Las heridas

Ni la obtención del Oscar lo suavizó: Ricardo Darín da vuelta la página con furia para componer uno de sus personajes más viscerales y menos complacientes de su carrera. Junto a un Pablo Trapero y una Martina Guzmán en plena forma, vuela alto con Carancho, un film que apunta y da directo en las entrañas.

Entrevista publicada en la edición impresa del número de mayo de 2010.

 

Carancho es demoledora”, coincidimos con Ricardo Darín, apenas pregunta qué me pareció. La última vez que HC lo entrevistó fue en 2005, con motivo del estreno de El Aura, la película dirigida por Bielinsky que recientemente obtuvo una mención especial de parte de FIPRESCI como la mejor película de la década, después de La Ciénaga.

Allí Darín componía a Espinosa, un personaje seco, inseguro y con una profesión muy particular (taxidermista) pero aparentemente normal que, finalmente, en plena crisis personal, se veía arrastrado hacia el desastre y al derrumbe moral.

Sosa, el carancho que compone aquí, es de raíz un ave rapaz, que sabe muy bien cómo alimentarse de aquellos restos que yacen en las calles, y que está demasiado habituado a hurgar en un infierno del que, de todas maneras, desea ir despidiéndose.

Este Carancho, bicho cazador y oportunista por definición, no para de caminar las guardias de los hospitales, a la espera de su presa más codiciada: alguna víctima de un choque -preferentemente múltiple- ya herida, indefensa, y generalmente de estratos sociales bajos, con la cual poder lucrar ante una aseguradora de riesgos.   

Y para ello se pasea cómodo por los márgenes, generalmente por el conurbano de la provincia de Buenos Aires, una geografía emblemática de la marginalidad y la exclusión. Porque Carancho, la película, además de una historia de amor, es también un muestrario del más salvaje  “sálvese quien pueda”, axioma dueño en una sociedad cuyos lazos han sido completamente resquebrajados.

Bajo el amparo del ropaje de las buenas acciones con que se suelen vestir a muchas instituciones de la sociedad civil, y en complicidad con el Estado (hospitales, policías, jueces), Sosa despliega sus peores armas antes de retirarse. En ese marco tan sórdido, la única posibilidad de redención, de revertir ese vuelo circular en el que está atrapado, parece estar en el ámbito privado de la intimidad, en la aspiración del amor.

“El título ‘Carancho’, que por supuesto viene por ave de rapiña, nos gustaba más que el otro posible (Las Heridas), aclara Darín, nos gustaba porque es un nombre raro, no tiene traducción y eso está bueno porque afuera a veces se les da por cambiar o adaptarlo… pero ¿cómo traducen ‘Carancho’?"

 

Admito que hasta antes de ver la película, no tenía idea de que a estos tipos se los llamaba así…

Y de otras formas también.… Imaginate la cantidad de damnificados que deben andar dando vueltas por ahí. En cuanto empezó a correr la pelota de la película me empezaron a mandar mails de asociaciones de ayuda a las víctimas del tránsito y demás. Es el típico caso de esas cosas que, hasta que no hay un elemento disparador que mueve un poco el avispero, normalmente están tapadas por la sociedad. Sabemos que están, sabemos que existen, pero están como ahí. Vaya uno a saber por qué.

 

La película comienza con una placa que informa sobre la cantidad de muertes por accidentes de auto en Argentina y el negocio millonario que mueve en indemnizaciones, lo que ubica inmediatamente a la película en un lugar social.

Es probable que eso haya venido de la mano de los productores o de la distribuidora Buena Vista, para ubicar a la historia, al tronco narrativo, en un contexto comunitario. Confieso que para mí fue una sorpresa ver eso y no estoy tan seguro de que le haga un favor a la historia.

 

¿Qué te pasó la primera vez que viste la película terminada?

En realidad, terminada, la vi con mi mujer solamente. Ya habíamos visto una versión preliminar en la casa de Pablo, en la costa, pero a las cuatro de la mañana, con un asado, tres litros de vino y el cansancio de un viaje muy largo que habíamos hecho… Así que la volví a ver con un nuevo corte que él hizo y que quería que yo viera. Trapero está permanentemente en movimiento: si le perdés el rastro por diez días te encontrás con otra película.

