FX made in Argentina

Posibilidades y límites de un oficio tan tradicional como frecuentemente poco recordado en el cine argentino. Cómo es la industria local, qué trabajos se requieren más, el rol del INCAA en la apuesta para financiar films de género, las aparentes amenazas del cine digital y la postproducción y más en esta nota.
El equipo de FX Stunt en acción.

Nota publicada en la edición impresa del número de julio.

 

 

A primera vista, pocas cosas parecen estar menos ligadas al cine argentino que los efectos especiales. Disparos, colisiones, sangre y seres monstruosos no son elementos que el espectador medio argentino buscaría dentro de su filmografía nacional. Pero en una mirada más atenta, prestando algo de atención al momento que vive el cine local -y a conciencia de la variedad de requerimientos de una producción cinematográfica- se entiende perfectamente por qué hoy existen en el mercado tantas empresas que proveen servicios de efectos especiales. A profesionales que desde hace más de veinte años transitan este particular mercado, se han ido incorporando progresivamente nuevos emprendimientos, más o menos formales, que se ganaron su lugar, ya sea trabajando a la par del Nuevo Cine Argentino -donde paradójicamente pareciera que no hay efectos especiales-, con la cada vez más pujante oleada del cine fantástico y de terror, o bien respondiendo a la demanda que afortunadamente también llega desde la televisión y la publicidad.

 

El de los efectos especiales es un universo bastante amplio en el que se cruzan artistas plásticos con pequeños kamikazes y estudiosos de fenómenos físico-químicos. Para desentramar esa maraña de capacidades es fundamental conocer las diferentes ramas que hacen al trabajo en efectos especiales. Una de las áreas más representativas es la que se circunscribe a las escenas de acción -con dobles de riesgo incluidos-, donde ocupa un lugar central la empresa FX Stunt Team (ver aparte). Si bien se trata de uno de los jugadores de mayor envergadura dentro de los FX argentinos, tampoco podría decirse que sea el pionero en el rubro. Ese título le cabe mejor a FX Argentina, empresa que ha atravesado más de 25 años de cine argentino, desde las comedias familiares con Guillermo Francella y Emilio Disi, pasando por los éxitos de los 90 de Marcelo Piñeyro, hasta las más recientes La Antena o Zenitram. “Tenemos dobles de riesgo, alquilamos armas, desarrollamos todos los sistemas de cámara para autos y helicópteros -enumera su fundador, Tom Cúndom-. Eso es  lo más característico y lo que nos identifica, pero nadie se imagina que detrás de un suave humo, una brisa, un cabello que se mueve, un vidrio que se rompe o una tormenta, también hay un efectista”.

 

Tanto los efectos de acción mencionados en primer lugar como estos últimos más climáticos, pertenecen a lo que internamente los profesionales llaman “efectos físicos”. Piromanía FX es una empresa medianamente joven que si bien se especializa en escenas de acción, entiende que en nuestro mercado esas no son las que más abundan. Por ende también hacen películas en donde no hay un solo tiro. Su capacidad para trabajar en ambos sectores de la industria le permite elaborar una concepción más amplia de  lo que son los efectos especiales. “Los FX son una herramienta que tienen los directores para poder contar en la historia situaciones que naturalmente no se pueden filmar –define su representante, Lanfranco Burattini-. Nosotros encaramos cada efecto como un problema a solucionar. El director tiene que hacer que se vea real una situación y nosotros se lo solucionamos. Si engañamos a la cámara, el efecto está bien hecho. Si no, el espectador lo nota y se rompe la magia.”

 

Piromanía FX ha trabajado con gran parte de los directores del NCA (Trapero, Rejtman, Llinás, entre otros). Sin embargo no puede haber mejor noticia para ellos que la apertura en el criterio de selección del INCAA para apoyar, no sólo a películas de autor, sino también a films de género como el policial o el terror. Precisamente bajo el ala del cine de terror se abre otra rama de los efectos especiales asociada al maquillaje protésico y a la construcción y manejo de materiales. La empresa Rabbid EFX, que recientemente trabajó en Aballay y Fase 7, y que en la actualidad colabora estrechamente con Farsa Producciones (ver aparte), se especializa en este segmento específico del FX tanto para producciones locales como extranjeras. Su trabajo tiene un fuerte componente experimental en el que se mezcla el conocimiento técnico y la imaginación. “Para una película como La última entrada, hicimos casi veinte tomas de efectos -detalla su equipo-. Había efectos de todo tipo: atravesamientos de pecho, vísceras, prótesis de cuerpo entero, réplicas, caracterizaciones, amputaciones, etc. Había una escena en particular donde el personaje era arrastrado por sus propias vísceras, las cuales cobraban vida y se enredaban en una silla para mostrar finalmente una cara entre los cúmulos de carne. Sólo este efecto fue partido en cuatro secuencias y seis realizaciones distintas”. A pesar de semejante despliegue, este grupo de trabajo prefiere no exagerar sobre el rol de los efectos especiales dentro de un film: “Una buena historia con malos efectos puede funcionar, pero no al contrario. Los efectos están para potenciar visualmente la narración, para agregar interés visual a la historia. En el caso de los maquillajes protésicos, ayudan mucho a los actores a componer sus personajes.”

