Antes del estreno

A sus 48 años, Valeria Bertuccelli se pone delante de la cámara sin abandonar su rol como actriz. La reina del miedo, codirigida con Fabiana Tiscornia, dibuja los estados de ánimo de una actriz a días de debutar en un unipersonal, sumado a un llamado que lo cambiará todo. Luego de tener su estreno mundial en el Festival de Sundance, y de llevarse el premio a Mejor Actriz, llega esta esperada película a la cartelera argentina.

“Lo pienso como algo que era inevitable”. Valeria Bertuccelli define a su debut como directora como un salto evolutivo lógico y necesario para su carrera. Luego de una larga trayectoria como actriz, alternando en cine producciones independientes y de culto (Silvia Prieto, Extraño) con películas de un perfil más accesible y masivo (Me casé con un boludo, Un novio para mi mujer), Bertuccelli sintió el impulso y la necesidad de contar su propia historia. Para llevar a cabo esa tarea dejó su carrera profesional en suspenso durante más de un año para encerrarse y escribir su primera película. El resultado es La reina del miedo, el relato sobre una actriz que estando al filo de un estreno se topa con diversas situaciones laborales, personales, familiares, que absorben su tiempo y sus fuerzas cambiando, en algunos casos literalmente, el rumbo de su vida. El personaje de Bertuccelli sortea esos conflictos paseándose entre el drama y la comedia, transformando lo que en principio era una sucesión de obstáculos en el combustible definitivo para poder subirse a escena.

 

La producción de La reina del miedo tuvo algunas idas y vueltas hasta que terminaste asumiendo el rol de directora. ¿Cómo fue ese proceso?

En realidad todo volvió a su punto inicial. Cuando yo la escribí lo hice pensando en dirigirla y actuarla. Primero se la llevé a Lita Stantic, que le encantó, pero me dijo: “Me parece mucho que también la dirijas. Es tu primera película, tenés un personaje que está de punta a punta, le pasan mil cosas y está destruido durante todo el relato. Pensemos en otro director”. Yo estaba tan contenta con poder hacerla que no tuve problema, solo que no se me ocurría algún director de acá que pudiera entender el tono que había imaginado. Entonces se me ocurrió Mar Coll, una directora catalana con la que ya había trabajado. Si bien ella no hace películas por encargo, leyó el guion y le interesó, de hecho habíamos avanzado bastante. Estábamos a 15 días de empezar cuando, un clásico en el cine, se cayó un dinero y de golpe se paró la película. Había que esperar un año más. Entonces fui a Rei Cine, les llevé el guion y me dijeron que para ellos era mucho más fácil pensar la financiación de la película si era argentina, y que por otro lado les gustaba mucho la idea de apoyarme a que yo pudiera hacer mi primera película. Entonces me propusieron una codirección, y ahí se me ocurrió Fabiana.

 

Hablaste del tono de la película. ¿Cómo lo definís?

Para mí es un tono que tiene algo tragicómico. Es dramático pero está contado muchas veces desde el absurdo. Hay escenas que las ves y son casi absurdas solo porque la realidad está contada tal cual. Hay veces en las que la realidad tal cual se desvanece y se pone absurda, y decís: “No puedo creer que esto sea una conversación sobre algo tan trascendental”.

 

Hay algo en ese manejo del absurdo que emparenta a tu película con el cine de Martín Rejtman, un director que te conoce y que te acompañó en la elaboración del guion.

La mirada de Martín me vino súper bien porque es un director con el que trabajé y admiro. Hacía un tiempo largo que no nos veíamos, y cuando terminé de escribir el guion pensé: “Ay, si me estuviera viendo más seguido con Martín le diría…”. Ahí me di cuenta de que era la oportunidad perfecta para llamarlo y que nos volviéramos a ver. Cuando lo leyó me hizo una devolución que me ayudó mucho, y después fue de los pocos a los que les mostré el primer corte, que es como un esqueleto. La película tiene algo de ese tipo de absurdo, como si fuera sin remate.

 

Sí, de situaciones que no están subrayadas.

Sí, empezás a entender de lo que se habla no por lo que se está diciendo sino porque está en el aire, todo pasa más por lo que no se dice.

 

¿Cómo fue el proceso de escritura del guion?

Yo venía escribiendo cosas sueltas, situaciones, personajes, ideas. Tenía la compu ahí porque sabía que había cosas que quería escribir pero a la vez estaba actuando y quería ponerme a escribir el guion, aunque trabajando como actriz nunca llegaba a tener el tiempo. En un momento me empezó a pasar que estaba actuando, trabajando en otra cosa, y cada vez más me llamaba esto de escribir, y ahí me di cuenta de que no iba a poder terminar un guion si no me tomaba un tiempo. Entonces decidí parar un rato, tratando de no tentarme porque lo que pasaba muchas veces era que por ahí me llegaba una propuesta que estaba buena y tenía que dejarla. No sabía si iba a poder hacerlo, nunca había usado el Final Draft, nunca había estudiado guion, solo había escrito. Las primeras cosas que hice en teatro las escribí yo. Pensaba que, por lo obsesiva y detallista que soy, iba a tardar mucho más, y no, fue de un tirón. Fue genial haber parado porque estaba todo el día con el guion. Luego hablé con Pablo Soler para que me ayude, le conté la historia y él me dijo: “La tenés toda escrita sobre el agua, solo te falta bajarla al papel y lo único que necesitás es presión, así que lo que voy a hacer es ejercer esa presión. Una vez por semana me vas a entregar entre 15 y 20 páginas escritas”. Pablo me enseñó a usar el Final Draft, y una vez por semana se lo mostraba y me decía: “Perfecto, seguí así”.