 

¿La acortó?

¿Sabés que no? Al revés. Dejó que las tomas respiraran más todavía, que les entrara un poco más de aire, de oxígeno, porque había agarrado un ritmo que era demoledor y no te daba tiempo para amortiguar los golpes y me parece que fue una buena decisión. Últimamente hay una especie de tendencia a que todo sea corto y rápido, porque la televisión ha transformado los ritmos en una cabalgata por la velocidad. Y el ritmo no es exactamente sinónimo de velocidad. Cada historia tiene su propia pulsación, su propia duración, tiene su propia música y su propio ritmo entonces, quizás el desafío sea encontrar cuál es ese punto.

 

El auténtico.

Claro, que trate de no parecerse a nada. Yo sé que él estuvo muy atento a eso e incluso agregó nuevos planos a algunas escenas. Una buena decisión porque, en definitiva, a pesar de esa especie de preámbulo inicial del que hablábamos, la historia es una historia de amor. Dentro de un policial oscuro, con una geografía y una fauna muy particular, pero es una historia de amor.

 

En ese sentido, me interesaba preguntarte lo siguiente: Cuando se hace una historia de amor en el cine, -más allá de que esté correctamente construido el guión, o de que esté muy bien filmada-, hay una gran dificultad para configurar lo que es la química entre los amantes. Si eso no funciona, lo percibís de alguna manera.

Es un poco lo que pasa con las personas con la piel. Vos te podés llegar a morir con una mina pero el instante ese en que por primera vez entraste en contacto, ya sea con un brazo, la mano, una mejilla, y ni hablar de un beso, ese instante, es el que te revela probablemente el futuro de ese vínculo. En la pantalla creo que ocurre algo similar.

 

¿Pero se puede trabajar eso?

Mirá, no. Lo que se puede es mejorar, pulir, profundizar. Lo que me parece difícil es inventarla de cero.

 

Me refiero más al recurso, al truco, de un actor con experiencia. Imagino que debe haber un momento en que decís “Martina, vamos a cenar”. Para mirarse a los ojos, para encontrarse, para ver si hay una sintonía…

A nosotros eso nos sirvió. A mí me ha pasado que de pronto te digan “Tenés que hacer pareja con fulana”. Y puede ser alguien que a priori te parece agradable, amable, simpática, atractiva, sexy, o como quieras llamarlo, y que luego, en los primeros escarceos, notes que hay cierta traba. Y es normal porque es difícil hacer de gente que se enamora. Es posiblemente una de las mentiras más difíciles de recrear. A veces te encontrás con una montaña de obstáculos por delante, y en otros casos te encontrás con un camino allanado. En este caso, con Martina nos sirvió muchísimo, por un lado, no conocernos con anterioridad, y automáticamente después de conocernos, estar trabajando mucho tiempo juntos. Pablo, Martina y yo hicimos un trabajo de escritorio muy intenso, durante por lo menos 20 días .Y en esa aproximación medio inconciente, primero nos empezamos a divertir mucho y a cagar de risa, y después empezamos a hacer sociedad en contra de él, un poco en chiste, porque, claro, a mi nunca me había pasado lo que me ocurrió en este largometraje, que es tener que jugar a enamorarme de una actriz que es la mujer del director. Yo me había puesto a pensar en eso, porque conocía otros casos en los que eso había ocurrido efectivamente y me divertía mucho la…(duda).

 

¿Perversión?

No, no, la fantasía: la fantasía de cómo se resuelve, de cómo se hace. En nuestro caso, lo allanamos y lo encaramos con mucha hidalguía, y muy abierto. Y tuvimos mucha suerte porque pegamos muy buena onda, antes y durante el rodaje. Ella es divina, y aparte… está buenísima. (risas)

 

Te habrá tirado más de un chiste el director en las escenas…

¿Sabés que no? Al revés, él fue muy consciente de la dificultad que hay en este punto y fue muy cuidadoso con los dos. Yo intenté ser cuidadoso con ella porque soy de los que creen que en las escenas de sexo, o de gran intimidad, el mayor nivel de exposición siempre es el de la mujer. A lo mejor es un prejuicio, es probable, pero es lo que yo pienso.

