Balance 2018: El cine nacional en estado de alerta

En un año clave para la industria cinematográfica, en donde las especulaciones y realidades marcaron una tendencia productiva en baja, las realizaciones nacionales continuaron dando batalla.

La siempre dolorosa salida al mercado, con un panorama complicado sobre la exhibición y distribución, hizo que realizadores y productores buscaran alternativas de comunicación y difusión.

Los premios en el exterior, las ventas internacionales, y el consumo de películas locales en el “Super Agosto” hablan de una tendencia de consumo que persiste, pero que debe ser fomentada desde el Estado con un apoyo continuo a producciones independientes, fortaleciendo los mecanismos de llegada al INCAA y evitando demoras en conjeturas previas a los rodajes.

2018 será recordado por ser un año movido en materia de cine y producción nacional. Pocas producciones lograron mantenerse en las pantallas, el número de rodajes disminuyó considerablemente, y aún con el espaldarazo de premios internacionales, las películas que se estrenaron tuvieron que sortear obstáculos para llegar a las salas.

Si desde hace tiempo se habla de la necesidad de una estructura de espacios alternativos que permitan la exhibición, los productores y realizadores siguen esperando a los lunes previos a la salida a sala para saber en qué cines y complejos estrenan, si es que lo hacen.

Con la difusión en vía pública ya colocada y las notas en medios especializados ya difundidas, la necesidad de estrenar es imperante; más cuando la inversión realizada en este punto, exige que la difusión se realice inmediatamente en la previa o en el momento inmediatamente posterior al estreno.

Así, para citar sólo un caso, el bromance de Martin Deus, “Mi mejor Amigo”, vio postergada en varias oportunidades su estreno en salas nacionales. Mientras la ciudad invitaba con sus carteles a ver en salas la película protagonizada por Angelo Mutti Spinetta y Lautaro Rodríguez, las incertidumbres y postergaciones demoraron por meses el estreno.

Algo parecido sucedió con otras producciones (entre ellas “Ruleta Rusa”, de Eduardo Meneghelli), que vieron cambios imprevistos en fechas de lanzamiento a horas de estrenar por el siempre temido anuncio de falta de salas.

Hubo grandes éxitos en taquilla, la mayoría coproducciones con empresas privadas solventes, como la imparable “El Ángel” de Luis Ortega, un viaje al pasado, una experiencia que colocó al realizador en las puertas de la industria comercial, alejándose de sus orígenes independientes en el cine, pero sin traicionar convicciones e ideales.

Algo parecido sucedió en materia de espectadores. Si bien la realización inspirada en Robledo Puch se cortó sola en el top ten de la taquilla, otras películas como “El amor menos pensado”, de Juan Vera, “Re Loca”, con Natalia Oreiro traccionando espectadores, “Mi obra maestra”, de Gastón Duprat, y “El Potro”, nueva biopic dirigida por Lorena Muñoz sobre Rodrigo Bueno, pudieron superar cifras que, en otros tiempos, tal vez, hubiesen sido más elevadas.

Muchas películas de corte más independiente, pero de gran calidad, con propuestas innovadoras y arriesgadas, debieron conformarse con aquello que se podía arañar, afianzándose en festivales y muestras, que agregaron un número considerable a las débiles cifras que la poca difusión de los medios nacionales pudieron aportar a sus salas.

Este dato se puede observar en el sitio especializado Todas las Críticas, una página que reúne la mayoría de las críticas que se realizan nacionalmente. Por citar sólo dos casos, “El Ángel” y “La Forma del Agua” poseen alrededor de 70 críticas cada una, pero títulos de invalorable aporte a la cinematografía local como “Hasta que me desates” de Tamae Garateguy, o “Borrá todo lo que dije del amor porque no sabía lo que era”, de Guillermina Pico, rozan las 15 reseñas.

El denodado esfuerzo por las agentes de prensa en ocasiones no se condice con la cobertura de los medios, que siguen prefiriendo hablar de los grandes blockbusters producidos por grandes estudios.

“Rojo” de Benjamín Naishtat ha sido el mejor estreno de 2018. Su mirada sobre una época previa al establecimiento de la última y sangrienta dictadura cívico militar religiosa, no traiciona la impronta de un realizador que se permite trabajar a contracorriente y con estándares de calidad diferentes a los de las exigencias de producción actuales.

