Atención al público (Última parte)

El INCAA se pone a disposición de la industria para generar audiencias, pero ¿se pone el resto de la industria a disposición del INCAA? ¿Cómo pueden los realizadores y la distribución colaborar para la construcción de un negocio más saludable?

1. En una época signada por la desintermediación, la distribución tiene que ser una intermediación virtuosa para no desaparecer. La sobreoferta de contenidos y el mito de la llave que tenemos los distribuidores para entrar a las salas no son suficientes para hacernos imprescindibles. En muchos casos no somos ni siquiera necesarios.

2. La saturación de películas, y la saturación de empresas distribuidoras, sirve a los distribuidores como un justificativo sólido para no brindar un servicio (que al menos parezca) inevitable.

3. La tarea de distribuir va a sobrevivir, pero las empresas de distribución pueden desaparecer. En un mundo sobreinformado y funcionando en red, una parte de nuestro negocio sigue resistiéndose a los cambios, de los que siempre se sorprende. Corremos en ojotas a un negocio que anda en moto.

4. El hecho de que una película de Lucrecia Martel ambientada en el 1700 sea estrenada por Disney es un signo elocuente de la desconfianza que los productores locales sienten por el músculo de la distribución independiente, y habla de cuán tentador es sentirse jugando en las grandes ligas. Un monstruo creado por la antigua Secretaría de Comercio que, aparentemente, ya no volverá a su estado anterior.

5. Para explicar los males del negocio del cine independiente, muchos distribuidores decimos que hay demasiadas películas. ¿Pero somos los distribuidores un filtro eficiente para esta sobreoferta? En medio de la crisis se siguen creando empresas distribuidoras, y en los últimos 10 años nadie aportó más a la superpoblación de contenidos que las distribuidoras independientes.

6. El INCAA, por su parte, contribuye a los estrenos de varias formas. Además de la Cuota de Pantalla y Media de Continuidad, hay apoyos de comunicación y subsidios a la distribución, o la posibilidad de recuperar gastos. El impacto de la Cuota y Media es relativo, y ninguna de las otras formas de apoyo genera una distribución de mayor calidad para nuestro cine. Apenas el Premio Incentivo ayuda a que algunas empresas puedan brindarles servicios de distribución a algunas películas que, si fuera por los porcentajes de taquilla, serían inviables.

7. El apoyo de comunicación es casi simbólico, y se otorga de manera automática, con pautas diferentes para películas grandes o chicas, aunque siempre idénticas para cada categoría. No existe nada en el medio para el INCAA, y no hay ningún matiz entre películas ni entre pautas publicitarias. La falta de una asignación inteligente, y la división de todo el contenido nacional en dos bloques, es aún peor que lo minúsculo de la ayuda misma.

8. Las herramientas y los apoyos que el INCAA destina a generar una distribución de mayor calidad para el cine argentino se ven opacados por un mercado al que no regula de manera eficiente.

9. El apoyo real del INCAA aplica para las películas de hasta 20 pantallas de estreno, pero el tamaño de la ayuda real las hace posibles aunque, generalmente, no rentables. Esta especie de respirador artificial que tiene a disposición una gran parte de nuestro cine no sería mucho más efectivo si los estrenos tuvieran a disposición lo que, para muchos realizadores, es el monto mínimo para un estreno: 5 veces más grande que la mayor de las ayudas del INCAA.

10. Una película mala no se puede convertir en buena a fuerza de presupuesto, pero una película buena puede sobrevivir a un estreno escuálido. ¿Por qué pasa esto, si nuestros realizadores no tienen la menor idea de distribución? Por azar.

11. La distribución debe ser enseñada en las escuelas de cine en parte porque hoy no hay espacio para aprenderla en la práctica. Estrenar una, dos o cinco películas no alcanza para saber de distribución y menos aún para formar distribuidores. No hay equipos ni responsables de las tareas de distribución en el equipo de una película.

12. En la ENERC hay un solo cuatrimestre de distribución, solo para la carrera de producción, en su tercer año. En la FUC podés aprender francés, o anotarte en Pensamiento Contemporáneo, pero no hay una materia específica sobre distribución de cine. Nada en el Cievyc. Casi nada en la FADU. La irresponsabilidad de los planes de estudio de nuestras escuelas de cine es reflejo de la tendencia histórica a concentrarse en cuestiones de producción y no en cuestiones comerciales, cuando hasta el Estado ya reconoció al cine como industria.

13. Sumemos a expertos en distribución, exhibición, marketing y toda la cadena de valor de la comercialización de cine a jurados, comités, foros, concursos, escuelas, programas de tutorías y cualquier espacio de encuentro con realizadores.

14. Si el contenido es rey, y queremos un contenido con público, acerquemos las herramientas de la distribución a los responsables del contenido. Dejemos de pensar de qué manera el público se acerca a nuestra película para pensar cómo nuestra película se acerca al público.

15. ¿Y qué película quiere ver el público? La idea de que una encuesta sobre hábitos de consumo nos puede orientar sobre qué tipo de película deberíamos producir contiene dos riesgos: por un lado, qué se pregunta, a quién, y cómo se procesa esa información determinan la respuesta, y sería necesario un organismo lo suficientemente experto y ecuánime para llevar adelante este estudio. Por el otro, pensar que un estudio de mercado puede darnos una definición de qué tipo de cine tiene sentido y cuál no es condenarnos a trabajar sobre lo que la gente ya conoce y consume, un aporte más a la concentración y la falta de diversidad.

16. Si los realizadores son expertos en crear personajes, o en encontrar a sus personajes, que en cada guion escriban, también, el personaje de su espectador. ¿Cómo es, dónde vive, cómo piensa, cómo se viste, y cómo dialoga con su propia película su audiencia?

17. En un país con abundancia de asociaciones, cámaras y agrupaciones varias de directores y productores como el nuestro, ninguna puso en marcha jamás ningún equipo de distribución al servicio de sus integrantes, como sí lo hicieron en Francia y en Brasil. Los proyectos de distribución de nuestros realizadores en general tomaron la forma de nuevos pedidos de ayuda al INCAA, cuando cada una de las asociaciones que los agrupa tiene todo lo necesario para hacer por sus películas más de lo que muchos distribuidores podemos hacer por ellas.

18. La distribución no ocurre más allá de la película: es una porción de la vida de cada una. El público completa un círculo que solo es virtuoso si lo incluye. Si la producción puede ser un negocio en sí mismo, la distribución tiene que ser un negocio aún mejor para que los realizadores se involucren con su público.

19. Nuestro microscópico star system necesita nuevos integrantes. Tenemos stars pero carecemos de system. Se trata no solo de explotar estrellas, sino también de descubrirlas y promoverlas, algo que el cine no logra casi nunca y que, diría, el teatro de revista hace maravillosamente.

20. El INCAA y los demás fondos que apoyan al cine argentino tienen que pedir planes de distribución, y tienen que empezar a considerarse los recursos necesarios para la distribución en los equipos y presupuestos de cada película subsidiada por el Instituto. Que el INCAA trabaje en generación de audiencias es también poner la burocracia al servicio del retorno público para los fondos públicos.