Belleza y felicidad

Con su última obra El equilibrio, más que un compendio de columnas publicadas en el Diario Perfil, Pedro Mairal logra crear un universo tan singular como luminoso.

Como en esas obras de género fantástico en las que se nos va encauzando ante ciertos contornos de la vida cotidiana que develarán luego aristas inexplicables, los textos de El equilibrio tienen la capacidad de hurgar en zonas aparentemente anodinas de nuestra realidad circundantehasta describirlas tangencialmente, proponiendo aspectos desconocidos, insospechados. Tal vez por mera repetición, por los avatares de la rutina, por precisión de la mirada o por simple iluminación poética, en estas estampas escritas por Pedro Mairal,eso que llamamos “vida diaria” es un arcón extraordinario repleto de sorpresas, malentendidos, rarefacciones varias, pasiones diurnas y nocturnas. Conformado por una selección de columnas escritas entre el año 2008 y 2012 para el Diario Perfil, el libro compone un fresco  sobre ciertos“usos y costumbres” en la argentina contemporánea. Una reflexión sobre la virulencia de ciertos piropos; la voz de Tinelli filtrándose por las ventanas de los departamentos como banda de sonido todopoderosa; el devenir minimalista y arty de los restaurantes de Palermo, un padre que enseña a andar en bicicleta a su hijo; la reivindicación de un Borges menos endiosado y más “de bolsillo” y cercano; son algunas de las aristas con las que podemos cruzarnos en las páginas de este volumen. Una de las cualidades que resulta interesante destacar de estos escritos, es que nunca caen en la denuncia piadosa de aquello que retratan, ni en la pretensión de “pintar una época” al calor de un capricho personal.Con humor y sutileza, Pedro Mairal hace pendular su perspectiva entre la etnografía díscola en clave sardónica y una lírica conjetural que pone patas para arriba los acontecimientos más mundanos. El aguafuerte del siglo XXI se conjuga aquí con un registro de artículo que se parece más a la brevedad y precisión del poema japonés, que al ensayo de actualidad. La subjetividad del escritor y la distancia del observador se funden en un registro único, personal. Si existe aquí la enumeración de un anecdotario autobiográfico nunca termina por eclipsar el retrato del entorno. El equilibrio promueve momentos que despuntan en cada una de sus viñetas, breves raptos de su prosa que se separan del resto para luego iluminar el conjunto. Como en aquel texto en el que se comienza por esbozar una diatriba contra el hábito de tomar taxis y una defensa del andar en colectivo, porque en el transporte público se puede “mirar a las mujeres hermosas que de pronto se suben y transfiguran la mañana, parece que saliera el sol, la belleza llena el aire y después se bajan sin mirarte, siguen en su órbita, vuelve a nublarse el día”, para pronto concluir “me parece que en el colectivo se me ocurren poemas y en el taxi se me ocurren cuentos”.  

Atravesar el recorrido que propone El equilibrio implica, afortunadamente, adentrarse en un universo que repudia la omnipresencia del sentido común. Un electrocardiograma personal e incisivo sobre algunos rincones automatizados de nuestra vida contemporánea.