Amamos a Bruce

Reseña publicada en la edición impresa del mes de mayo de 2013.

Amamos a Bruce y eso quizás a algunos les parezca extraño. Muchos verán en él al representante del peor chauvinismo norteamericano o a un leñador con mal gusto y voz seria. Pero Bruce es mucho más que eso. Su representación de los Estados Unidos es platónica pero también sincera: nunca ignora sus defectos o sus errores. Los Estados Unidos de Bruce son unos Estados Unidos de la mente, donde la posibilidad es lo que importa, la posibilidad, la igualdad de oportunidades, las personas que forman parte de ellos y les dan sentido; no es casualidad que algunas de sus mejores canciones sean pequeñas fábulas que se entrometen en la vida de personajes vencidos o sin esperanza y, a través de un rayo de luz que puede ser un auto, un país o un gesto romántico, de pronto escapan y se vuelven mejores. La biografía creativa de Bruce puede ser trazada con calco sobre la historia de su país en las últimas tres décadas. Por ello era interesante ver qué iba a hacer en este nuevo disco, producto de dos conjunciones muy particulares: por un lado la muerte de su saxofonista de toda la vida, Clarence Clemons, el año pasado; por otro la polarización económica de los Estados Unidos, el crecimiento del libertarianismo, los efectos de la crisis. Como buen clásico norteamericano, Bruce se enfrenta a estos problemas con espíritu y enojado, pero sin perder la energía. Desde el título, que se apropia de la destrucción y los escombros. “We Take Care Of Our Own”, el primer tema, parece en primer lugar una celebración del patriotismo norteamericano para revelarse como una diatriba ácida y cargada de bilis contra un gobierno que, justamente, no ha cuidado a nadie. “Death of my Hometown” es una especie de balada irlandesa de guerra y muerte pero cuyo objetivo son los créditos, el flujo de dinero. Es un disco que muchos han comparado con “The Rising”, su disco post 9/11, al menos en cuanto a sus temas y su manera de procesar un momento histórico difícil. Pero a diferencia de ese, que estaba cargado de melancolía, este parece un canto de renacimiento, esperanza a futuro. Como si se hubiese perdido todo pero todavía se pudiese reconstruir, armados solamente con el inquebrantable espíritu humano. Por ese tipo de cosas amamos a Bruce.

Bruce Springsteen toca el 14 de septiembre en el club GEBA, en Buenos Aires.