30 años no es nada

La vida sin brillos retrata a diez actrices, íconos de los ochenta, que son convocadas para volver a protagonizar una obra teatral en Buenos Aires. El documental se mete tras bambalinas y retrata sus vidas en la actualidad. A treinta años de su época de gloria, ¿qué las lleva a volver?
 Hablamos con sus directores, Nicolás Teté y Guillermo Félix.

¿Por qué les interesó retratar la vida de diez actrices argentinas que son íconos de los 80?

NT:El disparador fue la obra de teatro Extinguidas, de Muscari. Fuimos a verla porque nos intrigaba ver a estas diez mujeres juntas, y al salir de la sala no podíamos dejar de pensar en ellas, en lo que decían en la obra y principalmente en su pedido de no ser olvidadas nuevamente. Nos interesaba el estilo de mujer que ellas representan y saber qué las llevó a aceptar la obra, qué las llevó a dejar sus vidas tranquilas y volver todas las noches a subirse a un escenario.

 

¿Es más difícil para dos hombres acceder y comprender ese complejo universo femenino?

NT:Fue muy interesante, me parece que para algunas cosas fue mejor que seamos hombres y para otras peor, tal vez. Ellas no tuvieron ningún problema con eso.

GF: Ellas están acostumbradas a trabajar, al menos en cine, con grupos de hombres. Vienen de una época en la que quizás tenían que filmar un desnudo o semidesnudo rodeadas de tipos. Creo que hay en ellas una naturalidad para moverse entre hombres que facilitó mucho las cosas.

¿Qué edad tenían ustedes en los años 80 y cómo influyó eso en el armado de la película?

NT:Los dos nacimos en el 89. A algunas no las conocíamos, a otras las habíamos visto en tele y a otras las teníamos de nombre, nada más. Ese fue uno de los factores que permitieron que ellas estén interesadas en la película, ver cómo las retrata gente que no las tiene en la mente como famosas y celebridades. Con el correr del rodaje yo me fui dando cuenta de con quiénes estaba trabajando y dije “esto es una locura”. También nos permitió cambiar la imagen que teníamos sobre algunas de ellas, nos sorprendieron para bien.

GF:Al haber nacido en el 89 somos más noventeros que otra cosa. Pero creo que eso, como decía Nicolás, ayudó a que nosotros las veamos como mujeres comunes y corrientes. Creo que si hubiese sido una película dirigida por alguien, por ejemplo, de la generación de nuestros padres la cosa sería muy diferente. A nosotros nos interesaba más el presente que el pasado, del que hay poco y nada retratado.

¿Cómo fue el proceso de rodaje junto a ellas?

NT:Muy interesante. Ellas fueron abriéndose y nosotros aprendiendo a hacer un documental  porque los dos veníamos de experiencias más ligadas a la ficción. Fue un rodaje que hasta me cambió el carácter. Fueron dos años de filmación, aproximadamente, entre investigación y el rodaje en sí, por lo que se fue generando un vínculo interesante, con algunas más que otras. Algunas se resistieron más que otras, mientras que por ejemplo Patricia Dal en la primera reunión ya nos contó todo lo que ella quería hacer en el documental y siempre estuvo dispuesta a ser filmada, nos llamaba a la una de la mañana y nos decía: “Voy a una milonga, vengan a filmarme”.

GF:Cuando filmábamos en camarines ellas estaban un poco “presas” de nosotros, a pesar de que a veces pecamos de tímidos y no queríamos interrumpir o meternos. El rodaje fuera del teatro se produjo junto con ellas. Ellas nos contaban qué les interesaba mostrar y en cierto punto nos lo hicieron muy fácil. Muchas veces ellas mismas hacían la preproducción, hablaban con los lugares, conseguían las autorizaciones.

¿Tenían un guion armado del documental o se dejaron sorprender por el material que iban encontrando mientras filmaban?

NT:El guión lo armamos luego de una investigación de tres meses, ahí empezamos a trabajar con los productores Marcos Martínez y María Vacas, quienes con su experiencia nos fueron ayudando a encontrar la película. El comienzo fue muy rápido: un día le escribimos un mensaje de Facebook a Muscari y a los tres días estábamos en Almorzando con Mirtha Legrand filmando la visita de Mimí Pons, entonces con todo el primer material empezamos a definir qué contar de cada una y a armar el guion. Intentamos seguirlo un tiempo pero siempre surgían cosas nuevas que sumábamos. Fue muy interesante todo el proceso de encontrar la película junto a la montajista Daniela Benedetti, con quien trabajamos durante un año.

GF:Nunca pensé en hacer un documental. Es algo muy diferente de hacer una ficción. En una ficción vos tenés el lienzo en blanco y vas agregando pintura hasta tener el cuadro terminado. En un documental tenés un bloque de piedra al que tenés que cincelar hasta llegar a la escultura. La rapidez del mundo de ellas nos obligó a adaptarnos a tiempos a los que no estábamos acostumbrados, pero nos sirvió un poco para despojarnos de preconceptos y grabar todo para luego filtrar.