Los premios en San Sebastián a Darío Grandinetti, la fotografía de Pedro Sotero, y el lauro a mejor dirección, confirman el camino de un realizador que escapa a cánones y directivas, que lo han impulsado a mercados foráneos para conseguir la financiación necesaria para un proyecto de largo aliento.

Estamos, sin dudas, en el peor momento del que tengo registro, eso nos hace estar movilizados, sobre todo a cineastas de mi generación o más nuevos, porque hay cosas que se saben que de la Ley de cine no se están cumpliendo, no hay créditos, en algunas producciones no se nombran comités, hasta pasado Agosto no hubo comités y jurados, no había perspectiva de arrancar otro proyecto con este panorama, es preocupante, pero es síntoma de un cuadro más amplio”, decía Naishtat en diálogo con HC antes del estreno del film.

Algo en lo que coincide la directora Lucía Puenzo, premiada por DAC a mediados de año, y con una infinidad de proyectos fuera del país: “las entidades de cine tienen que trabajar juntas, tienen que dar pelea juntas, sacando cualquier diferencia de lado. Es un momento muy delicado, no recuerdo otro momento del cine con tal grado de parálisis, con pymes en estado terminal, con técnicos, actores y directores preguntándonos cómo seguir. Dicen que todo está bien, pero realmente, con el trabajo de estadísticas muy fino que estamos haciendo las comisiones directivas de todas las asociaciones, sabemos que no es así, que los Comités tienen que funcionar, que hay que actualizar el costo medio, que hay que abrir convocatorias y que el INCAA tiene los recursos y por obligación y por Ley tiene que reactivar el sector”.

Cuando la alarma suena, la estrategia de aunar esfuerzos parece auspiciosa, pero luego esos pedidos y reclamos comienzan a dispersarse. La principal misión en la que se debería estar trabajando es en la de poder, independientemente de los gobiernos y gestiones de turno, seguir garantizando la diversidad de la producción local, una cinematografía envidiada en otras regiones.

Argentina ha fortalecido su filmografía con variadas propuestas, entre las que se destacan cine de género, dramas, comedias, películas históricas, documentales, ficción, sin pensar en fórmulas establecidas, con disrupciones y novedosas propuestas que trascienden la taquilla.

Festivales como Blood Window, Rojo Sangre, Funcinema, hablan de la necesidad de agrupar estos nuevos y poderosos emergentes narrativos, que, en definitiva, son los preferidos del público, como así también la llegada de muestras que reúnen corto metrajes, cine político, y espacios ya establecidos como el FICIC, Festival de las Alturas, o SEFF que posibilitan la llegada de materiales producidos en regiones “extrañas” para el espectador menos avezado.

“Hay mucho nicho, pero tenemos que llegar al resto de los espectadores, hay mucha gente que ve “El Conjuro” en cine pero que no te ve una película nacional de género. Tenemos que ir más allá del nicho, para que crezca y atraiga a más espectadores”, dispara Demian Rugna, director de “Aterrados”, película celebrada por la crítica y el público específico, y que si bien funcionó dignamente en salas, ha marcado precedente de la calidad de las realizaciones que se producen, con un grupo de directores en sintonía como los hermanos Onetti (“Los olvidados”, “Abrakadabra”), Gonzalo Calzada (“Luciferina”), Nicanor Loreti (“27”), entre otros.

Pero aún se debe trabajar para, de alguna manera, sostener en el tiempo políticas de apoyo y fomento para producir películas que puedan seguir siendo fieles a sí mismas, y que, en el camino burocrático previo al rodaje, y el posterior también, no se terminen homogeneizando.

Sorpresas como “El silencio es un cuerpo que cae”, de Agustina Comedi, “Teatro de Guerra”, de Lola Arias, “Años Luz”, de Manuel Abramovich, “Mujer Nómade”, de Martin Farina, “Piazzolla los años del tiburón”, de Daniel Rosenfeld, “50 Chuseok”, de Garateguy, por nombrar sólo algunos de los excelente documentales del año, dispusieron su foco en historias y personajes, y desde éstos ayudaron a comprender la identidad local sin sesgos y con total libertad.

