70x100: Hablamos con el Colectivo Argentino de Afichistas de Cine

Nacido para entregar un premio al mejor afiche en el último BAFICI, el colectivo agrupa a varios de los mejores afichistas de cine del país en un espacio necesario de trabajo conjunto.

El afiche o póster de una película suele ser lo primero que uno ve como potencial espectador. Muchas veces es suficiente para generar el deseo de ver esa película o, al contrario, aniquila todo interés que no pudiera llegar a tener.

En el diseño, efectivamente las primeras impresiones son las que cuentan. La calidad del diseño del afiche y su importancia en la generación de un vínculo con el potencial espectador no era algo a lo que el cine argentino le diera particular relevancia. En estos últimos años, eso fue cambiando y, ya sea que se trate de cine de autor o del cine más comercial, sus realizadores empezaron a preocuparse más en cómo as piezas de comunicación se diseñan para llevar el concepto del filme a través de las calles, las redes o el mundo.

Pese a eso, la figura del afichista (que no es lo mismo que un diseñador) sigue siendo una que no llega a conocerse en la medida necesaria. Por esta razón, varios de los mejores afichistas de cine E y diseñadores del país se unieron al inicio de la pasada edición del BAFICI y conformaron “70x100: Colectivo Argentino de Afichistas de Cine”. En sus filas figuran nombres como el de Nicolás Silbert, una de las cabezas de Boogieman Media (creador de afiches para filmes de Telefé y Netflix), junto al de Andrés Mendilaharzu, (quien esuele crear los de las películas de El Pampero Cine), Diego Berakha (afichista de “Zama” y “La Reina del Miedo”, entre muchos otros) y varios más. 

Este grupo de diseñadores y artistas visuales especializados en la creación de piezas de comunicación para el cine se reunió bajo este formato colectivo para difundir, promover y poner sobre el tapete muchas problemáticas generales del sector, que hasta ellos mismos desconocían que estaban tan arraigadas, por trabajar de manera solitaria e individual. Si la unión hace la fuerza, los afichistas de cine fueron otro grupo dentro de la industria en descubrir su potencial.

La primera acción que realizó el colectivo se dio en el marco del 21° BAFICI. Allí, entregaron un premio al mejor afiche de las películas y cortometrajes participantes en competencias oficiales. De este modo, buscaron darse a conocer y poder poner en valor el trabajo de diseñadores. En la mesa redonda con la que compartimos una extensa charla estuvieron algunos de los nombres centrales que armaron este grupo: los mencionados Silbert, Mendilaharzu y Berakha junto a Leandro Ibarra y Nico Risso.

EL NACIMIENTO

El colectivo se dio a conocer en el pasado BAFICI con la entrega de un premio a Mejor Afiche, pero ¿cómo llegan a esa instancia?

Diego Berakha: Todos los años, cada vez que estaba por venir el BAFICI, yo siempre les decía: ¿por qué se premia cada rubro del cine y no el de mejor afiche? Lo decía porque no solo es a lo que me dedico, sino porque es muy fácil premiar un póster de película: es muy accesible para todos, más allá de haber visto o no el filme en cuestión. Y también porque llevaba un tiempo dándome cuenta de que, la mayoría de las personas involucradas en el aspecto creativo de la industria del cine, no considera al afiche como parte de la película. Lo sé por la ausencia de premios para ellos y también por mis años trabajando en este medio. Para el grueso de la gente, el afiche es una pieza de promoción ajeno a la película. No voy a negar que es así, por más que quisiera que fuera otro el concepto. Pero me parece que premiarlos es empezar a darles

entidad como parte del film. Y este año pensé: voy a hacer algo. Moví un par de influencias y lo llamé a mi amigo Hernán Roselli, quien me ayudó a contactar directo con la producción del BAFICI. Rogelio Navarro, el productor general, se entusiasmó rápidamente. Yo le tiré la idea para hacerlo el año que viene, porque faltaban unas tres semanas para el arranque de esta última edición. Pero me contestó que lo hiciéramos ya. El tema es que me dijo: “El premio lo tiene que entregar una entidad. No puede ser una persona particular”. “No hay problema; hago un colectivo de diseñadores de afiches”, le digo (risas). Ahí lo llamé a Leandro y empezamos a buscar nombres. Los contactamos a todos y todos dijeron que sí de inmediato. De esa manera se formó este grupo de gente hermosa. 

¿Todos dijeron que sí a este grupo para dar el premio en el BAFICI o les interesaba que se extendiera hacia cuestiones más referentes al trabajo del afichista en el medio?