 

¿Hasta qué punto esas escenas son coreografiadas?

Hay una mínima preparación estructural en función de la técnica: cámara, lente, luz, micrófono, sombras y demás. Y después trabajamos y probamos mucho para lograr lo que consideramos que tenía que ser un nivel mínimamente exigible de calidad.

Con los dos trabajé muy bien. Pero con Trapero mi rol no era llevarme bien, sino dejarme petardear un poco, porque es muy buceador, es muy de proponerte cosas distintas y raras. Es un personaje. Entonces, no se trata de llevarse bien. Lo que tenés que hacer es acompañar la movida y si la tenés que padecer, padecerla y que se note, y que aparezca en pantalla. Fuimos muy cómplices haciendo esta película.

 

¿Sos de hacer muchas devoluciones de los guiones, cuando los recibís?

Yo soy insoportable. Pero creo que es la única manera. Hay distintas etapas dentro de lo que es el proceso de aproximación a una historia. Están las primeras lecturas, está el análisis que necesariamente hay que hacer de la totalidad y de las parcialidades. Eso es algo que aprendí y ejercité mucho con Bielinsky y también con Campanella. Hay un punto en el que decimos “bueno, ok, esta es la historia, estas son las escenas, estos son los diálogos, los personajes van por acá. Ahora seamos los principales enemigos del guión, vamos a destruirlo, vamos a encontrarle los problemas”. Entonces ahí es donde es necesario primero hacer un pacto de no ofensa, porque lo que buscamos es justamente ponernos por delante del descubrimiento de los problemas, es nuestra obligación. Yo trabajo de esa forma, siempre que me lo permiten, claro. Hay casos en que de golpe te encontrás con una estructura distinta. Cada director es un mundo distinto.

 

¿Cuál es la principal amenaza que le encontraban al guión?

Había varias. Por empezar, estuvimos muy atentos a que la historia de amor no fuera edulcorada porque siempre nos pareció que la geografía, el contexto en que se mueven esos personajes, la forma en que se conocen, todo lo que ocurre alrededor de ellos y sus características personales no nos permitían demasiado entrar en zonas melosas. Pero también estuvimos atentos a que todo se entendiera, intentando, a su vez, no convertirnos en una declaración de información porque eso es muy tedioso.

 

¿Investigaste o confiaste en la investigación previa del guión?

No, yo no investigo mucho, salvo en algunos casos. Acá nos informamos lo lógico y necesario. Pero es como en casi todos los casos: hay un común denominador de los taxistas, pero también es cierto que cada uno es distinto al otro y cuando vos sobrevolás las zonas de los lugares comunes de un oficio o de una profesión entramos en lo que se llama inconsciente colectivo, algo que todos, más o menos, conocemos. A mí, lo que me entusiasma es tratar de encontrar las peculiaridades que uno le puede aportar a un rol de estas características.

 

Pablo y Martina sí habrán tenido que investigar más.

Sí, investigaron mucho. Martina hizo un trabajo exhaustivo de aproximación a su personaje, cosa que yo admiro y valoro muchísimo porque yo soy todo lo contrario. Ella estuvo como seis meses haciendo guardias médicas, 24hs en emergencias en hospitales, se sumergió en ese mundo y eso fue de muchísima utilidad. Al punto tal que en muchas de las situaciones que se planteaban por las distintas escenas y secuencias que teníamos por delante, en gran medida la llave de la definición venía de la mano de Martina. Porque conocía el paño, por haberlo transitado.

 

Se percibía eso. Hay pequeños detalles en su interpretación que son muy convincentes.