“El padre de mis hijos”, de Martín Desalvo, “La reina del miedo”, de Valeria Bertuccelli, “Las Vegas”, de Juan Villegas, “Recreo”, de Hernán Guerschuny, “Dry Martina”, de Che Sandoval. se animaron a la comedia, en un momento en donde el público acompañó con su necesidad de reír en medio de la crisis.

“Joel”, de Carlos Sorín, “La quietud”, de Pablo Trapero, “Animal”, de Armando Bo, “El último traje”, de Pablo Solarsz, “El Motoarrebatador”, de Agustín Toscano y “Sangre Blanca” de Bárbara Sarasola Day, aportaron su mirada de autor a propuestas comerciales e independientes que llegaron a las salas, conquistando, muchas de ellas, también festivales internacionales.

De riesgos y transgresiones, las nuevas películas de Albertina Carri y Mariano Llinás trajeron lo suyo. Ambas, ganadoras del 20° BAFICI, tuvieron su estreno comercial finalmente en la Sala Leopoldo Lugones, aunque una cadena estaba comprometida a lanzarlas.

“La flor” es la épica de larga duración que Llinás imaginó para ver de un solo tirón pero que, por una cuestión de salas y programación, se dividió en tres partes, protagonizadas por el conjunto de actrices Piel de Lava y logrando un cruce de géneros que la excluyen de cánones y rótulos posibles.

Por otro lado, “Las hijas del fuego” de Carri, juega con el post-porno, y los límites de la censura en una entrañable historia de sororidad, amor, amistad, enmarcada en el género road movie y protagonizada por figuras ignotas y otras con trayectoria en el cine.

La mujer fue parte importantísima en la lucha por derechos e igualdades sociales, y la industria se hizo eco: no solo participaron actrices de las manifestaciones, sino también realizadoras, técnicas, y más, organizándose para poder potenciar los pedidos.

El reciente Foro de Cine y Perspectiva de Género que se realizó en el 33° Festival Internacional de Cine de Mar Del Plata, impulsado por su Directora Artística Cecilia Barrionuevo, por Fernando Juan Lima, Vicepresidente del INCAA y con el apoyo de Mercedes Funes, Subgerenta de Prensa y Comunicación del INCAA, donde diferentes agrupaciones pudieron debatir y pensar el rol que la mujer tiene en el cine; y los 30 años de “La mujer y el cine” abrieron el debate para derribar lo antes posible pensamientos patriarcales.

“En las carreras de cine las mujeres egresadas son casi el 50% y, sin embargo, sólo entre el 10 y el 20 por ciento se encuentra trabajando en áreas técnica. Son muy pocas las que están filmando: creo que tiene que ver con los roles asignados en las familias, roles de cuidados. Es difícil para las mujeres trabajar si tienen niños pequeños. De eso hablamos cuando hablamos de feminismo, de igualdad; porque mujeres que tengan roles de liderazgo, que tomen decisiones, que puedan imponer el punto de vista y la creatividad, todavía hay muy pocas. Esto tiene que ver con cómo están conformadas las familias, las parejas y cómo nosotras, siendo mujeres, nos limitamos, porque no imaginamos un mundo donde las cosas sean diferentes. Desde hace un tiempo estamos trabajando para cambiar esto y no estamos solas. Es un momento interesante el que estamos viviendo”, afirma Sabrina Farji, parte del colectivo anteriormente mencionado, y una de las más activas voces de la industria cinematográfica.

Los Premios Cóndor a la producción cinematográfica, que otorga la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, fueron la caja de resonancia de esta lucha, como así también la del pedido de continuidad en políticas cinematográficas que apoyaran y fomentaran la producción.

2018 será recordado como un año bisagra, clave para comprender que hay mucho por luchar, pelear, exigir, y que en la unión está la fuerza para avanzar explorando la diversidad de una cinematografía consolidada y robusta, que no puede ser debilitada por políticas arbitrarias y por campañas mediáticas que sólo favorecen a crear una imagen distorsionada del cine y su rol como impulsor de la cultura. El 2019 es una incógnita. Ojalá los miedos y especulaciones se disipen con cine y muchas propuestas.