¿Porqué amamos a Wes Anderson?

Ya sea con la animación stop motion o con sus particulares óperas llenas de color y excentricidades, el cine de Wes Anderson no deja a nadie indiferente

Había una vez un mundo. Había una vez un mundo y directores de cine. Había una vez un mundo, directores de cine y uno que era flaco, pálido y con un estilo único. Como en un juego de muñecas rusas, donde todas las partes encajan perfectamente dentro de un todo, Wes Anderson se ocupa del más ínfimo detalle, a través de cada instancia, hasta llegar a la última pieza de su producción artística ¿Para qué? Para crear un mundo y contar una historia. Por eso lo amamos.

Pocos artistas atraviesan este mundo de ídolos y réplicas, sin caer en la comodidad de la fotocopia. Y entre los que realmente pueden crear un mundo propio, son pocos los capaces de transmitirlo auténticamente. Wes Anderson supo abrirse camino entre la maleza, cambiándole el color a las flores de un bosque hollywoodense que ya aburría con sus producciones facsimilares. Es un cineasta que narra con un estilo propio, que jugó con las reglas del lenguaje cinematográfico para crear sus mundos y que tiene bien merecido su reconocimiento mundial, aunque (supuestamente) ya nadie les dé importancia a las premiaciones yanquis.

Lo amamos, porque con su estilo particular ha logrado imbricar la ficción y la realidad sólo como las obras de arte pueden hacerlo. Al ver sus paletas de colores milimétricamente estudiadas y las caracterizaciones de unos personajes tan eclécticos como arquetípicos, nos invade una sensación extraña. La simetría de sus tomas y del trabajo de vestuario y maquillaje en sus largometrajes nos grita “ESTO ES UNA PELÍCULA”. Wes nos muestra materialmente que asistimos a una ficción (¿un Brecht del cine?), pero las emociones de sus personajes nos tocan de cerca, transmiten tanta realidad como la hoja que estás tocando ahora. Entonces, sus historias muestran su artificio a la vez que cobran dimensión real o, en otras palabras: Wes Anderson documenta la ficción.

Narrador del lenguaje cinematográfico, estilista de la gran pantalla, artista del detalle. Sus planos y fotografía ya son escuela (y Youtube y Vimeo su biblioteca, hay una infinidad de videos que exploran la simetría e iluminación de las producciones del chico de Houston). Bastaría con su estética única para amarlo, pero su aproximación a la humanidad es igualmente digna de nuestro amor. Incluso en las películas que no son protagonizadas por humanos (Fantastic Mr. Fox) la humanidad está omnipresente. Es como si accediera a una clave universal del sentir humano y lo inyectara a unos muñecos característicos. Piénsenlo. Uno podría disfrazarse o sacar una línea de muñecos con cada uno de los personajes de las películas de Wes: el botones de Grand Hotel Budapest, los niños de Moonrise Kingdom, Chas (Ben Stiller) y Margot (Gwyneth Paltrow) por nombrar sólo algunos dentro de The Royal Tenenbaums y Steve Zissou (Bill Murray) en The Life Aquatic with Steve Zissou, todos esos personajes son dignos de una línea de Barbie. Sin embargo, en sus películas, esos personajes tan caricaturescos tienen una historia definida y sus ropas y rasgos exagerados no son ningún obstáculo para lograr la empatía con el espectador. Como dijimos antes, asistimos al documental de un mundo inventado en su totalidad: “Ese es el tipo de películas que me gusta hacer, donde hay una realidad inventada y el público viaja a un mundo al cual, con algo de suerte, no han ido nunca antes. Detalles, el mundo está hecho de ellos” ¿Cómo no amarte Wes?

Sí, lo idealizamos, porque el amor tiene algo de eso. Y también tiene la característica de crecer cada vez que se descubre alguna nueva curiosidad del amado. Objetivamente puede importar un carajo, pero la verdad es que no debemos explicaciones a nadie y esta listita de datos imprime un poco más de fuerza al flechazo: Wes estudió filosofía (aunque confiesa que durante la facultad lo que más hizo fue escribir historias cortas), incluye a los Rolling Stones en las bandas sonoras de varias de sus películas (Fantastic Mr. Fox, The Darjeeling Limited, Bottle Rocket, Rushmore, The Royal Tenenbaums), repite algunos actores geniales en sus películas (Bill Murray,Owen y Luke Wilson, Jason Schwartzman, Anjelica Huston y Adrien Brody,son algunos de sus predilectos) y siempre escribe sus guiones con colaboradores (de hecho, su primer guion, Bottle Rocket, lo escribió junto a su compañero de universidad, Owen Wilson).

Wes tiene una pausada forma de hablar, una calma que se transmite y la imagen de su cuerpo no parece delatar a primera vista que es hogar de la asombrosa mente de un creador de mundos. Porque los mundos de Wes Anderson existen por sí mismos. Sus personajes son tan fuertes que, a pesar de que asistimos en sus películas a una historia que tiene un principio y un fin, nos da la sensación de que, cuando aparecen las letritas en la pantalla y se ilumina la sala del cine, el mundo que habitan continúa existiendo allí… vaya uno a saber dónde.