Ángeles caídos

Creada por Michael Schur y protagonizada por Kristen Bell y Ted Danson, The Good Place aguarda su tercera temporada luego de veintiséis capítulos de locura infernal tan atrapantes como inesperados.

No importa demasiado el género, la productora detrás o el modelo de distribución; en todos lados hay series que repiten el mismo esquema de boom, plancha-crisis y (en los mejores casos) resurgimiento. Así es como (salvo casos excepcionales como True Detective, donde sucede exactamente lo contrario) entre el tercer y el cuarto capítulo muchas ficciones parecen caer inexorablemente en una suerte de pozo entre el momento en el que presentan y ponen en contexto a sus personajes y hasta que, cuando se acerca el season finale, se ponen en acción los giros inesperados. Algunas veces los finales son tan poderosos que uno se olvida por un rato del hastío, y también hay otras en las que ese pozo pasa lo suficientemente rápido como para no generar más que un chispazo pasajero en medio de una maratón. Algo similar sucede con las temporadas que llegan luego de una que ha sido muy buena. Las expectativas están altas, la serie ya arrojó todas sus sorpresas al asador, y de este modo es complicado para muchos programas llegar a acariciar la vara que ellos mismos pusieron allá arriba.

Pero hay casos que le escapan a la norma, claro. Y, justamente por sortear con tremenda gracia apoyada en crecimiento sostenido todos estos vericuetos de mantenerse vigente, es que The Good Place ocupa sin dudas un lugar en el podio de las mejores comedias (o mejores series a secas, ¿por qué no?) producidas actualmente. Con un final de primera temporada para aplaudir de pie, el segundo puñado de episodios creados por Michael Schur (Brooklyn Nine-Nine,Parks and Recreation) logran con éxito seguir redoblando la apuesta en cada giro.

Eleanor Shellstrop (Kristen Bell) se va al cielo por error. Una vida de egoísmo, triquiñuelas y meneos sumergidos en alcohol le habían alcanzado para ganarse un sector vip en el círculo más sombrío del infierno. Pero por alguna razón, y luego de una prematura muerte bajo una fila de changuitos de supermercado, el Más Allá le da un cálido recibimiento y la lleva a la tierra de Ted Danson, quien con una sonrisa le dice que es bienvenida en la mejor de las eternidades, donde pasará junto a su alma gemela el resto de los tiempos.

¿Cuáles son las reglas para llegar al cielo? ¿Hay un paraíso que respete el deseo de cada uno o hay que compartir? ¿Existe un alma gemela? ¿Quién dice de qué está hecho el Edén? ¿Hay algún dios que tenía razón? Lo interesante es que The Good Place aprovecha un montón de clásicos irresueltos sobre el ideal de vida después de la muerte para tender una y mil trampas al espectador. De ese modo logra poner sobre la mesa una enorme cantidad de reglas un segundo antes de arrojarlas por la borda y empezar de nuevo.

Allá ¿arriba?, a la larga o a la corta, hay de todo: buenos, malos y mucho de todo el resto. Debería haber un lugar para los del medio, dice algún personaje, y queda claro que los protagonistas pertenecen mucho más a un limbo gris que a cualquier otro lado. Es que, si el paraíso está hecho de diversión, barrios impecables, cócteles y todo tipo de comodidades hedonistas, ¿acaso no disfrutaría mucho más de eso Eleanor Shellstrop que cualquier otro que haya llegado por méritos reales? ¿Cuánto vale querer estar en un lugar para pertenecer a él?

El paraíso de The Good Place es, de algún modo, el cielo que desean aquellos que tienen ganado el infierno. Un lugar donde detrás de gestos sutiles se escapan risas maquiavélicas y donde la promesa es el placer (más allá de lo que se oculte detrás). Lo más atrapante de esta ficción está muchas veces ligado a lo demoníaco, a las reglas rotas y los gestos dionisíacos, esos que se escapan de la boca de Ted Danson (tal vez lo mejor de la serie) en forma de risotada burlona e incontenida.

El final de la primera temporada encuentra a Eleanor acorraladísima, lista para enfrentarse con lo peor. Y lo que allí sucede (vamos a omitir el giro y el spoiler), entre otras cosas, termina de consolidar al equipo. Ahora Chidi, Tahani, Jason y Eleanor están en la misma página. Y, como si cuatro no fuesen multitud, también se suma de formas algo insólitas Janet (otro gran personaje), una suerte de Siri de forma humanoide cuya inteligencia artificial crece hasta el desborde emocional.

Cada vez que los demonios se siente acorralados o que parece que algún conflicto está por resolverse, The Good Place parece replegarse sobre sí misma solo para expandir un poco más todo lo que desconocemos del Más Allá. Con una tercera temporada confirmada y permitiéndose licencias de toda clase (incluso poniendo a Ted Danson una vez más detrás de la barra y fajinando copas como Sam Malone, su personaje de Cheers), todo parece indicar que a estos personajes les queda por desbloquear muchos más niveles del infierno.

 

The Good Place

De Michael Schur

Estados Unidos