Seguro. Ella se metió de lleno en la película y lo que espero de corazón es que signifique para ella un empujón que creo merece: porque es una muy buena actriz, es una mina divina, es una laburante increíble y porque me parece que hacía falta que apareciera alguien como Martina en ese aspecto. Tiene valores, códigos y una inteligencia aplicada a la profesión muy necesaria. Ya en Leonera se pone toda la película en el lomo y la lleva de principio a fin y con un nivel superlativo. Este es el motivo porque acepté trabajar con ella.

 

Después de la función de prensa, con un par de colegas, se armó polémica sobre el final. Algunos estaban esperanzados en que terminara distinto. Pero yo creo que, por los indicios que va dando la trama, el desenlace no podía ser otro. ¿Cuál pensás que puede ser la reacción del público?

Va a ser raro, esa es la gran incógnita. Pero si hay algo que aprendí en este último tiempo, es el nivel de entrenamientoque tiene el espectador. Es decir, cuando hablamos normalmente del espectador común, hay involuntariamente un prejuicio que nos acerca a creer que hablamos de Doña Rosa. Con El secreto de sus ojos habilitaron una página de la película en donde el público volcaba su impresión, y yo me caí de culo con los comentarios de la gente con respecto a aspectos técnicos de lo que es un guión, a cómo se cuenta una historia o cómo se construyen los personajes. Hoy en día, a diferencia de lo que ocurría antes, el espectador puede ver muchas más películas, más veces y con más detalle.

 

Sólo con ver los extras del dvd se aprende mucho. Eso antes no existía.

Exactamente. Porque además, en todo caso, yo también me considero un espectador común, y cuando no me siento bien tratado me indigno, porque me siento cuasi violado. Y de la misma forma, me siento pleno y orgulloso cuando veo que detrás hay un laburo de alguien que siento que me está tratando inteligentemente. Esto que vos me contás, de que salieron con dos posiciones encontradas, va a ocurrir. Yo tengo una gran incógnita de lo que va a pasar con esta película, no en términos numéricos, sino cuál es la llegada a la gente. Quiero saber qué es lo que queda después. Soy de los que creen que está bueno si salís discutiendo de un cine o de un teatro…

 

A pesar de que las reglas del género policial en algún lugar establecen ese final,  vos mismo empezaste diciendo que es una historia de amor. Y las historias de amor tienen sus propias reglas…

Yo creo que más allá de ser una historia de amor, hay señales dentro de la historia que indican que las cosas tienen que ser de una forma y no de otra. Si las cosas resultaran de otra forma, me resultaría sospechoso. Yo creo que él está enterrado y que tenemos la versión más positiva que se podía tener, sin llegar a traicionarlo.

Te confieso algo: en La señal reestructuramos todo el guión, traicionando abiertamente algunos códigos de Mignogna, con autorización de su mujer y de su familia. Incluso yo quería ir más lejos de lo que él me hubiera dicho, y no me dejaron. Yo quería que fuera más oscura, que fuera en blanco y negro, que al final hubiera un par de tiros confusos, y que ella, con todo el amor de su vida, como lo vino tratando hasta ahí y mirándolo a los ojos, le clavara un balazo en el pecho. Yo sé que eso en términos comerciales era un susto inimaginable para la producción, y los entiendo. Pero no me va a volver a pasar. Por una situación lógica, medio debutante y tratando de ser prudente y agradecido y por las características de todo el proyecto, que era heredado, había cosas que tenía que negociar o entender. Pero mi estomago me decía una cosa y no lo escuché.

 

Hablás como alguien que tiene ganas de volver a dirigir.

Sí, lo voy a volver hacer porque me apasiona.

 

¿Y hay algún libro que esté dando vueltas?

Hay uno por ahí, pero ni siquiera es un proyecto, es apenas una luz.

 

COMO HERMANOS

 

Yo no tenía ganas de que habláramos de eso, pero ya que lo nombraste, te tengo que preguntar sobre tu no asistencia a la entrega de los Oscars.

Partió todo de un error mío. Es dificilísimo borrar una cagada en términos públicos. Todos nos equivocamos. Yo me mandé la cagada de decir que no me habían invitado, cuando no fue cierto, yo no tenía ganas de ir.

