El Zuar de la comedia

Acaso esta entrevista a Adrián Suar, con motivo del estreno de Igualita a mí, venga a saldar una de nuestras mayores cuentas pendientes como revista de cine. No sólo porque es tal vez el máximo exponente del cine argentino comercial, sino también porque es uno de los más poderososplayers de todo el medio, con todo lo que eso implica. Aquí responde sobre uno y otro tema.

 

Hace rato que HC quería entrevistar a Adrián Suar. Los quince años de esta revista coincidieron con aquellos en los que el pequeño actor de Pelito armó una productora que cambió la TV, se convirtió en el director de programación que le devolvió el liderazgo a Canal 13 y se consolidó como el productor de cine comercial más determinante del país. La aglomeración –polémica para muchos- que conforman Pol-ka, Patagonik, Cinecolor y el grupo Clarín, es sin duda la más poderosa del medio del cine y pareciera que cualquier producto que toca está condenado al éxito. La muestra más cabal fueron los casi un millón quinientos mil espectadores que pagaron la entrada para ver Un novio para mi mujer. Sin embargo, cuando Suar se dispone a hablar de Igualita a mí, de inminente estreno, se muestra tan perplejo como cualquier debutante.

Un novio para mi mujer tenía grandes momentos y otros más desparejos. Tal vez con ésta suceda lo mismo. Porque las películas cuando pasan al cine, cuando se proyectan, cobran vida. Y ahí se terminan de redondear. No lo sé”.

 

Un novio para mi mujerfue un batazazo de público. Me gustaría saber tu apuesta íntima en la taquilla con Igualita a mí.

Creo que va a arrancar muy bien, le tengo fe. Pero no se sabe. Tampoco imaginaba que iba a pasar lo que pasó con Un novio… Ni en pedo. ¡Metió un millón y medio! Lo que pasa es que cuando uno dice “metí setecientos mil espectadores”, parece flojo, pero es una bocha. Yo tengo la expectativa de que supere las setecientas mil.

¿Calculás menos porque es otro momento o creés que las características de la película son distintas?

Es otro momento. Pero lo de Un novio… fue un joker, y los jokers vienen cada tanto. Se alinean los planetas: la competencia, el boca a boca funciona mejor, hiciste mejor comunicación… Hay muchos factores que hacen que una película funcione mejor que otra.

¿Cuál considerás que fue el factor decisivo?

Yo creo que la gente se identificó mucho con Valeria Bertucelli. La Tana Ferro, en el boca a boca, fue increíble: “A esa la conozco, a esa la conozco”.  Y también: “Conozco a un flaco que dice ‘por favor, sacámela de encima que no me la fumo más”. Entonces eso genera mucha empatía con el espectador. Es algo que está en la calle, que está en la familia, que está en la casa. Con esta no sé qué va a pasar. A mi me divirtió el disparador de un tipo que tiene 41 años, que no puede parar de salir a la noche y que está desfasado. Y cómo ese mundo se le desarma, cuando de pronto se transforma en papá y en abuelo, que es el otro extremo. Ahí hay película.

Entiendo, pero dado tu gran porcentaje de aciertos, es interesante entender cómo pensás un nuevo producto. ¿Por dónde empezás? ¿Por los actores? ¿Por la trama? ¿Por el target?

Es una mezcla de todo. Pero básicamente es una corazonada. Primero me tiene que aparecer un mundo. O un actor que yo lo veo para tal personaje y ahí se me empieza a armar un rompecabezas en mi cabeza que comienza a funcionar. En Un novio para mi mujer me daba mucha gracia el disparador de que él se la quiera sacar de encima. Y empezamos a armarla con Pablo Solarz y con Juan Vera, pero después de un año y pico, porque arrancamos por otro lado y en un momento recuperamos esto y se terminó de armar. En esta película me interesaba lo bizarro de esas situaciones reales que pueden estar corridas. Un tipo de la noche que cree que está muy bien y a este quilombo sumarle un conflicto fuerte. Pero la verdad es que ya tenía un tema este hombre, porque se tiñe el pelo, no tiene vergüenza. Eso es ridículo, y eso me arma algo. Creo que lo principal es el personaje; con un buen personaje podés armar una historia. Al revés, es difícil. Y después es laburo, estuvimos un año laburando el guión con Juan Vera y Daniel Cúparo.

