Batalla campal

En esta ópera prima, cuatro amigos de treinta años se reúnen después de haber pasado un largo tiempo sin verse para mirar la final del mundial Brasil 2014 entre Argentina y Alemania. Hablamos con Diego Bliffeld y Nicolás Diodovich, directores de Línea de cuatro.

¿Por qué eligieron la final del pasado Mundial para dar marco a la historia de Línea de cuatro? ¿Qué elementos de interés encontraron en ese evento?

DB: Cuando pensamos la película nos pusimos una serie de premisas para poder llevarla a cabo. Tenía que ser algo que se pudiera filmar en poco tiempo, que fuera en una sola locación y que tuviera una limitada cantidad de actores. Eso nos iba a permitir poder realizar una película sin depender de nadie más que de nosotros. Por otro lado, nos gustaba jugar con la idea de que una película y un partido de fútbol tienen temporalidades similares: duran lo mismo, y ambos tienen una estructura dramática, tensiones, protagonistas, antagonistas, etcétera. Con todo esto en mente surgió la idea de contar una historia de cuatro amigos que se juntan a ver un partido de fútbol. Cuando empezamos a desarrollar el guion faltaba poco para que empezara el Mundial, y nos parecía lo más lógico situarlo en la final. Yo tenía una extraña convicción de que Argentina iba a estar en ese partido. Nada místico, quizás era solo un deseo. Pero sucedió, y fue algo que le vino muy bien a la película.

ND: Hay algo que siempre me pasó con los mundiales, y es que siento que marcan momentos en las vidas de las personas. Te guste el futbol o no, los mundiales en Argentina se viven intensamente y se vuelve inevitable pensar “¿dónde estaba yo en el Mundial del 2010?” o “¿con quién salía en el Mundial del 2006?”. Eso me resultó muy atractivo a la hora de empezar a pensar una historia entre amigos porque en un evento como el Mundial se pueden condensar muy bien el pasado, el presente y el futuro de los personajes.

 

¿Sienten que a través de ese evento (la derrota argentina en la final del Mundial) la película puede contar algo sobre cómo somos los argentinos con nuestras pasiones y nuestros ídolos?

ND: No sé tanto si la película puede contar algo sobre cómo somos con nuestros ídolos pero sí sobre cómo el futbol y sobre todo la selección están arraigados en nosotros. Son eventos que unen a amigos y a familias enteras. Que rellenan cualquier grieta que pueda haber. Esta fue la primera final que muchos vivimos en nuestra vida adulta y recuerdo ese momento, ese día, como algo tan propio como ir a dar un examen. La película intenta mostrar un poco eso; estos amigos podrían abandonar la reunión en cualquier momento, pero el partido que ven es tan fuerte que se quedan anclados ahí, en ese living donde se está desatando una batalla campal.

 

¿Cómo fue el trabajo con los actores? Se presiente un tipo de ensayo más parecido al de una obra de teatro que al de una película.

DB: El trabajo con los actores fue un proceso largo y muy nutritivo. Ensayamos unos tres meses en los que fuimos desarrollando los personajes y reescribiendo diálogos y detalles del guion. Necesitábamos llegar al rodaje con toda la película ensayada y memorizada por los actores, era la única manera en la que podíamos lograr filmar 90 páginas de guion en tres días. Y la verdad es que funcionó perfecto.

ND: La etapa de ensayos fue unos de mis momentos preferidos del proceso porque fue ahí donde hubo algo que se volvió natural. Dejaron de ser actores que simplemente interpretan un papel y apareció una camaradería entre ellos similar a la que queríamos retratar.

 

¿Qué aprendizajes les quedaron luego de un rodaje tan intenso, comprimido en tres días en una misma locación?

DB: Yo siento que aprendí más en el proceso de desarrollo y producción que en el rodaje mismo. Al ser una película hecha enteramente por nosotros, tuvimos que asumir muchos roles a los que no estábamos acostumbrados. Más allá de todo lo artístico, los ensayos, el desarrollo del guion, pensar la puesta en escena, el arte y todo lo que se ve en una película, también tuvimos que hacernos cargo de todas las decisiones de producción, desde las más grandes hasta detalles muy pequeños. Estuvo bueno para tomar dimensión de todas las cosas que se ponen en juego cuando se hace una película y uno a veces las da por sentadas.

ND: Para mí fue como haber hecho una carrera de dos años. Yo vengo de la publicidad, por lo que todo era bastante nuevo para mí. Empezamos queriendo filmar una película pensando que con eso bastaba, con las ganas y la voluntad, pero hizo falta mucho más. Constancia, mucho trabajo, determinación. El rodaje de tres días fue tan intenso como el resto del proceso.

