Eso me marca el calendario y por eso voy a estrenar después del BAFICI la de Apichatpong Weerasethakul, El Tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas, y Le quattro volte, de Michelangelo Frammartino.

¿Y con los exhibidores multipantalla? ¿Cómo es el diálogo?

El diálogo es dificultoso porque tienen mucha reticencia a mostrar nuestro material. Algunos son más receptivos, otros menos, con los más receptivos trato de colocar la mayor cantidad de material posible. Y en el mejor estándar de calidad de proyección y de comodidad: tengo que tener en algunas pantallas de este tipo las películas porque hay determinada gente que si no, no va.

El cine de arte depende de un tacto particular. ¿Tenés algún criterio en particular a la hora de comprar una película?

Primero me tiene que gustar a mí y después tengo que pensar si la película va a tener una buena recepción acá, simplemente eso. Pero tratamos de trabajar con material europeo; el público es poco receptivo, por ejemplo, al material latinoamericano.

 

¿Qué películas te rindieron más en términos comerciales y cuáles menos?

Los estrenos que más rindieron fueron La pivellina y La cinta blanca, recientementeEl ilusionista. Y las decepciones más grandes, Yuki y Nina y La mentira, el último estreno.

 

Vos das el premio BAFICI. ¿Obtenés algún subsidio por estrenar la película ganadora? ¿Qué tipos de subsidios hay para la distribución? ¿Sirven?

Siempre estamos hablando de subsidios de afuera. Para ese lanzamiento en particular, como cualquier otro, puede haber alguna ayuda moral, de prensa, pero ayuda económica no y no creo que ocurra.

Yo tengo subsidios de Europa (a veces vienen de los institutos de cine de cada país, a veces del instituto de la Unión Europea) para varias películas y justamente uno de los problemas que tenemos es que se fueron recortando desde el año pasado. Me denegaron subsidios por un par de películas que yo había pedido muy a último momento. Yo tenía una previsión de un negocio y el subsidio se me esfumó a una semana de los estrenos, con lo cual yo no puedo preever. El achicamiento en Europa está produciendo esos problemas acá. O sea, cómo yo puedo planear un negocio de acá a un año si no sé si voy a contar o no con un subsidio que para nosotros es imprescindible. Porque te digo que varias películas que estrenamos de las europeas, con el subsidio dieron ganancia y sin el subsidio, pérdida. La recaudación en cine y en DVD acá no alcanzaba para cubrir los costos. Está cada vez más complicado.

 

En Diciembre fuiste pionero en la distribución independiente local al estrenar El Ilusionista en copias digitales. Sin embargo, las salas de los grandes complejos, monopolizadas por el 3D, te obligaron a hacer varias copias en 35 mm. Liliana Mazure afirmó hace poco que quiere digitalizar más salas. ¿Cuáles son tus expectativas con que dicha situación cambie?

Justo estoy evaluando si vale la pena traer en digital Le quattro volte, si alguien me va a dar algún resquicio para estrenar la película en ese formato.

Muchas expectativas no tengo, porque siempre son muy lentos los cambios positivos. Pero bueno, esperemos que en algún momento ocurra.

Muchos se preguntan qué sentido tiene seguir estrenando cine independiente en las salas. ¿Tenés pensado apostar en el corto o mediano plazo a otras ventanas, como el cine online?

Mirá, esas ventanas no creo que representen mucho.  Por ahora, en la medida en que la gente vaya a los estrenos vamos a seguir apostando a eso. La prueba es la cantidad de público que fue a ver El ilusionista, 24 mil personas, que me parece una buena cifra.