¿Cuáles son tus obsesiones cuando laburás el guión? ¿En qué cosas son las que más insistís?

En mi cabeza hay ciertas reglas, no vale cualquier cosa. En función del humor y la comedia, me pueden gustar situaciones absurdas y políticamente incorrectas llevadas al extremo, pero si no hay verdad no va. El cualquier cosa, me neurotiza un poco.

¿Qué referencias de otras películas tenían en la cabeza?

Aromas de películas, sobre todo. Esta película la podría hacer Adam Sandler o Ben Stiller o Steve Carell. Me siento identificado con el tono, ese estilo de humor donde se pueden ir al carajo, pero es a cara de perro.

Sin embargo, esa comedia americana que mencionás se permite ser mucho más políticamente incorrecta que lo que acá se permite la comedia popular.

Totalmente. Nosotros somos un país así. Pasa también con los actores. A mí me gusta arriesgarme, pero muchos prefieren cuidar un lugar. El otro día vi I love you Phillip Morris (Una pareja despareja), que me pareció extraordinaria. Jim Carrey se anima a un papel arriesgadísimo, con escenas en joda sobre la homosexualidad, el SIDA y la muerte, que de hacerse acá se haría una manifestación de protesta en la 9 de Julio.

En ese sentido, la dos películas tuyas de las que estamos hablando, eligen también ser amables con el espectador, anticipando ciertas sorpresas, de manera que éste pueda participar de lo que está por pasar. Me refiero a momentos como el de la noticia que les da el médico, o en la escena en que Aylín, el personaje que interpreta Bertotti, le está por anunciar que cree que él es el papá. Me parece un recurso más popular que el de, por ejemplo, Jim Carrey teniendo sexo en un primer plano que se va abriendo mientras dice: “Ah, me olvidaba, soy gay, muy gay” y vemos que está detrás de un tipo de grandes bigotes.

Es verdad, de todas maneras me parece que tiene que ver con el género de las comedias blancas. Igualita a mí tiene sus momentos de “incorrección” pero no deja de ser una comedia blanca, para toda la familia. A pesar de alguna escena como la que el padre besa en el cuello a la hija o cuando Freddy está con la Bunda (Claudia Fontán) y le agarra la nuca y le baja la cabeza, creo que el público a partir de los quince años le puede entrar sin problemas a la película.

El personaje de Freddy implica por primera vez, más aún que En un novio para mi mujer, hacerte cargo de que ya no sos un pibe. ¿Cómo te ves vos en ese sentido en la pantalla?

Me divierto mucho, pero también es cierto que yo nunca fui un galán…

Las películas que hacés son grandes éxitos, pero en general son productos de cabotaje. ¿Te conformás con eso?

Es cierto, aunque a Un novio para mi mujer le fue mejor en las ventas internacionales. Pero bueno, no me puedo poner un traje que no tengo. No puedo hacer que soy alguien que no soy, ni hacer cosas que no siento para estar en lugares distintos. Pero ya va a pasar. Creo que es parte de un proceso.

Porque no caben dudas que con los recursos que contás podrías contratar directores instalados internacionalmente.

Sí, bueno, con Campanella hemos estado metidos con el Hijo de la Novia, por ejemplo, y ahora de alguna manera con Carancho, la última de Trapero.

¿Participás de las decisiones de las películas que distribuye Buena Vista?

Participo cuando me quieren escuchar, pero no es mi rol.