 

La imaginación al poder

 

Pero por más fantasía que puedan agregar a los films, los efectos especiales no dejan de funcionar como una industria y como tal tienen que buscar la forma de subsistir en contextos que no siempre le son favorables. CN Acción, responsable de películas como Leonera y La Sangre Brota, es una empresas de efectos especiales, dobles de riesgo y gripería (puesta de cámaras en distintos elementos y superficies), que encontró en el trabajo en cine y televisión un ámbito propicio para desarrollar choques, saltos al vacío, prendidas fuego de dobles, atropelladas y vuelos a gran altura. Su director, Christian Souto, es otro apasionado de los FX, pero no puede dejar de reconocer la importancia de la variable económica para llegar a buenos resultados: “Contar con un buen apoyo económico nos da armas y tiempo para realizar los efectos tal como los soñó el director. En Argentina, muchas veces nos vemos obligados a igualar el efecto de empresas extranjeras pero usando lo básico o redoblando la inteligencia para bajar costos”. Desde la otra punta de la industria de los efectos especiales, los profesionales de Rabbid EFX abonan a esta idea: “En países desarrollados los estándares de calidad son muy elevados y para nosotros es muy difícil competir con ellos. El desarrollo que presentan son consecuencia de una especialización extrema donde cada integrante es el mejor en su área y estas áreas son menos abarcativas y más específicas”. Por su parte, el experimentado Tom Cúndom parece haberse acostumbrado a los contratiempos de hacer FX made in Argentina: “El mercado es fluctuante, con períodos largos de baja actividad. La carrera de los efectos es de continua resistencia y no de velocidad. Hay mucha diferencia presupuestaria respecto a los países centrales. Y no creo que mejores ideas puedan corregir ese defasaje: nuestra imaginación o creatividad pasa por mostrar en imagen aquello que otro tiene como idea”.

 

De cualquier modo, ser argentinos no es el único desafío para los profesionales de los efectos especiales locales. El futuro y sus imparables avances tecnológicos proponen cada día un nuevo estado de situación al que de algún modo hay que adaptarse. “El paso del fílmico al HD ha cambiado la sensibilidad frente a los efectos especiales -observan en Piromanía FX-. El HD es más difícil de engañar que el 35mm. Esto ha obligado a  trabajar más en detalle y con mayor prolijidad. El uso del 3D también obliga a pensar los FX de modo que se pueda apreciar mejor la profundidad. Es decir, nosotros hacemos FX para la cámara, lo cual hace que el conocimiento de la evolución de la misma sea fundamental”. Sin embargo, el mayor cimbronazo para la industria de los FX lo están provocando las cada vez más modernas técnicas de post producción para generación de efectos visuales. La pregunta que rodea este asunto es si se puede pensar en los efectos de post producción como competencia o complemento del FX tradicional. Para los integrantes de Rabbid EFX, la alianza es positiva, al menos en el nicho que a ellos les toca: “En el caso de los efectos de acción como fogueo, eyecciones de sangre o explosiones, sí puede sentirse la amenaza de lo digital, ya que puede resultar más económico, flexible y controlable. En cambio, los efectos de laboratorio que hacemos nosotros no se ven tan comprometidos, sino beneficiados o complementados. Procuramos que algunos sectores de las prótesis estén maquilladas con verdes saturados, para que luego sean trabajados como croma en post producción”. Desde Piromanía FX, admiten la pica entre las dos formas de generar efectos visuales pero entienden que, si no hay excesos, se puede llegar a una sana convivencia entre las partes. “Reconozco que hay varios chistes internos entre la gente de FX físicos y los de FX de post producción: “Combatiendo el Digital” fue una frase que popularicé hace tiempo. Pero realmente no creo que haya competencia. Los FX digitales definitivamente suman. Cuando hay un abuso del uso de ellos se nota y es el peor pecado de un FX. Nosotros tenemos que pasar casi inadvertidos. Que el espectador no se dé cuenta cómo se hizo, y crea que eso efectivamente pasó. Como en la magia, todos sabemos que Copperfield no vuela, pero durante su acto, todos queremos creerlo”.

 

 

 

Federico Cueva, presidente de FX Stunt Team

 

“Los que hacemos cine, siempre preferimos filmar”

 

 

Desde hace 23 años, Federico Cueva investiga, desarrolla y produce las más arriesgadas escenas de acción. Su empresa se constituye como el mainstream de los efectos especiales en Argentina. Sus medallas incluyen la escena del estadio de El secreto de sus ojos y las partes más explosivas de Torrente.

 

¿Cuál es el alcance de tu concepto de los efectos especiales?