 

¿Cómo construiste a la protagonista?

En un momento me peleé mucho conmigo misma en cuanto a si el personaje iba a ser o no actriz. Pensaba que podía ponerse muy autorreferencial pero en un momento me di cuenta de que cuando escribo sobre lo que conozco, sobre lo que tengo más observado, lo hago mejor. Me gustaba la idea de que alguien no puede con la realidad y sí con la ficción, que ella arriba del escenario puede resolver pero en la vida no puede decidir si plantar un árbol o limpiar su casa. A veces uno cree que los directores son lo que muestran en sus películas, que Woody Allen es un ciclotímico, pero qué sé yo, es un personaje que hace, escribe sobre lo que lo aturde en la vida. Pelearte con lo que te divierte y te conmueve es al pedo. Entonces decidí que me tenía que arriesgar y no me tenía que importar, y decidí que la protagonista fuera actriz. Me interesaba mostrar qué pasa si en un momento importante uno decide dejar todo, y sentía que con el ejemplo de ella trabajando en teatro se podía ver claramente el riesgo que implica una decisión así.

 

¿Es verdad que tuviste como referencia a La pantera rosa para armar el personaje?

Cuando se lo dije al equipo la primera semana se rieron, y la segunda empezaron a decir: “Es re La pantera rosa”. Es por un modo de caminar, toda flacucha, había algo que cada vez más confirmaba eso. La pantera rosa resume muy bien el absurdo. No hay personaje más melancólico que la Pantera Rosa, y que a la vez tenga humor. Está sola todo el tiempo: come sola, se ducha sola, no logra relacionarse bien con la gente. No entiende el afuera. Es triste y melancólico y a la vez te hace reír.

 

¿Qué es lo que te atrajo del miedo como tema para la película?

El miedo tiene un efecto, te puede dejar paralizado o puede ser un motor. Te aplasta o te hace sacar una fuerza extra y que tomes una decisión que te transforma. Me gustaba eso, mostrar a un personaje que es transformado por el miedo. Cuando estaba escribiendo la película veía esas historias del tipo “una niña quedó atrapada debajo de un auto, vino la madre y lo levantó”. Esa es la fuerza que te hace sacar el miedo. Cuando era chica tenía mucho miedo. Mi papá venía a la cama y me daba charla hasta que en un momento me dijo: “Valiente no es el que no tiene miedo, sino el que lo traspasa y hace lo que tiene que hacer”, y me quedó como consigna en la vida. Esa idea te da una herramienta para aceptar que estás asustada y aterrada, que es normal, y que el paso siguiente es avanzar. El miedo muchas veces te alerta, te despierta; lo veo en mí y también a mi alrededor. Está la gente que se queda y la que da un paso y se transforma en otra cosa.

 

La reina del miedotambién puede ser tomada como un comentario acerca de cómo el artista, cuando no está en el escenario, tiene que lidiar con la vida cotidiana como todos los demás.

Esa idea acerca de los artistas la tenemos en miles de películas, está en esa cuestión de que “el show debe continuar”, pero yo creo que eso pasa en la vida todo el tiempo. Venís a hacer una nota pero quizás te pasó algo tremendo y tuviste que venir igual. Muchas veces pasa que estás hablando con alguien y en un momento se quiebra y te dice lo que le acaba de pasar. Mi personaje todo el tiempo está haciendo un esfuerzo muy grande, pero al mismo tiempo también me interesaba la idea de: “No, el show no debe continuar si no querés que continúe”. ¿Qué es lo importante en la vida? ¿Viste la clásica, cuando pasa algo, alguien se enferma, todo de repente cobra el sentido real y bla, bla, pero después decís “cómo puede ser que me lo olvidé en dos segundos”? Muchas veces uno cree que lo más importante es algo que no es nada. Me parecía muy lindo destruir ese concepto. El show no debe continuar y no pasa nada. No hay ningún show que sostener. Cuando sabés que el lugar en el que estás parado no es el correcto, que no te hace bien, hay que saber dar un paso al costado. Me parecía lindo hablar sobre eso.

 

Fuiste a buscar especialmente a Marcelo Tinelli como productor. ¿Cómo fue el trabajo con él?

