Río revuelto

¿Cómo puede la industria del cine adecuarse y navegar en el difuso y casi incontrolable terreno del ciberespacio? ¿Oportunidad o amenaza? No es novedad el debate pero la creciente consolidación de los nuevos hábitos de consumo y el reciente procesamiento de los responsables del sitio Taringa! como supuestos partícipes en la violación de la Ley de Propiedad Intelectual lo vuelve más urgente que nunca. HC convocó a Julio Raffo y Antonio Millé para tratar el asunto.
Julio Raffo y Antonio Millé
Julio Raffo y Antonio Millé

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ejes de un debate                                        

 

- A raíz del caso Taringa!, ¿consideran que linkear es un delito?

 

-¿Sirve la ley de propiedad intelectual actual dada la facilidad de producción y reproducción que existe desde el ámbito digital?

 

-¿Qué modelo comercial fácil, económico y legal podría surgir como alternativa a sitios como Taringa! o Cuevana?

 

-¿Quienes son los que ganan y quiénes los que pierden con las descargas llamadas ilegales?

 

 

 

 

Vaya paradoja la de Internet: desde el vamos representó tanto una oportunidad como una amenaza para la industria cinematográfica. Un nuevo canal comercial a explotar con la posibilidad de llegar a millones de espectadores en el mundo entero tanto como una ventana de exhibición que pone en riesgo y cuestiona las demás (VOD, TV, DVD y también salas, aunque en mucho menor medida, al menos según las recientes y abultadas cifras de taquilla). Un entorno que tanto podía permitir romper las barreras de entrada de un negocio que siempre funcionó en pocas manos, permitiendo así, por ejemplo, además de la facilidad en la difusión, que las cinematografías más débiles pudieran alcanzar una distribución internacional, e incluso nacional que les era (es) vedada, como lo contrario, reforzar a los players poderosos ya instalados en el mercado y rápidamente adaptados al nuevo escenario, además de dar lugar a nuevos actores que se llevan su buena porción de dinero: telefónicas, servidores, intermediarios, desarrolladores de software, etc. Desde su llegada, y en la lenta carrera por reorientar el negocio hacia el ciberespacio, fueron sitios como Taringa! o Cuevana (con el siempre latente acecho judicial mediante) los que picaron en punta a nivel local. Claro, aunque garantizando el acceso de muchos espectadores a las obras, sin la debida autorización de los propietarios de los derechos.

Algunas iniciativas comerciales privadas asomaron recientemente para intentar armonizar esos principios, como es el caso de On Video, el servicio de Telefónica que ofrece películas a 8 pesos (y que tiene la difícil tarea de competir contra el presunto precio 0 de aquellos otros sitios). Desde el Estado, todavía no se conocen modelos superadores a los ya conocidos en todo el mundo de cerrar sitios y/o perseguir a los usuarios. Si los hay, están en estado embrionario, en el mejor de los casos. Sin ir más lejos, desde el INCAA, consultados por HC para participar en esta nota, prefirieron no opinar del tema hasta nuevo aviso. En tanto en la Academia de Cine, que había enviado a los medios una solicitada apoyando el fallo contra el caso Taringa! y anunciando que en breve darían detalles de lo que ellos creían podía ser una solución, no respondieron. Tampoco fue posible dar con Daniel Burman, quien se encontraba día y noche filmando su nueva película tras los agitados días en que presentó una medida cautelar contra los dueños de Taringa! para que sus películas fueran dadas de baja del sitio.

Pero los que sí aceptaron debatir son, felizmente, dos eximios especialistas en el tema que están vinculados, además, con el oficio cinematográfico. Imposible resumir en pocas líneas sus trayectorias y pergaminos. Apenas diremos que Antonio Millé es abogado y especialista en Derecho, Nuevas Tecnologías y Propiedad Intelectual y que Julio Raffo es, además de abogado, legislador porteño por Proyecto Sur y autor de varias obras, entre ellas, la reciente publicación Derecho Autoral, hacia un nuevo paradigma. El debate que reproducimos a continuación, moderado por quien suscribe y por Hernán Guerschuny, Director de HC, fue por demás cordial, a pesar de que no lograron ponerse de acuerdo en casi nada.

