“Puerto Almanza”: Filmar en el fin del mundo

Juan Pablo Lattanzi y Maayan Feldman construyen una propuesta única en “Puerto Almanza”. Haciendo Cine dialogó en exclusiva con Feldman para conocer más del proyecto.

Por Rolando Gallego

En el detalle de un grupo de soñadores, que supieron hacer de esta pequeña población al fin del mundo, su universo, los directores reflexionan sobre la libertad, los sueños y las luchas de los olvidados, quienes hacen patria y la pelean, aún sin saber la importancia de su rol y su figura, Juan Pablo Lattanzi y Maayan Feldman construyen una propuesta única en “Puerto Almanza”.

¿Cómo surge la idea de Puerto Almanza? 

Primero nos encontramos con Puerto Almanza, como señala Juan. Ese lugar hermoso, con la belleza propia de “el fin del mundo” pero que dejaba ver sus claroscuros, sus contrastes. Un lugar aislado dentro de la isla, con casas precarias en un lugar que está atravesado por la naturaleza con todas las dificultades que hay en el extremo sur, sin los servicios que hay en las ciudades. Pero no nos quedamos con el retrato de ese poblado de una sola calle, sus pescadores, su vida cotidiana. Enseguida apreció el interés por conocer las historias que había detrás del paisaje: entender quiénes habitaban ese confín, qué los había llevado a estos hombres -en su mayoría-, a afincarse al borde del mapa.

¿Qué conocían del lugar y de los personajes?

Conocía poco, recién llegada a la isla para trabajar y aportar a la construcción del DPA, me sumé a un proyecto sobre economía e industria pesquera que se estaba filmando. Sólo conocía dónde quedaba en el mapa y apenas llegás hay elementos que sobresalen: su calle única, la montaña que acecha detrás de cada casa tapando el sol gran parte del día y todo el invierno, los pintorescos barquitos que están en la bahía, los perros que habitan el lugar y las montañas chilenas de enfrente junto a la presencia de los militares y la señal chilena del celular que te impactan como lugar de frontera. A los personajes los fuimos encontrando y conociendo de a poco cuando iniciamos la investigación. 

Siendo una película coral, documental, ¿cómo seleccionaron a cada uno?

La investigación duro un año aproximadamente. Hicimos un primer guion cuando presentamos el proyecto al INCAA en el que había 5 personajes. Era mucho más coral que lo que ahora es la película. Como todo documental, la película que pensamos en un primer momento fue modificándose y no dejó de hacerlo hasta el último día de montaje. Por supuesto que en un momento fue claro que habría dos protagonistas cuando salimos a filmar, aunque en medio del rodaje probamos e intentamos otras cosas. En ese momento en que decidimos centrarnos en Santiago y Rolo junto a sus hijos como los protagonistas, y otros habitantes como personajes secundarios, fue porque quisimos narrar el presente y pasado de estos dos hombre que tenían conflictos concretos alrededor de la paternidad y la búsqueda por salir del centro social y urbano, encontrando refugio en ese desarraigo y en esa libertad.

¿Los personajes aceptaron de una ser parte del proyecto?

Santiago desde un principio quiso ser parte y estaba incluso en el guion original. Compartimos con el desde el primer día de la investigación. Con Rolo y los chicos, así como con Yanina que está en las sombras -que estaba encerrada en la casa, fuimos construyendo la relación paso a paso. Para los chicos éramos una novedad y una compañía más o menos joven y atractiva, estimo. Jugábamos con ellos, pasábamos el rato. Con Rolo, quien tiene toda una apuesta y enojo político con el estado por diferentes causas como la escuela o la reglamentación pesquera, fuimos siguiendo esos conflictos de cerca. A veces quería hablar y otras veces era inaccesible. Todos tienen su temperamento y respetábamos la época anímica de cada uno. Una parte importante de hacer documentales es tener consciencia del lugar de uno, del acercamiento a esa “otredad” y poder sensibilizarte y capturar que puede el otro encontrar “beneficioso” en esta propuesta. Entender qué les puede interesar de la presencia de uno allí es fundamental, es parte de la construcción de esa relación que después puede tomar diferentes rumbos: más cercano, más distante, más amistoso, que trasciende o no la película.

¿Con quién fue más fácil el trabajo?

Como decía antes, con Santiago fue el más sencillo, evidentemente tenía una necesidad de hablar y contar su historia, quizás de redimirse o explicarse, de reflexionar en una escucha sincera que me permitió conocerlo mucho, con tiempo, compartir días enteros cada vez que iba y cuando se sumó el equipo en rodaje también. Es alguien a quien le gusta charlar muchísimo y también tenía muchos períodos de soledad y poco tiempo de trabajo organizado. Con los chicos era fácil engancharse, nos buscaban para jugar. Los demás fue tiempo, confianza y muchos que no quisieron abrirnos su vida ni aparecer, aunque si hablamos con muchísimos más de Almanza.  

¿Qué quedó afuera?

No quedo mucho afuera de lo que rodamos. Más que nada muchísimas horas de entrevista con Santiago que tiene una vida larga y densa y le encanta charlar. También quedó otro personaje de Tierra del Fuego que vivía en las afueras de Almanza, un hombre interesantísimo y bello, un perfil más bien ilustrado y político que participó en la fundación de la provincia. En parte porque se iba del poblado de  “Puerto Almanza” propiamente dicho y del perfil de lo que queríamos contar. Pero era un hermoso material y disfrutamos mucho de su calidez al grabar con él. Lamentablemente falleció hace unos años.

¿Qué expectativas tienen con el estreno de la película?

En primer lugar que la película se pase en el soñado Cine Gaumont es hermoso y que a su vez, pueda recorrer diferentes espacios INCAA del país es un deseo grande. Es una película hecha en la Isla, buscando contar historias de un rincón muy particular del país y del mundo. Espero que puedan federalizarse los contenidos y las miradas, habitar las contradicciones al observar y escuchar historias que pueden incomodar, que vienen de los márgenes,  pero espero que encuentren, al mismo tiempo, un eco que trascienda lo territorial, como por ejemplo en el mundo de la masculinidad.

¿Piensan seguir trabajando con proyectos que reflejen la identidad del sur?

Por mi parte ya no vivo en el sur, pero apenas volví de allá a vivir a Buenos Aires, estaba trabajando junto a otra cineasta, Tamara Horowicz, en un proyecto para el FNA sobre el mal y sucedió la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Fue así que nos llevó a la Patagonia a encontrarnos con las comunidades mapuches y también con historias muy duras y contenidas detrás de un paisaje bello y turístico. Filmamos bastante y deberíamos entrar en la postproducción dentro de poco.