Leandro Ibarra: La urgencia era la de organizarnos y decidir qué elementos tomar en cuenta para la votación y elección del ganador del premio. Eso nos llevó a unirnos de inmediato. Pero como todos nos dedicamos a esto, en las charlas empezaron a surgir cuestiones que tienen que ver con el manejo cotidiano de la disciplina. 

Nico Risso: También hablamos sobre que es una profesión bastante solitaria y particular. Entonces, por lo general, podés conversar con diseñadores, pero no con personas que se encargan de hacer afiches de películas. Estuvo bueno el encuentro para descubrir que todos tenemos los mismos tipos de problemas, las mismas preguntas y, también, nos sirvió para compartir tips. 

Andrés Mendilaharzu: Está la gente que hace branding, packaging y estamos nosotros que hacemos los afiches de cine. Para la premiación, como muchos venimos de la docencia, tenemos también el conocimiento en esto de hacer una clasificación y poder hacer una mínima investigación por el tema de los plagios, algo más difícil de averiguar cuando tenés diseños que vienen de todas partes del mundo. Por suerte no hubo ese tipo de situaciones (no que supiéramos).

Leandro Ibarra: Pero en esta charla pronto empezaron a aparecer las problemáticas en común que padecemos en el ambiente. Y se armó esta idea de organización, de pensar a la profesión desde lo colectivo, como algo más sindical. 

Diego Berakha: Yo viví de cerca los momentos en los que se armaron asociaciones como SAE y EDA. Ese espíritu colectivo muchas veces sirve para generar espacios o dar ciertas luchas… Es distinto que estar batallando de manera individual el propio trabajo. Lo cierto es que este es el laburo que a muchos diseñadores les gustaría tener, entonces se especula con eso, en el sentido de que el diseñador en particular no suele unirse de colega a colega y hablar de distintos temas: ¿cuánto cobrás?; ¿en qué condiciones trabajás? No se ve eso demasiado seguido.

Nico Risso: Ya la instancia de poner en común las experiencias me parece muy enriquecedor. También la idea de ponernos en contacto con gente que está haciendo afiches en otras partes del mundo. Todo lo que tiene que ver con la profesionalización, se maneja mejor de manera colectiva que individual.

¿Cuáles son esas problemáticas generales que encontraron en el medio?

Nicolás Silbert: Creo que estamos todos intentando educar a la industria de la comunicación a entender la naturaleza del afiche como parte de una campaña de producción; y que el productor o el director entienda la importancia de pensar en eso desde el punto 1 del proceso creativo de una película. De asesorarse, de producir un buen material fotográfico, de tener gente que no solo sea diseñador sino diseñador de esta rama. El que se dedica a hacer afiches de cine sabe dónde se va a ver cada pieza, en qué formato, en qué medios, durante cuánto tiempo, qué tiene que contar. Y creo que la idea es validar el proceso de comunicación del hecho artístico/comercial que es la película. Y maximizar, en esta industria tan dura que es el cine argentino -en particular, en lo que respecta a la comunicación, en la que siempre tenés una ventana de espacio muy chica y una competencia

ardua-, los elementos de comunicación para sacarle el mayor provecho a esa pieza en la que pasaste años trabajando como director o productor. Otra cosa que hay que entender: hay que pagarle a gente que se dedica a eso. Porque esa plata vuelve. No hay que resolverlo, hay que invertir. Entonces a través de nuestra experiencia, buscamos generar ciertos consejos o reglas que ayuden a las productoras a potenciar su ventana de exposición. 

Leandro Ibarra: Hay cierta docencia que uno hace en el diseño. Es una disciplina en la que la gente dice “ay, qué lindo esto” y porque se ve “fácil” o porque es una imagen plasmada en una pieza de 70x100 parece que es algo que se limita a: “bueno, es una foto, una tipografía, ya está”. Hay cientos de años de historia y el afiche, en su concepción, sigue siendo lo mismo: una imagen y una tipografía. Pero hay un abanico enorme de posibilidades entre una pieza excelente y una muy mala, teniendo básicamente los mismos elementos para producirla. Desde el 1800 hasta hoy, la tipología de la pieza no cambió, es lo mismo. Ves un afiche de Toulouse Lautrec y ves uno contemporáneo y su estructura es la misma. Ahora, la relación entre eso requiere de un proceso semántico y estético en el que -para conseguirlo- uno se forma, se prepara. El diseño es una disciplina que se nutre de otras y, entre ellas, está el cine.