 

 

Antonio Millé: Yo lo primero que quería decir es que estamos ante una especie de círculo vicioso. Si decimos por un lado que debería haber una oferta lícita para que la oferta pirata pueda ir desapareciendo y al mismo tiempo esa oferta mata toda posibilidad de negocios lícitos (porque nadie puede hacer negocios con lo que los demás regalan), entonces tenés un círculo vicioso. Cómo romperlo y dar oportunidad a los creativos de presentar lo suyo de una manera lícita a un mercado que evidentemente lo reclama, es lo primero que debería preocuparnos como gente del oficio y del gremio.

 

Julio Raffo:Yo plantearía el tema apuntando a ese mismo fenómeno. Pero comenzaría diciendo: nuestra Ley de propiedad intelectual, la 11.723, es de 1920 y expresa una concepción que viene del siglo XIX. Aplicar ese sistema de relación de la sociedad con las obras autorales, nacido del siglo XIX, a un fenómeno del siglo XXI como Internet, es como aplicarle la normativa que regula el tránsito de la diligencia a la navegación aeroespacial, no tiene nada que ver. Entonces, el paradigma, el modelo de derecho autoral generado en el siglo XIX, está en crisis. Lo ha puesto en crisis un fenómeno como Internet.

 

A. M.:Yo no estoy para nada de acuerdo. Creo que la protección de la ley es adecuada, los principios son perfectamente aplicables en el contexto del siglo XXI: lo que creo es que deberíamos imitar a otros países en el aggiornamiento del entorno legislativo a la ley de propiedad intelectual. Eso es lo que hicieron la Unión Europea y Estados Unidos, decir “como Internet es imprescindible, es un bien necesario para todos, bueno, vamos a regular el uso de Internet de tal manera que el uso no infrinja la propiedad intelectual y permita gozar de la misma”. Entonces creo que la reforma debe de hacerse en el entorno del uso de Internet, que no solamente abarca la propiedad intelectual.

                                                                                                                

J. R.:Yo digo que la ley no se hace cargo por las consecuencias. Si la aplicación de esta ley permite procesar y meter preso a una persona que accede a un bien cultural por Internet para enriquecerse, no para lucrar, sino para emocionarse, para instruirse, para cultivarse, para crecer culturalmente, entonces lo que está mal es la ley. Yo les pediría, a todos lo que están realmente defendiendo el caso contra Taringa! un acto de honestidad personal y que pusieran a disposición del juzgado su computadora personal para que la pericien, a ver si ellos han entrado o no a una obra autoral en los últimos tres años por Internet. A ver quién lo hace. Porque es un dato de la realidad, es una dimensión de la vida cotidiana esto. Hay que meter preso al 90 por ciento de los ciudadanos si aplicamos literalmente la ley de propiedad intelectual, cosa que me parece que no va a ser posible.

 

A. M.: Yo vivo buscando y tomando cosas de Internet. Pero sé cuales son aquellas que tienen dueño y que yo no debería tocar y cuáles son las que tienen dueño, pero que el dueño claramente me permite tocar. Entonces yo, por ejemplo, a diferencia de las personas que conoce Julio, no uso productos de entretenimiento sin autorización de los propietarios. Nunca. Sí adquiero. Por ejemplo, Telefónica las vende a ocho mangos, yo estoy dispuesto a pagar eso por una película. Ahora, Telefónica no puede seguirmela ofreciendo a ocho mangos si todo el mundo la regala, porque no va a tener clientes, no puede competir, es decir, nadie puede vender sándwiches al lado del kiosco que los regala. Entonces, creo que solamente eliminando en la medida de lo posible, la oferta pirateada y regalada, van a aparecer servicios que a la mayoría, que puede pagar ocho mangos o cinco mangos, le den lo que necesita.