Los efectos especiales incluyen todo lo que sale de la normalidad dentro de una producción cinematográfica. El paradigma es lo que tiene que ver con pirotecnia y armas, pero incluye más cosas como los efectos mecánicos, los efectos climáticos o los efectos especiales de maquillaje. Hay una anécdota en este negocio que cuenta que uno de los efectos más difíciles de conseguir en Jurassic Park -por un tipo que tiene muchos Oscars llamado Michael Lantieri- fue la vibración en circulo del vaso de agua que está sobre la camioneta cuando se acerca el tiranosaurio. Fue lo más difícil de la película.

 

¿Cuáles fueron las técnicas que introdujo tu empresa en Argentina?

En los 80 se empieza a desarrollar en Estados Unidos equipamiento técnico para que el doble de riego pueda hacer cosas inhumanas, reduciendo los riesgos para él y el equipo. Y en Argentina todo era muy sui generis todavía, muy improvisado. Nosotros tratamos de traer toda la técnica americana, el state of the art de los efectos y los stunts. Esa diferencia se empezó a ver acá con nuestros trabajos en Poliladron para televisión y en la película Comodines

                                                  

¿Cómo se pasa de crear efectos especiales a diseñar integralmente escenas de acción?

Uno tiene que dar el servicio que cada producción y cada director necesita. Nosotros tratamos de trabajar los más cerca posible del director. Y algunos directores te piden que te hagas cargo de todas las escenas que tienen acción, es lo que pasa con Santiago Segura. A mí me tocó dirigir la segunda unidad de Torrente II, III y IV. Eso te ayuda a crecer porque vas trabajando de la mano con la producción y con el director para desarrollar más grandes y mejores escenas.

 

¿Qué aporte pueden hacer las nuevas técnicas de post producción a la industria de los FX?

 

Creo que las buenas son muy caras. Para hacer King Kong o Transformers necesitás 200 personas de efectos visuales trabajando durante dos años en una película y eso es algo que sólo lo puede soportar un presupuesto americano. Y creo que además la imagen generada tiene algo que todavía no te termina de convencer. Los que hacemos cine, siempre preferimos filmar. 

 

 

 

 

 

Pablo Parés, de Farsa Producciones.

 

“Hoy buscás tutoriales en Internet y podés hacer lo que quieras”

 

 

La productora insignia del cine fantástico y de terror realiza desde hace más de 15 años sus propios FX. Además de dirigir, producir y guionar, Pablo Parés realizó de manera más o menos artesanal -junto a Walter Cornás- los sangrientos efectos visuales de toda la filmografía de Farsa.

 

¿Cómo era hacer efectos especiales cuando empezaron con Farsa?

Lo más interesante es que en aquel momento casi no había Internet. Hoy buscás en Internet y tenés tutoriales para hacer sangre, para maquillar un zombie, para lo que quieras. Nosotros cuando hicimos Plaga Zombie en el 96 apenas veíamos algunas películas que alquilábamos y preguntábamos a la gente que conocíamos. Íbamos a casas de cotillón y aplicábamos técnicas de la escuela primaria, con papel mache, con tempera, deformando la cara a los personajes con cinta adhesiva. De a poco nos fuimos perfeccionando.

 

¿Cuáles son los beneficios de hacer los FX puertas adentro de la productora?

Uno es un realizador más eficiente si no depende de nadie. Nosotros al realizar nuestros propios efectos especiales tenemos más libertad. Si queremos salir mañana a hacer una película podemos salir porque no necesitamos ninguna empresa de efectos. Ahora igual estamos trabajando mucho con Rabbid EFX. Pero somos socios, los proyectos los hacemos juntos y nos llevamos muy bien. Tienen nuestra misma filosofía.

 

¿Qué posibilidades de expansión le ves a la industria de los FX en Argentina?

Todo tiene un techo presupuestario. El cine americano está utilizando materiales a los que uno no puede ni acceder. Entonces siempre estás un pasito atrás. La película más grande de terror que podés hacer acá te va a costar un millón y medio de pesos. Y una mediana allá es de 30 millones de dólares. Por más que el talento exista, es difícil llevarlo a una película. El cine argentino se hace con plata del Instituto que puede llegar a ser, como mucho, un millón y medio de pesos. Es un dinero que te alcanza para hacer una película de gente hablando en una casa, como el promedio de las películas nacionales. No contempla que uno necesita plata para hacer otras cosas. Igualmente, de a poco se está dando más apoyo a las películas de género.

 

¿A qué puede responder ese cambio?

A que todos nosotros, que vimos cine de los 70 y los 80, estamos accediendo a la posibilidad de hacer películas un poco más grandes. El de esa época era un cine muy fantástico, de terror: estaba muy de moda Freddy, los Cuentos Asombrosos de  Spielberg. Yo tengo 32 años, hace 15 años que trabajo en esto y recién ahora estoy haciendo proyectos para estrenar en sala. Ahora hay una apertura al género y seguramente nuestra perseverancia sirvió para eso. Estamos empezando a ver el cine de todos estos cinéfilos como nosotros.