Excursiones sonoras

Ezequiel Acuña no sólo es el director que probablemente mejor musicalice sus películas. También conduce un programa de música en radio, hace videoclips para bandas, produjo recitales y montó dos sellos discográficos, además de haber estudiado música y formado (y disuelto) su propia banda, Regency Club. Pergaminos suficientes, creímos, para proponerle al director de la notable Excursiones que eligiera sus discos favoritos del año.

Películas caseras, La ola que quería ser chau. (LAPTRA)

Ellos andan descalzos por el escenario y son adolescentes por donde se los mire: ropa, peinados, miradas, formas de caminar. Una banda rara cuyos integrantes se transforman cuando suben al escenario y pasan a ser como aquella ola de El otro yo (la que nos tapa a todos). Con un buen guitarrista, una bajista que canta de una manera hermosa, una baterista que toca con alma y vida, y un cantante inquieto que no para de tirar ideas con su instrumento prometen ser otra gran sorpresa.


Viva elástico, Viva elástico. (TRIPLE R)

Desgarrador, depresivo y visceral. La voz de su cantante, Alejandro Schuster, parece dejar alma y vida cuando canta: "quiero ser feliz bajo el sol/ sólo importan los momentos/ quiero sumergirme en el mar para no sentir el tiempo”, dice en "Me voy".
El resto del disco tiene el mismo nivel de calidad. Es guitarrero y desprolijo, pero potente. ¿Ejemplos?: "Imágenes de amor", "Somos todos felices” o “Complejo adolescente”, en la que hacen un resumen generacional: “… si no te llamo es porque necesito sentirme popular/ ¿ok?,  llámame vos …”. Canciones donde la calma es un mar pero en un día tormentoso. Gran sorpresa.

Sólo un momento, Vicentico. (SONY MUSIC)

El disco más maduro, reflexivo y melancólico del ex Cadillac. Quedaron atrás los instrumentos de vientos y los ritmos caribeños, aparecieron las baladas con acústica a lo Nash o algún tema más rápido y más rítmico a lo Creendence. 
Todo explota cuando Vicentico se pone el disfraz de crooner, le saca brillo sixtie a “Sabor a nada”, homenajea  a Luca Prodan (en “Luca”) sin nombrarlo, o regala en “El pacto” un encuentro darkie entre dos personas marcadas


Clinging to a scheme, The Radio Dept. (CASA DEL PUENTE)

Esta banda sueca tenía un tema que se llama "Your father" que lo escuché hasta el cansancio. También había una canción de ellos en el soundtrack de María Antonieta. Bueno, acá siguen en la misma: entre artesanales y soñadores (“dream pop” lo llaman los genios de la crítica) en su sonido, e hipnóticos, cálidos y casi enfermos de una melancolía de la que no pueden curarse, regalan hermosas sensaciones, como “Heaven ‘s on fire”. También tocan “El techo de mi cuarto” en “A token of gatitude”: como en aquel tema de los Jaime sin tierra, acá alguien deja un mensaje de voz en castellano pidiendo que Natalie llame; acto seguido, irrumpe un piano... y con este, la sensación de cortar el teléfono, mirar la lluvia y abrazarte a alguien con un tazón de café con leche.


Quarantine the past, Pavement. (ULTRAPOP)

Los auténticos decadentes del rock volvieron con un grandes éxitos ideal para revivir la imagen de una habitación adolescente llena de camisas. Recuerdo sus videos donde eran capaces de burlarse de Oasis, Stone Temple Pilots y de los Smashing Pumpkins al mismo tiempo (en “Range life”) o de compartir las pechugas de un pollo sentados en un barranco y disfrazados de Papa Noél. El grupo claramente (y acá hablo del recital que dieron en La Trastienda en Noviembre) se compone de dos bandos:  Malkmus es una especie de Beto Alonso, desgarbado, con look glam, que se pone la guitarra de sombrero pero que a la vez toca para la tribuna y tiene aires de ser medio pecho frío; del otro lado están los cuatro jinetes,  encabezadas por Nastanovich, que grita, toca la percusión, parece sacado de una comedia americana, y, bien tribunero, en un acto generoso, luego de pagar sus deudas de juego, regala unas cuantas cervezas al público.


Broken record, Lloyd Cole. (INDEPENDIENTE)

Disco de viaje, acústico, folkie: para mirar por la ventana del micro los kilómetros de campo y campo que hay en nuestras tierras. Un disco también para encontrar la calma de la noche. Alguien habló de un estilo a lo Jeff Tweedy. Pero acá no hay tanto ego como en el cantante de Wilco; se trata más bien de una luz de esperanza en un atardecer. Como en “Writers retret!” o en la elegante y bella “Oh Genevieve” (casi de campiña francesa). Cálido y generoso.


 

Cuatro discos elegidos que quedaron fuera de la lista:
 
IrrompiblesLos auténticos decadentes (TOKA DISCOS)
 
Creo que te amo107 Faunos (LAPTRA)
 
Una opera egipciaLos planetas (SONY MUSIC)
 
Dos mentes son el mundoLa foca (INDEPENDIENTE)