Y me parece que, si bien es cierto lo que él dice, que la sociedad está conmocionada porque apareció algo como Internet, tenemos que buscar una vía para que ese dueño siga pudiendo cobrar lo suyo y para que siga existiendo. Porque sino en el futuro no vamos a tener más música, no vamos a tener más… Por ejemplo, Campanella está hecho un loco porque le pusieron en línea sus películas. Tiene toda la razón del mundo. Si él no las quiere poner en línea, pues, no las pone en línea y sigue viviendo de la manera que  ha decidido, que es vivir de sus películas. Eso me parece de una razonabilidad absoluta.

 

Hernán Guerschuny: ¿Y qué hacemos?

 

A. M.: Y bueno, encontrarle la vuelta.

 

J. R.: Hay dos cosas que hay que distinguir. El derecho a acceder a la cultura y el derecho legítimo del autor a tener un usufructo de su obra. Entonces cuando hay derechos que se enfrentan, hay que tratar de armonizarlos. Yo discrepo, cuantitativamente por lo menos, con la idea de que los autores viven de sus obras. Según informa SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) solo el 3 por ciento de los autores que protege reciben un dinero mensualmente superior al salario mínimo que se paga en España.Segundo, discrepo con la idea de que la ganancia económica es el determinante que haya que asumir. Porque sino no entiendo por qué Dante Alighieriescribió la Divina Comedia u Homero la Odiseay la Ilíada.

 

Esteban Sahores:Quizás la diferencia esté en que en ese entonces no había una industria cultural constituida…

 

J. R.: Bueno, ahí vamos aproximando el bochín a una visión que yo tengo. Que en algunas obras autorales, como la música, lo audiovisual y el libro apareció un intermediario necesario entre el autor y el público cuando apareció la imprenta. Gracias a esta se pudieron difundir las obras, la imprenta se convirtió en la editora y la editora se convirtió en la multinacional de la edición. La obra se convirtió en mercancía. Entonces por eso el paradigma hegemónico pone la obra como protegida y no al autor como protegido. Fíjense una cosa, ¿quiénes son los más enojados con el tema de Internet? ¿es García Márquez o es la Motion Pictures? ¿Son, de verdad, los autores? ¿Es la UMI (Unión de los músicos independientes) en la Argentina la que esta dando esta pelea? ¿O son las multinacionales, que muchas veces maltratan mucho? Entonces, ¿cómo hacemos para respetar el derecho del creador, que no esté sometido a las limitaciones a que los copien de hecho o que lo sometan al contrato verdaderamente leonino de las multinacionales? O,  ¿y cómo hacemos para garantizar el derecho de acceso a la cultura? Es el desafío de ahora. Yo uso Emule y lo confieso, es un delito. Bueno, que me metan preso, lo he confesado por televisión, todavía no me han citado. Y si me citan, voy a renunciar a los fueros porque voy a responder y a defenderme como le corresponde a cualquier ciudadano. Pero, ¿cuántos más hay? ¿Cuántos directores y productores de cine han usado Internet para acceder a la cultura, y a veces para inspirarse o  poner un pedacito de esas obras en alguna de sus películas?  Vamos…

 

A. M.:Él piensa que hay como una especie de pecado original en la comercialización de la cultura. La industria cultural de hoy en día es un dato de la realidad. Es imprescindible para la cadena de vida, para el ciclo que nos rodea. Y él tiene una idea de que los contratos necesariamente serán leoninos…

 

J. R.:Algunos…

 

A. M.:Pero no es verdad, eso no es así. Yo soy abogado de sellos, artistas, productores y editoriales. Salvo algunos casos anómalos que todavía quedan, la verdad es que los contratos no son asquerosos. Es decir, establecen una razonable equidad. Entonces acá lo que hay que decidir es, ¿va a subsistir el mundo de la producción de bienes de entretenimiento, de comunicación y de cultura tal cual lo conocemos? ¿O vamos a ponerlo en crisis privándole su alimento que se llama dinero? Si nos pusiéramos a regalar lo que los tambos producen y las usinas de leche producen por un tiempo todo el mundo tendría leche gratis y en algún momento no habría mas leche.

