London Calling

Posible lado B de Super 8, la inglesa Attack the block fue la gran sorpresa del último Buenos Aires Rojo Sangre y ya tiene su edición en DVD. Infantes terribles, monos del espacio exterior y la posible mejor postal sobre la Londres de las revueltas juveniles en los suburbios, en una de las grandes películas de la temporada.

El Festival Buenos Aires Rojo Sangre es una iniciativa muy loable y siempre entretenida, que aspira a traer películas de aquellas que en algún momento podríamos haber llamado “de culto”, terminología que en estos días de internet suena un poco vacía, y relacionarlo con las producciones más demenciales del género locales y latinoamericanas.
Siempre hay puntos débiles, por supuesto, películas que son tan pobres que su bizarrez o sus ideas no llegan a compensar su estilo precario o al revés. Pero está muy bien que exista un festival donde los freaks del cine de terror, ciencia ficción, acción y comedia puedan pasarse los días ahí, y que sea una especie de contraposición popular y sin pretensiones de los festivales de cine normalizados y cool. Que tenga una estética despreocupada, con sus spots de bandas punk súper encantadores y sus programas fotocopiados, a la antigua usanza.
En este caso, por suerte, nos convoca Attack The Block: una película extraordinaria, una joya no tan oculta (ya que las buenas críticas la siguen desde su estreno) que demuestra que no todo está perdido, posmodernizado, vuelto pornografía de tortura o evocación nostálgica de los 80s en el siempre cruel mundillo del cine de terror y ciencia ficción.
La premisa es simple: un día cae un meteorito con un alien en las inmediaciones de una de esas torres gigantescas, impersonales y terroríficas donde viven las clases menos privilegiadas de las ciudades modernas. El meteorito es recibido por un grupo de adolescentes delincuentes que viven en ese gran monoblock y su ocupante es rápidamente despachado en un acto de violencia sin sentido digna de su edad. El problema se presenta cuando comienzan a llegar sus amigos, mucho más grandes, negros como la tinta, una cruza entre lobos, monos y muppets con dientes brillantes y espantosos.
Attack The Block es una película que pareciera encolumnarse en esa tendencia reciente de Hollywood a recuperar todo género y guiño de las películas del cine de género de los 80, coincidente con la llegada a espacios de poder de una generación de cineastas, guionistas y productores que crecieron con esas películas y su sensibilidad. Pero aquello que en una película como Super 8 es retrogrado, estático, en esta película se revela absolutamente moderno, perfectamente conectado con sus influencias pero sin que ellas lo aplasten y lo vuelvan un objeto de museo o un pastiche.
¿Por qué es eso? Por varios motivos:
1)    La excelente actuación de los niños. El grupo de adolescentes principal es multicultural, habla en un slang que une términos indios, vueltas de frase dignas del mejor grime inglés y mucho, muchísimo humor. Cada uno de los cinco tiene una personalidad muy bien definida, incluso con unos pocos trazos y su mentalidad de banda, su amistad, en definitiva, se siente genuina, como si realmente ellos fuesen lo único en lo que pueden depender. Y eso conmueve.
2)    La dirección es impecable. Joe Cornish, director debutante, se nota que hizo la tarea. La película se divide en dos tipos de escenas: aquellas ominosas en las cuales la niebla, las luces y la estructura general del edificio transmiten continuamente la sensación de que un monstruo puede saltar de cualquier lado; y las interminables escenas de persecución, que toman gran parte de la película, adolescentes corriendo en bicicleta por pasillos exteriores, saltando de contenedor en contenedor, todo el tiempo en movimiento. Cornish toma al edificio como un ser vivo, cuyos pasillos ya estaban repletos de monstruos.
3)    La lucha de poder que estructura toda la película. Cuando vemos a los niños por primera vez, le roban a una pobre enfermera (que luego será coprotagonista) que habita en su bloque. Al final de la película ella los está defendiendo. A lo largo de todo el film, los chicos y ella corren de los monstruos pero también de los gangsters que dominan el bloque y venden droga, de la policía y de sus propios padres. La película transmite muy bien la sensación de que la invasión es lo menos amenazador, que en realidad, incluso, es buena para la vida de sus protagonistas, porque desencaja el balance de poder del bloque que, de otra manera, hubiese marcado sus vidas para siempre. De alguna manera, esos aliens son libertad.
4)    La música. Es genial. Una especie de mezcla entre las bandas de sonido de John Carpenter (cuya influencia sobrevuela todo) con su minimalismo tecno y sus cadencias electrónicas que van progresivamente volviéndose más oscuras; y la música que escuchan los pendejos: grime, dubstep, hip hop. El resultado es algo a la vez energético y oscuro, urbano y espacial.
5)    El abandono del espacio que generalmente es territorio de estos encuentros alien-niño, el pequeño pueblito norteamericano, a favor de la ciudad y sobre todo de los bloques de edificios. Ese pequeño gesto ya es un signo de que, vamos, nadie vive en los pequeños pueblitos norteamericanos, y si un director quiere contar algo que llegue a su potencial audiencia, es tiempo de que comience a actualizar sus settings.
Es, en definitiva, una película actual que como toda gran película de ciencia ficción está inextrincablemente enlazada con el presente, con lo real, con las injusticias y los deseos de un puñado de infelices a los que una invasión extraterrestre solo les puede cambiar la vida para mejor. No se la pierdan.