 

En todos los personajes hay formas distintas de asomarse a la vida adulta, aparece el fin de la juventud (o la prolongación de la juventud) como tema central de la película. ¿Reconocen que están hablando de una problemática bien actual? ¿Se ven reflejados también ustedes como adultos jóvenes en esa cuestión?

ND: Sí, creemos que estos personajes muestran cualidades muy actuales que tienen que ver con tener 30 años hoy, en esta época en la que es común tener pocas cosas definidas y vivir de alguna manera inconformes. No creo que en otra época la gente estuviera más o menos conforme que ahora, pero sí creo que había menos espacios donde hacerse planteos existenciales que se asemejan más a la adolescencia que a la adultez. También es una época muy selfie en la que el egoísmo de cada uno prevalece, y eso fue algo que también quisimos mostrar. En varias cosas de todo esto nos vemos reflejados.

 

Línea de cuatro es una película sobre la amistad pero, más allá de cierta complicidad entre los personajes, van directamente al conflicto y al juicio de unos sobre la vida de los otros. Por momentos parece más una familia que un grupo de amigos. ¿Creen que la película está desmitificando cierta mirada naive que se construye a veces sobre la amistad?

DB: Línea de cuatro es una película sobre muchas cosas, y entre ellas quizás la más palpable es la amistad. No sé si queríamos que fuera el tema central, pero es inevitable que una película que trata de un encuentro de cuatro amigos no proponga algún tipo de tesis sobre el tema. Por momentos tiene una mirada un tanto sórdida sobre la amistad, y más que nada sobre esa amistad de juventud que es como algo que uno arrastra de una vida pasada y se da cuenta de que no tiene sentido de sostener en el tiempo. Pero por otro lado también hay un mensaje un tanto ingenuo sobre la amistad masculina y eso de que a pesar de todo, si cuatro tipos se sientan a ver fútbol y tomar vino, la cosa va a fluir. Algo medio primitivo que tiene el hombre.

ND: Hay una mirada, sí, un poco naive en el cine sobre la amistad. Esa cosa de amigos para siempre y pase lo que pase. Nos gustaba desmitificar un poco eso. La amistad no siempre es pura, uno no siempre tiene los mejores sentimientos para con sus amigos, pero eso no lo hace menos amigo, no en el mundo real. Sobre todo en relaciones que llevan muchos años y que han atravesado eventos fuertes, esas amistades sí se parecen más a la familia: pase lo que pase, a pesar de que se digan las peores cosas, uno sabe que van a estar satelitando la vida de uno para siempre.

Línea de cuatro es la ópera prima de ambos. ¿Cómo están viviendo la experiencia? ¿Está difícil hacer una primera película en Argentina?

DB: Llegar hasta acá fue un camino bastante largo con sus altos y sus bajos. Fue una experiencia muy nutritiva en muchos sentidos; es algo en lo que nos sumergimos y no sabíamos cómo íbamos a salir, y salimos. Desde el momento cero quisimos hacer una película con mucha urgencia, pensarla, escribirla, filmarla, terminarla. Sin depender de los tiempos de terceros, de productoras, de burocracias. En un punto lo hicimos, fuimos para adelante, juntamos un grupo de gente que se copó con el proyecto y colaboró de manera totalmente desinteresada y a quienes estamos súper agradecidos. Con todo ese ímpetu logramos filmar la película. Después nos dimos cuenta de que para poder terminarla como queríamos íbamos a necesitar algo más que nuestra voluntad y nuestros amigos, así que nos presentamos al Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires y con eso pudimos hacer una posproducción de calidad y tener una película que se pueda exhibir en los cines. No sé cuán difícil está hacer una primera película siguiendo los caminos estandarizados, nosotros hicimos un camino que inventamos a medida que lo íbamos haciendo. Finalmente nos llevó bastante tiempo pero fue un recorrido muy lindo que valió la pena hacer.

ND: Si hubiésemos seguido los caminos habituales hubiese sido más fácil en muchos aspectos y seguramente más difícil en otros. Fue una aventura que tuvo capítulos inesperados, como por ejemplo que hoy la película esté vendida a la televisión polaca. Lo mejor de haber hecho una película de manera tan independiente es quizás llegar hoy al estreno sin deber plata, sin depender de la taquilla para que esta termine de ser un experiencia ratificante. Hoy lo vivo como el final de un hermoso gratificante y, por momentos, turbulento viaje.