 

Te confieso que no entendí mucho lo que pasó, pero me parecía lógico que estuvieras allá.

No sé con quién fue que hablé por la radio y, discutiendo en vivo, concretamente dije “no voy porque no tengo ganas de ir; además no fui oficialmente invitado”. Y era mentira. Yo ya lo había decidido. Yo estoy haciendo teatro, estoy viviendo un momento de la gran puta. Tampoco soy un necio, sabía que no tenía injerencia en el fallo de que yo estuviera o no estuviera: si fuera así me hubiera planteado “Bueno, Ricardito, cálmate un poco”. Yo ya fui y no la pasé bien. Soy de los que si no la pasan bien en un lugar no vuelvo por la revancha, no me interesa. Consideré que el camino que había hecho la película era extraordinario. Ya estar entre las cinco nominadas era tocar el cielo con las manos, en términos promocionales.

 

Dicen que Francella estaba desesperado por ir.

Dijeron que Guillermo ocupó mi lugar y nada que ver. Juan siempre supo que yo no iba, Juan me conoce de memoria.

 

¿Por qué inventaron una pelea con Campanella, entonces?

Porque vieron que tenían jugo para sacar. Porque los pasquines esos de cuarta no van a contrastar si la información es verdad. Además, como salí a desmentir todo, van a decir que lo hice para que no haya quilombo. Por suerte ni Campanella, ni Guillermo, ni yo, estábamos en eso, estábamos todo el tiempo cagándonos de risa.

 

Entonces vas a volver a filmar con Campanella.

No sé si voy a volver a filmar con Campanella, eso depende de él, pero nunca discutimos por ningún motivo. Somos como hermanos. En el primer mail que me mandó con respecto al viaje, me decía “fetiche, fetichón (desde que dicen que soy su actor fetiche nos llamamos así), yo sé que a vos te rompe las bolas este tema pero dale, boludo, vení…”

 

HACIENDO DE DARÍN

 

A esta altura, debe haber un desafío especial al elegir un proyecto, en tratar de encontrar una particularidad a tu personaje, en que no sea “otra de Darín”.

Sí, pero eso viene después. Lo primero es ver si me veo involucrado emocionalmente con el tema o no. Acá, a mí me buscó Pablo para este proyecto, eso ya en sí mismo conformó un desafío para mí. Es innegable que provenimos de lugares distintos de la cinematografía, pero siempre que me invitan a pisar un nuevo territorio, a conocer gente nueva, hay algo adentro mío que se revoluciona y que me entusiasma. Después vienen esos análisis. Pero lo primero que pienso es si me va o no la historia: no evalúo si hay guita o no, si es una ópera prima o si viene de Spielberg. Yo leo muchos buenos libros, en donde no tengo nada que aportar, más que hacer de Darín y ahí me siento medio disminuido. No es un juicio de valor, cada vez que alguien me invita a un proyecto, agradezco porque es una cuestión de trabajo, pero esto se me empieza a dar ahora, después de batallar y batallar. Puede venir alguien y decirme: "te ofrezco este proyecto con tal estrella y semejante pedazo de director y hay una torta de guita", y estoy en un punto en que afortunadamente no me moviliza eso por sí mismo.

 

Tony Scott te ofreció trabajar con él y con Denzel Washington y Christopher Walken.  ¿No te dio curiosidad?

Sí, pero a mí me parece que si yo te invito a mi casa, no te tengo que presionar, tengo que hacer que te relajes y que pases un buen momento, te voy hacer la comida que más o menos sé que te puede llegar a gustar. La verdad es que me rompió las pelotas que quisieran que haga de un narcotraficante mejicano, como si los únicos narcos que hay en el mundo fueran los hispanoparlantes….

 

Y no se bancaron tu negativa.

No! Estuvieron un mes y medio yendo a la puerta del teatro, y vino una mujer que me dijo que Scott no acepta un no por respuesta. ¡¿What?! Después pasaron a una zona en la que sí me hubiera gustado profundizar un poco más para ver hasta dónde llegaban, pero ya después me encapriché, soy un poco mula.