 

J. R.:El tema acá se produjo por una diferencia cuantitativa que se volvió cualitativa. Porque posibilidad de copiar hubo siempre, incluso había una profesión, los copistas. Ahora, de pronto se puede copiar más fácil, rápido, mejor y barato. Entonces, esto, que es una diferencia cuantitativa, se convirtió en cualitativa cuando de pronto hay cientos de miles de personas que pueden copiar en un instante. Pero el problema es reflexionar sobre poder distinguir claro entre para qué es, para qué sirve, para qué yo reproduzco, Si se usa para el desarrollo de la persona, para cultivarse, para entretenerse, para emocionarse, o para hacer un negocio paralelo clandestino o ilegal. Son dos cosas que no pueden entrar en la misma bolsa. La intencionalidad de para qué se hace.

Acá la gente de AVH en un momento cambió su discurso. A mi me invitaban y me decían. “Julio, vamos a hacer un acto contra la piratería”. Y uno contestaba. “No, mirá, no es así, cuidáte”. Hasta que un día me llaman y me dicen “mira, no luchamos contra la piratería, luchamos contra el comercio ilegal”. Ahora, vuelvo de nuevo. ¿Sería lo mismo una obra discontinuada que una obra que está en el mercado? ¿A quién se daña? ¿Qué daño real hay? Segunda cosa, acceder a una música en el seno, en la habitación de uno, en su casa…

 

A. M.:Pero Julio, eso está en tus manos y en la de tus colegas el solucionarlo. Por ejemplo, si se modificara el derecho de autor y se dijera que el uso privado y la copia para el uso exclusivamente privado está autorizado, como en España, en Alemania, estaríamos de acuerdo.

 

J. R.: Ahora, yo hago una pregunta un poco tramposa. Yo compré esta película, ¿Se la puedo prestar a ella? Y si puedo prestarla, ¿se la puedo prestar por Internet? ¿Eso lo convirtió en delito? Ah, no, por mano sí, pero por Internet no. Ah, bueno en Internet la pueden ver muchos. Sí, es verdad, ¿y en qué momento el hecho de que sean muchos convierte en antisocial o ilícito algo? La biblioteca siempre ha prestado libros.

 

A. M.:Una cosa es entrar por un hipervínculo a un lugar donde manifiestamente hay informaciones que están ofrecidas al público. Otra cosa es que yo me meta en un lugar donde me dan hipervínculos para acceder manifiestamente a computadoras de personas individuales que tienen obras que manifiestamente son de propiedad de terceros para que yo me apropie de ese archivo y lo grabe en mi computadora. Son dos cosas que no tienen nada que ver. En un caso yo estoy claramente sabiendo que puedo acceder a esa información y que su dueño me la brinda como un servicio de regalo y el otro caso, es el que claramente me estoy robando la propiedad intelectual de alguna persona. Entonces yo lo segundo no lo defiendo y lo primero lo voy a defender a muerte. Y para defender a muerte lo primero hay que eliminar lo segundo, porque sino lo primero también se va a acabar. O va a ser dañado. Esa es mi posición.

 

 

 

En busca de acciones concretas

 

Durante el debate, se deslizaron algunas propuestas: establecer el principio de Puerto Seguro, diferenciar cultura de entretenimiento a la hora de legislar, indemnizar a los autores y, por último, cargar de responsabilidad a los usuarios.