Cierto sector de los productores de cine considera que la ley de fomento del cine (y sus créditos y subsidios) deberían ser para las productoras independientes (o sea, que no tengan relación con canales de TV y sus accionistas internacionales). ¿Cuál es tu posición?

Me parece que el Instituto tiene que apoyar a los que sueñan con hacer sus películas. Pero también es cierto que hay un 30% -no el 70%, como dicen algunos- que sólo dan vuelta por los escritorios y no les importa meter espectadores. Eso no es cine. Por otro lado, muchas películas ponen segundos en la televisión y páginas en Clarín, pero con eso no alcanza, eso no mueve la aguja. Si la película no le gusta a la gente… Pero hay una nueva generación que le está picando el bichito de meter gente en el cine. Cuando empezás a meter gente, es una linda sensación. Taratuto, Szifrón, Trapero, Rodrigo Moreno…

¿Y no creés que una productora como la tuya debería arriesgar sin necesitar los subsidios estatales?

Sí, lo que pasa es que hay que tener más cuidado. Porque cuando te ponés a hacer los números finos, una productora con 40 empleados, que paga todo por derecha, que intenta hacer dos películas para que vaya la gente, tiene un punto de equilibrio por película de 500 mil espectadores. Y si no llega a eso, no puede seguir haciéndolas. Yo creo en la honestidad de Liliana Mazure, y no tiene que ver con ella, pero muchos productores no hacen ningún tipo de cálculo de este tipo porque no les interesa, ya que el negocio les pasa por otro lado. 

La Leyde servicios audiovisuales contempla una cuota de pantalla para TV. ¿Estarías dispuesto a programar cine argentino en canal 13?

Por supuesto, me parece perfecto y me comprometo. No cualquier cosa pero estoy dispuesto a cumplir con eso.

¿Cómo mide el cine nacional?

Mal. Cuatro, cinco puntos puede llegar a medir, y no estoy hablando de Un novio para mi mujer ni de El Hijo de la Novia. Perono importa. Tal vez no las pondría un lunes a la noche, pero si un sábado o domingo.

Hablás bien de Liliana Mazure y de la Ley de Medios, pero sos socio de Clarín. ¿Cómo te ubicás en el gran debate nacional entre el Gobierno y el Grupo?

Yo opino lo que me parece, desde el lugar que ocupo. Y desde este lugar te digo que no es cierto que la Ley de medios va a traer más trabajo. Es una cuestión de mercado, es el lugar que hay y lo veo día a día. Claro que si empiezan a gastar lo que no tiene sentido, puede ser. Con “Fútbol para todos” pasa eso. Si yo te digo que cada capítulo de una miniserie cuesta 500 mil pesos, hay algo raro. Yo sé lo que cuestan las cosas. La verdad es que lo encuentro demagogo. No le creo a los Kirchner, la verdad es que no les creo. Cuando ves que se quieren quedar ocho años, y después ocho años más, me hace acordar a otra cosa… Pero el país es así, cada uno que entra le explica al anterior cómo son las cosas. No podemos tener un proyecto, una idea de qué es lo queremos hacer como país, como Brasil y Chile.

¿Como comunicador que sos, no coincidís en ciertas críticas que le hacen a Clarín y sus tapas y titulares, así como también la idea de la Ley de Medios de limitar los monopolios? 

Mirá, del diario Clarín no te puedo hablar mucho porque no estoy ahí, pero sí del canal. Y la verdad es que acá entran y hablan todos, lo cual no se puede decir lo mismo en canales o programas afines al Gobierno. Por otro lado, el que termina definiendo es el espectador. Si no le gusta, agarra el control remoto y te saca. En cuanto al monopolio y la concentración… mirá: yo hice mucho psicoanálisis, y creo que el Gobierno habla tanto de eso porque en realidad es lo que les gustaría hacer a ellos. Y está claro que no es lo mismo un privado que el Estado…