Arcade Fire y Savages en Lollapalooza

A horas de que comience la primera edición local del festival fundado por Perry Farrell, analizamos los nuevos discos de Arcade Fire y Savages, dos de las bandas más interesantes que integran el line-up.

Arcade Fire

Reflektor

Merge/Universal

Por Amdeo Gandolfo

Un disco es varias cosas a la vez y contiene diversas narrativas: por un lado, el lugar que ocupa dentro de la obra de la banda; por el otro, el que ocupa dentro de la narrativa individual de cada uno en el momento en que se pone en contacto con el disco; y, por último, el lugar que ocupa en la narrativa de aquello que lo rodea: competidores, los otros discos del año, el estado de la música en general. Un disco, en estos muchos niveles, puede ser leído de formas contradictorias.

Todo esto surge a raíz del último disco de Arcade Fire, quizás la última banda indie que encara cada una de sus producciones con la intención de decir algo, y que a la vez busca que eso funcione dentro de su obra, que sea renovador en el panorama que lo rodea y que afecte profundamente la vida de sus fans.

El año que pasó estuvo repleto de discos importantes que buscaban rescatar la obra musical como una obra artística y el formato disco como un evento (Daft Punk, Bowie, My Bloody Valentine, The Knife), y Arcade Fire llegó a fin de año con las mismas intenciones y con un disco que prometía ser su Remain in Light (Talking Heads), o algo semejante. Producido por James Murphy, con influencias del disco y el new wave de Nueva York de fines de los setenta, parece un disco hecho especialmente para que me guste. Al mismo tiempo, busca ser un quiebre en la obra de la banda, ya que incorpora la noche a su repertorio de estados de ánimo.

Y, al final, pasa lo mismo que con todos los discos de Arcade Fire: después de un primer tema muy bueno (el que da título al disco), se disuelve en un conjunto de composiciones dramáticas e indistintas que, para la altura del séptimo u octavo tema (encima es un disco doble), ya no te dicen nada. No sé, no recuerdo ningún tema. Y eso que lo escuché repetidas veces, con fervor, tratando de que me gustara, porque siempre me dio un poco de culpa que no me guste Arcade Fire, la Gran Banda de los Dos Mil, los Tipos Importantes. Pero no, no hay caso. Por ahí hay un tema sobre Juana de Arco. Es todo lo que recuerdo.

Es una pena, porque todas las marcas a las que hacen referencia están bien, y no puedo evitar tenerle aprecio a una banda que aún pretende ser importante. Pero justamente esa seriedad me resulta alienígena, ajena. Arcade Fire es una banda demasiado preocupada por quedar en la Historia. Quizás, en el fondo, lo que realmente le falta es alegría.

 

Savages

Silence Yourself

Matador

Por Juan Pablo Álvarez

Ya no es común que las bandas se tomen muy en serio. Al menos no en términos de “mensaje”. Savages, flamante banda neo post punk (el bello arte de acumular prefijos) de cuatro chicas, incluye en la misma portada de su álbum debut un pequeño manifiesto donde aparecen algunas de las ideas que atraviesan el disco (cierto luddismo, un feminismo no victimista, una suerte de new age violento). Y si a esto le sumamos las referencias a Cassavetes, la banda londinense ya cuenta con un aura diferente que convoca. Afortunadamente, su música está a la altura de su aura, ya que si bien Silence Yourself no revoluciona, sí sacude fuerte. Es verdad, Jehhny Beth se ve como Ian Curtis y canta como Siouxsie Sioux, pero que la música de Savages sea obviamente derivativa no le resta mérito a una obra que cuenta con muchos estallidos interesantes. Su combinación de oscuridad post punk y base rítmica endiablada (más cercana a Zeppelin que a Gang of Four) genera momentos irresistibles de adrenalina psicótica y allí están para comprobarlo No Face, City’s Full, She Will o la brillante Husbands. Definitivamente, Silence Yourself es mucho más que un manifiesto bonito.