 

 

 

A. M.:Creo que lo que falta en la legislación argentina es que establezca un régimen para los ISP, de tal manera que sepan qué pueden hacer y qué no. Eso lo han hecho Europa y Estados Unidos y está andando perfectamente bien desde hace casi diez años. Debería andar bien acá también.

 

H.G.: ¿Cómo funciona?

 

A. M.: El principio se llama Puerto seguro. Usted está en Puerto seguro mientras desarrolle su actividad de tal y tal manera, que son reglas muy sencillas, y mientras atienda la queja de cualquier individuo que diga que gracias a los servicios que usted proporciona, un tercero está usando sus servicios para dañar sus intereses. ¿Cuáles intereses? Los de derechos de autor, los del honor del nombre, los de no ser injuriado, los de que se respete la verdad cuando se mencione una información, los de que no se practique pornografía infantil. Las cosas naturales. Entonces, las leyes estadounidenses y europeas lo que establecen es que usted sale del Puerto seguro y cae en aguas peligrosas si al ser notificado de que existe una infracción no toma las medidas adecuadas. Cuáles son las medidas adecuadas, vaya a saber según el caso.

 

J. R.:Yo coincido que lo que está en juego acá es una concepción del modo de producción y comercialización de la industria de entretenimiento (tomo la acepción más amplia de la palabra, que comprende el libro, la televisión, la música, el teatro)…Yo creo que lo que hay que distinguir, que los americanos no hacen, es cultura de entretenimiento. Estoy citando a Heidegger, hay vida de caída y vida plena. ¿Cuántas veces uno ve una película porque se entretiene y después dice “La verdad es que era una porquería pero me entretuve”? Quiero decir, no sólo lo erudito emociona o ilustra, lo popular también. Pero lo cierto es que hay cosas que uniformizan y aplanan y hay otras que emocionan. Yo distingo entonces entre, por ejemplo, la colección del Pato Donald y el Martín Fierro.

 

H.G.:¿Y cómo se legisla esa diferencia?

 

J. R.: Bueno, en el cine está legislado. Hay películas de interés especial y hay películas que no son de interés especial. Y hay películas que son para niños y otras que son porno.

 

A. M.: Julio, lo que deberíamos y nos merecemos que el congreso nos dé, es un régimen que tienda a lo bueno, no que establezca lo bueno. Que nos permita mejorar.

 

J. R.: Eso, aproximarse. Una aproximación asintótica.

 

A. M.: Y después hay otra idea que no sé si Julio la comparte, que anda por el ambiente. En determinado momento, hace 20 o 25 años, las fotocopiadoras y los grabadores permitieron copiar obras. Entonces en ese momento los legisladores aparecieron con una solución, que es la indemnización por la copia privada: como sabemos que te van a copiar, el que compra una fotocopiadora, va a pagar un fee.

 

E.S.:Sería como el canon digital hoy en día…(N. de la R.: un gravámen sobre cualquier dispositivo digital que sirva para la copia. En estos días, se está queriendo impulsar en Argentina).

 

A. M.: El canon digital es como el último paso de ese movimiento que empezó hace 25 años. Entonces, muy bien, como la realidad indica que vas a ser copiado y yo como autoridad pública no puedo evitar que te copien, por lo menos te indemnizo.

 

E.S.:¿Pero eso no tiende a la discreción en la asignación de eso que se reparte y a la sospecha sobre las entidades de gestión colectiva?

 

A. M.:No, si fuera así estarían descontentos y están contentos en los países donde eso ocurre. Es una solución posible, no sé si es equitativa, funcional, pero es una manera de solución. No me seduce personalmente, pero la he escuchado, y existe. La otra solución es la francesa, ahora europea porque la ha propuesto la Unión Europea, que dice que los ISP son responsables de que nadie tome contenido que el autor no desea que se divulgue, por lo tanto quedan responsabilizados de esto y al primer aviso tendrán que tomar medidas, y la medida máxima puede llegar a que ustedes no le den servicio a Julio si Julio es identificado como alguien que copia.