“Chuva é Cantoria Na Aldeia Dos Mortos”: Estreno brasilero en la Lugones

La película de los realizadores Renée Nader Messora y João Salaviza llega al circuito de cine arte local tras debutar en Cannes y en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

“Chuva é Cantoria Na Aldeia Dos Mortos”, de Renée Nader Messora y João Salaviza, tuvo su premiere mundial en la prestigiosa sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, donde obtuvo el Gran Premio del Jurado, iniciando un extenso recorrido por eventos internacionales.

Tras la muerte de su padre, Ihjãc inicia un viaje espiritual que lo llevará a vivir un duelo tormentoso. Con apenas quince años se va a confrontar con varias realidades que lo verán crecer: asumirse como padre de un nuevo hogar, palpar la marginalidad de su comunidad indígena en el Brasil contemporáneo y la posibilidad de convertirse él mismo en un chamán. La pareja de directores colabora y documenta los personajes, sus diálogos, silencios, encuentros y rituales. Una película que nace de la sostenida experiencia de cine colectivo con el pueblo Krahô. HaciendoCine dialogó con Renée Nader Messora para conocer más del proyecto.

¿Siempre imaginaron dirigirlo los dos?

Sí, siempre imaginamos dirigir los dos la película. Yo tenía una relación muy antigua con los Ihjãc, desde 2009. No desde la ficción, pero sí asociado con el cine. Ellos querían registrar cosas que sentían que se estaban perdiendo como los cantos, mitología, costumbres, y con un profesor de la aldea blanca trabajamos estos registros con un fin etnográfico. Luego, con João, comenzamos a pensar esta película que filmamos. No quisimos incluir un equipo profesional para no dañar la relación que veníamos contruyendo. Por eso fuimos Joao y yo y un antropólogo que hacía sonido, y un amigo de Iñaqui que también colaboró.

¿Cómo seleccionaron a los protagonistas?

La elección de Ihjãc tiene que ver con que lo conozco desde sus siete años, es de mi familia indígena, siempre estuvo cercano a la casa, curioso con la cámara en los talleres de cine que hacía. Era pequeño, pero muy curioso y todo se fue dando muy natural. Comenzamos con algunos ejercicios, hicimos con Ihjãc un corto, salió muy bien y eso nos dio la pauta que el iba a estar tranquilo con la cámara. Siempre se mostró atento a nuestras tomas, indicaciones y su presencia fue fundamental en todo el proceso, aún cuando no estaba en la escena. Él fue como un intermediario entre los mayores que no entienden bien el portugués y ayudó a la traducción de la película.

Hay algunas escenas “fantásticas” dentro de la película. ¿Cómo las rodaron y por qué las incorporaron? Esas escenas en parte rompen con esa línea cercana al documental de todo el relato.

Siempre quisimos filmar la subjetividad de un joven indígena, no tratar de generalizar ni ver cómo era este pueblo, sino atravesar un proceso, el de Ihjãc, su mujer, su hijo y cómo atraviesa un dilema moral, familiar y queríamos acercarnos allí. Además quisimos dar cuenta de todo el universo espiritual que para nosotros es algo fantástico pero que para ellos no huye de lo cotidiano, así como el niño habla con su madre, Ihjãc habla con el espíritu de su padre y un guacamayo, ve el fuego que se enciende en la cascada, es una forma de ver el mundo animista, donde todas las cosas tienen humanidad. No quisimos hacer una película fantástica, sino acercarnos a ese universo maravilloso de decodificar las cosas.

Tomando como punto de partida la temática que trabajan, ¿por qué creen que hay aún hoy en día tanta resistencia al mantenimiento de tradiciones de los pueblos originarios?

No creo sea casualidad que tengan que resistir todos los días de su vida para tener su lengua, costumbres, maneras de pisar el suelo. Desde hace 500 años hay un proceso muy fuerte de aniquilación de los pueblos originarios. En Brasil han sido vistos como una barrera al desarrollo y el plan para ellos es la exterminación. Ese es el plan brasilero. Con el gobierno de Bolsonaro es claro que esto se volvió aún más violento, porque tenemos un gobierno declaradamente anti indígena, dicen en la tele que tienen muchas tierras, que podrían aumentar sus exportaciones explotando tierras indígenas. Este gobierno no tiene pudor en tirar y prender fuego la constitución, por eso no es casual que se estrene ahora la película, porque es una oportunidad de hablar aquello que está pasando. En donde filmamos no es aún tan grave. Sí sucedió en los ’40, donde se mataron a varias personas que no pudieron huir. Pero ellos están alejados aún de las zonas de litigio, están más protegidos que otros pueblos, aunque creo que es cuestión de tiempo para que vayan por ellos. El gobierno dice que los indígenas son un problema, y los ganaderos, se ven alentados para asesinar y desplazar indígenas. Nunca pensamos que la película estrenaría en este contexto tan tenebroso que vivimos en Brasil.