Diego Berakha: En cuanto a la problemática, siempre está esta cuestión de la mirada del diseñador, la mirada del director, la mirada del productor o del distribuidor y todos -a veces- manejando intereses diferentes. Y salir bien parado de esa situación creo que es lo que lleva a formar el oficio. Porque muchas veces no vale la pena ni pelearte ni tratar de evangelizar al otro. 

Leandro Ibarra: Uno tiene que construir un vínculo: con el director, con el productor, con quien sea. Ellos están años pensando en ese proyecto: un editor puede estar un mes, dos meses o más, trabajando con el material. Y sin embargo aparece, en la mente del director y, por lo general, en la del productor, la necesidad de que la pieza esté resuelta en muy poco tiempo. Y encima de manera en la que pareciera que uno tiene el poder de traducir todo ese proceso que te llevó años en un afiche porque charlamos un rato y recibí una foto fija. Cuando dimos una charla con Diego sobre este tema, casi que obligué al director de una película -en cuyo afiche estaba trabajando- a que fuera, porque le dije: vos y yo vamos a estar trabajando en esto y hay un montón de cosas que estaría bueno que las escuches si tenés ganas de trabajar conmigo. Lo demás, el trato del día a día, lo aporta el oficio. 

 

EL AFICHE EN EL CINE ARGENTINO

Nicolás Silbert: Muchos directores me preguntan por el logotipo que forma la fuente del título; si tiene que ser la misma de la secuencia de títulos. Y no necesariamente. Siempre doy el ejemplo de “Matrix”, que en la secuencia de títulos, el font utilizado es una tipografía de letra de código de programación que es funcional a lo que se cuenta en la película. Pero en el afiche, el título y los nombres de los actores están escritos con una tipografía tecno que nada que ver. 

Diego Berakha: También estamos en este mundo Netflix en donde el logotipo cobró un valor que no lo tenía hace cinco años atrás. Yo creo que hoy eso lleva a repetirte -dentro de la generación de ese material-, porque en las plataformas muchas veces lo único que va a circular es el logotipo. Ya ni siquiera hay un concepto de póster para lo digital. De “Black Mirror”, te acordás del vidrio roto y ya lo identificás con ese producto. Esa generación de identidad hoy puede ser mucho más líquida que en otras situaciones. 

Leandro Ibarra: Pese a eso, uno trabaja para lograr piezas memorables. Los buenos afiches te dan una impresión que después, cuando vas al cine, no te sentís decepcionado. Eso trasciende la morfología de la pieza. 

Andrés Mendilaharzu: Pero eso es cuando hay afiches con identidad propia. Hay muchos afiches que son solo la cara de Darín con el texto, y ese diseño no describe la película para nada.

Leandro Ibarra: Bueno, pero la cara de Darín gigante con una iluminación determinada, te da un tono de thriller; y una imagen más ilustrada, más publicitaria, te da una idea de comedia contemporánea. Y esa es una decisión de diseño. Es lo que decíamos el otro día de ¿cuándo te das cuenta que intervino un diseñador? Es el caso de “Kryptonita”, con la foto de Capusotto retocada, publicitaria, como una ilustración hiperrealista, y todo acompañado de una tipografía que tiene el estilo de superhéroe. Ahí nomás con dos elementos ya tenés el código de lo que vas a ver. Ahora, si con ese afiche después voy a ver un drama de Bergman, me engañaron, ahí no hay coherencia. Y hablamos de un afiche súper comercial, pero muy bien cuidado con conceptos que no los va a ver mi mamá como espectadora común y corriente, pero nosotros los diseñadores, sí.

Nicolás Silbert: Es importante no quedarse atrás y tratar de comunicar el salto de calidad que se generó en el cine argentino, más allá de tu apreciación personal sobre el contenido. Siempre estuvo la concepción generalizada de que el cine argentino era de menor (o de mala) calidad, desde el lado de la producción (imagen, sonido, etc), que el cine norteamericano. Obviamente no se puede lograr lo mismo que en Hollywood con cientos de millones de dólares de presupuesto. Pero en el afiche, sí. Porque tanto allá como acá se produce con lo mismo: un fotógrafo, dos flashes, un Photoshop y un diseñador. Es lo único en la industria que no requiere millones de dólares para llegar al máximo nivel de calidad. No nos podemos arriesgar a que siga pasando (y que no deberían hacer los que se dedican a esto) que, por no pensar en el primer impacto que genera la pieza con el espectador, la gente se pierda de entrar a ver una película. Porque no es presupuesto lo que se necesita para un buen afiche. Lo que se necesita es diseñarlo en base a un plan.