 

 

POLÍTICA, ¿CON K?

“Yo no tengo que defender nada”

 

(Entrevista a Ricardo Darín publicada en el número de mayo de 2010, a propósito del estreno de Carancho. La nota completa, acá).

 

Hoy hay una polarización muy fuerte en la cuestión política: o sos K o anti K. Incluso hay varios actores defendiendo radicalmente al Gobierno nacional, ¿vos te encontrás en algún lugar?

La verdad es que no. Esto no significa que no pueda valorar cosas que me parecen que están bien hechas y repudiar las que me parecen que están mal hechas. Para mí, hay críticas que son exageradas y otras muy merecidas. Pero pasa que cuando las cosas se polarizan de esa forma, no hay chance de ver los efectos positivos, porque todo tiene que ser negativo. En gran medida es culpa del Gobierno, ellos han fogoneado en su batalla contra el monopolio, contra Clarín y demás, y han generado una polarización…

Hay cosas que yo valoro de este gobierno, más allá de lo que digan, como la política de derechos humanos. Lo que no entiendo es que esa sea la única bandera del Gobierno. En cuanto a la Ley de medios, todos sabemos que hacía falta una. Y quien diga que no, no sabe de qué esta hablando, pero dentro de lo que es la lucha por obtener esa ley, aparece como oportunista cortarle las patas a quienes vos estás atacando políticamente por otro lado…

 

¿No te has sentido interpelado por el Gobierno para ocupar un lugar de defensa?

A veces siento que me están empujando. Pero yo no tengo que defender nada, lo que digo se lo puedo decir en la cara a la Presidenta, porque no represento a ningún grupo ni vengo a defender intereses personales. Se empezaron a tejer una serie de cosas a partir del acto por el Oscar en el que fuimos a la Casa de Gobierno. Porque me hice un poco el payaso, porque no me gustan las formalidades y no me puedo bancar ponerme un saco. Entonces esto se hizo aparecer como un acercamiento mío. A lo mejor piensan que estoy haciendo una carrera personal hacia la Casa Rosada. Espero ser un libre pensador. Por ejemplo: Acabo de hacer un apoyo a una serie de videos que me parecen necesarios para Madres de Plaza de Mayo, y esto no significa que yo estoy de acuerdo con todo lo que dice Hebe de Bonafini. Yo estoy de acuerdo con la lucha de las madres desde tiempo inmemorial, y estaré de acuerdo toda mi vida. Pero si Hebe dice algo que me causa repulsión, yo no permito que eso me haga enojar. Trato de no perder la brújula. Eso veo que ocurre mucho en la Argentina.

 

Estás volviendo a la tele con una serie de documentales sobre las empresas que serían fundacionales de la Argentina.

Sí, son una serie de documentales cortos que se van a dar por televisión, hablando de aquellos abuelos que vinieron y dijeron “este es un país de la gran puta”. Vos fíjate que en todo pueblo está la plaza, el teatro, la iglesia, y eso se lo debemos a ellos. Nosotros no hemos logrado capturar ni el 10 por ciento de la visión que tenían ellos. Ni hablar de la energía, es como si nos hubieran dado una Ferrari y le hayamos puesto nafta común.

 

Te preguntaba porque a veces, cuando queremos hablar del país, hablar de empresarios…

Queda como el culo, son todos prejuicios. Lo que te decía antes: vivimos en una época en que todo nos empuja a tomar partido, y yo no soy ni esto ni lo otro. Soy un tipo que tiene dudas y me las permito tener, porque son humanas. Pero eso no quiere decir que  me voy a comer el pescado crudo de que todos los tipos que tienen guita son unos hijos de puta y todos los humildes están bendecidos por la gracia divina. No es necesariamente así. Hay tipos que llevan empresas adelante y se han roto el lomo, y que son justos y honestos con sus empleados, y los mismos tipos te lo dicen “si este tipo no está yo me muero”. Hay casos que son dignos de ser rescatados.