Con Marcelo nos conocemos desde años, somos amigos. Hace un tiempo estábamos hablando de cine y él mencionó algunas películas, por ejemplo El gusto de los otros, que no imaginé que le podían gustar. Me llamó la atención que le gustara tanto el cine y en particular ese tipo de cine. Desde el principio, cuando estábamos produciendo con Lita, pensé en Marcelo y lo llamé. Le expliqué que tenía un guion pero que era una película chica, con un registro extraño, y no sabía qué podía pasar. “Leelo y con honestidad total me decís si te interesa”, le dije. Lo leyó y me hizo una devolución que estuvo buenísima. Me habló muy precisamente sobre un par de escenas que a mí me importaban mucho, y lo que me dijo me llamó la atención. Después, cuando el proyecto cambió y le dijeron que iba a dirigirla yo, me puse muy nerviosa. Siempre nos reímos sobre eso. Todo el tiempo tuvimos mucha comunicación, y fue uno de los pocos a los que les mostré la historia.

 

¿Cómo fue la experiencia de presentar La reina del miedo en Sundance?

Sinceramente, fue una alegría para mi espíritu que necesitaba hace tiempo. No por el premio o porque haya entrado la película; era la alegría de compartir a la par con gente a la que yo admiraba en un festival de cine. Mandamos la película avisando que faltaba corrección de sonido y color, y dijimos: “Bueno, la mandamos”. Luego seguí trabajando con la sensación de no saber si lo que había hecho estaba bien. Cuando estuve allá me pasaba que terminaba la película y había que charlar con el público y las preguntas eran lindas. Me hizo re bien.

 

¿Tuviste algún director como referencia?

Tengo directores que me gustan pero no seguí una referencia concreta. Es más, eso me amargaba porque los chicos de la productora me pedían, pero después de mucho tiempo me dijeron que estaba perfecto que no tuviera. Sí tenía muchas referencias de la pintura. Para la escena del corte de luz, por ejemplo, mi referencia fue Rembrandt.

 

¿Hay una ventaja en dirigir y actuar al mismo tiempo?

Lo pienso como algo que es inevitable. En un momento pensé en hacerlo con otra actriz, pero la verdad es que tenía tan en la cabeza cómo era el personaje que me di cuenta de que podía pasar algo que como actriz no me gustaría que me pase: que me marquen tanto. O sea, iba a volverla loca. Es lindo cuando te dejan crear y armar el personaje. Entonces lo disfruté mucho, incluso tener que correr detrás de cámara para corregir. A veces era gracioso porque estaba llorando y pedía el corte, o terminaba de hacer una toma y pedía otra rápido sin querer volver a verla porque actuando ya me había dado cuenta de que había faltado algo. Fue trabajar de otra manera, pero muy disfrutable.

 

¿Cómo llegó Fabiana Tiscornia a sumarse como codirectora?

Fabiana se me ocurrió porque ella estaba dentro del equipo como diseño de producción en la época que habíamos estado con Lita. Entonces ya venía escuchándome mucho y yo sentía que tenerla era mucho terreno ganado. Fabi ya sabía qué tipo de actores buscaba y arengaba mucho a que pudiera hacer la película, entonces me parecía que estaba bueno que también fuera la primera para ella, que tiene bocha de experiencia como asistente de dirección. La idea era básicamente que yo no estuviera sola en el set para plasmar lo que tenía en la cabeza.

 

¿Cómo organizaban el trabajo en el set?

La dirección de actores era algo que quería hacer yo, incluso conmigo misma. Luego, para el set, sí nos organizamos como una codirección. Pensamos en hacer todo juntas, sin distribuirnos las tareas porque iba a resultarme imposible no meterme en algo. La idea fue que Fabi pudiera bajar lo que estaba en el guion, entonces lo que hicimos fue ver todo lo que estaba escrito, lo que nos gustaba de puesta dejarlo y lo que no nos gustaba pensarlo las dos juntas. Había ideas mías, de Fabi y de las dos juntas. Solo dejamos sin planificar muy poquitas cosas que dependían mucho de la locación. Entonces yo llegaba dos horas antes de lo que tenía que llegar como actriz porque tenía que hacer un recorrido junto a Fabi, el director de fotografía y el asistente de dirección. Hacíamos toda la puesta juntos y después yo iba a maquillarme y Fabi se quedaba en el set; entonces todas las preguntas de la puesta iban a Fabi y yo estaba con los actores, y mientras se iban cambiando hablábamos de la escena. Luego empezábamos a ensayar y era un fluir, Fabi veía algo y me decía, yo terminaba y corría a ver. La dirección era algo que necesitaba cuidarlo yo y era entendible, porque había escrito el guion y sabía qué cosas buscaba. Después con la edición pasó algo parecido: la idea era llegar a un primer corte juntos y que yo pudiera seguir editando y trabajando. Una vez por semana le mostraba a Fabi, que me hacía una devolución.

 

¿Tenés planeado seguir sola?

Me gustó mucho y me dan ganas de seguir sola. La experiencia de codirigir tenía que ver con el hecho de que se trataba de una primera película y que uno sabe si puede o no. Fabi se ofreció a ser mi asistente, pero me parecía más lindo decirle, por su generosidad, que también sea directora. Lo próximo sí me dan ganas de hacerlo sola. Estoy tirando ideas en una carpeta; ideas, escenas, personajes, todo lo que me va surgiendo.

 

 

La reina del miedo

De Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia

2018 / Argentina - Dinamarca / 107’

Estreno: 22 de marzo (Buena Vista)