"Casi Feliz": Balada para un loco lindo

Debutando como protagonista de la primera serie cómica de Netflix Argentina, dialogamos antes del estreno con Sebastián Wainraich sobre su experiencia en una de las mayores apuestas audiovisuales del streaming nacional para 2020.

Por Rolando Gallego.

Hace casi dos años, el medio audiovisual local se revolucionó al estrenarse la primera producción argentina original para Netflix, el gigante del streaming que, desde esa época, no hizo más que crecer a nivel mundial, regional y local como LA opción de consumo hogareño. A esa producción (“Edha”, dirigida por Daniel Burman con Juana Viale), le siguieron otras de mayor o menor éxito entre la audiencia y la crítica.

Pero todas tenían algo en común: se trataban de dramas, biopics o algún género más vinculado al policial.

Eso cambiará a partir del 1 de mayo, cuando la plataforma estrene su primera comedia argentina original: “Casi Feliz”. El protagonista de esta serie es Sebastián Wainraich, quien no es ajeno al éxito dentro de la gran N: sus shows de stand up fueron enormes sucesos en la plataforma. Y, por si fuera poco, las piezas se unieron para que todo quede en familia y la mini serie cuente con producción de HC Films y dirección de Hernán Guerschuny (quien ya había dirigido al comediante en la película “Una Noche de Amor”, que superó los 200.000 espectadores en la taquilla nacional en 2016).

El elenco se completa con Natalie Pérez, Santiago Korovsky, Hugo Arana, Adriana Aizemberg, Peto Menahem y las participaciones especiales de Juan Minujín, Carla Peterson, Julieta Díaz y Adrián Suar, entre otros. Los 10 episodios de la serie, producida por HC Films y Tiger House, y creada por Guerschuny y Wainraich, desandan los pasos de Sebastián (Wainraich), un conductor radial, separado con hijos, a la que la vida le da la espalda todo el tiempo.

Cada capítulo recorre un momento de la vida del protagonista: sus rutinas diarias, aquellos eventos especiales que le suceden y, principalmente, el desarrollo de la personalidad de un antihéroe con el que inmediatamente el espectador empatiza. Bullying, terapia, la sexualidad de los padres, la vida en solitario, la estrategia de regalar una entrada para conseguir citas, entre otros tópicos, avanzarán en la construcción de una narración diferente para la producción audiovisual local.

La charla con Wainraich comienza distendida. Él pide feedback sobre lo que nos pareció el programa, este periodista se lo ofrece, y el ida y vuelta va armando el clima de una entrevista virtual a través de Skype, en tiempos de aislamiento social obligatorio. Pero pese a eso, Wainraich en ningún momento pierde el humor, algo tan característico del exitoso conductor radial, comediante y ahora guionista de serie.

“Uno a veces está tan metido que se le pasan ciertas cosas. En el proceso te olvidás qué es un chiste y qué no. Ahora me enganché viendo ‘Crushing’ y me gustó, le veo algunos puntos en común. Me gustó que el protagonista sea super católico, porque la comedia siempre está asociada al judaísmo. Mirame, soy el único que te hace prensa hablando de otra serie”, dice entre risas.

¿Cómo surgió la serie? ¿Por qué decidiste crearla en tu universo y con temas que seguramente todos te vamos a preguntar si son autobiográficos?

Con Hernán nos hicimos muy amigos. Tenemos un vínculo más allá de lo laboral. Nuestros hijos son amigos, nos fuimos de vacaciones juntos. Cuando nos ofrecieron hacer una serie, lo pensamos y nos gustaba este mundo, con persona/personaje. Lo conozco muy de primera mano (a este universo) y me siento muy cómodo en él. Hice los guiones y Hernán dirigió. Con respecto a lo biográfico no sé qué decirte, me voy a tener que armar una respuesta.

Y más porque acá sos el guionista…

El guionista un poco es Dios y puede inventar lo que quiera. Hay que ver después si los creyentes le creen, por eso tiene que tener lógica, estructura y algo de verdad. El guion tiene que tener verdad. Todo es autobiográfico. De hecho, si yo escribiera una serie para tres mujeres, también tendría elementos autobiográficos. En todos los niveles, cuando me siento a escribir, hay algo que pensé antes o que me pasó o que le pasó a alguien.

Además, hay cosas universales que seguro te pasaron a vos y probablemente a todos. Como la anécdota del traje de uno de los primeros capítulos: todos hemos dicho “para qué me voy a comprar otro si tengo uno así o asá…”.

Salvo excepciones, los hombres somos básicos y no nos gusta probarnos ropa. Nos aburre profundamente. Y eso no puedo decirte que me pasó en tal fecha, pero sé que sea por el motivo que sea, es un plomazo ir a probarse ropa. Por eso creo en la frase “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Eso me dio total libertad para escribir.

¿Cómo imaginaste a quienes te acompañarían en el viaje?

Eso es muy divertido pensarlo, con Hernán lo hicimos todo el tiempo. Eran las tres de la mañana e íbamos tirando chats. Que Peto (Menahem) hiciera de mi hermano era un sueño. Y nos conocemos tanto que sabía que iba a decir que sí. Mucha gente se adaptó a las fechas, porque por ahí era solo un día de rodaje. Y se copaban tanto que todos se adaptaban a nuestras fechas. Natalie era alguien que cerraba por todos lados: actúa bien, canta bien, es simpática, tiene mucho oficio y podía generar algo de ser la ex mujer que supera la situación y se transforma en su amiga. Este es un escenario que se transforma en una pesadilla para el personaje. Bueno, están Hugo Arana y Adriana Aizemberg, también. Elegimos a los mejores. Y después están las participaciones especiales. Julieta Díaz, la descose; está Adrián Suar, que tuvo un gesto genial. Él me pidió estar y se adaptó a todo: al vestuario, a la propuesta. Sé que se divirtió mucho porque armamos un personaje buenísimo. Lo que hizo es algo muy representativo para los comediantes. La verdad es que armamos un dream team.

¿Cómo salían del proyecto al sumar a la familia también y estar tan metidos? ¿Podían separar al terminar la jornada?

Es que a los que elegimos para que se crucen no son contadores ni arquitectos. A Dalia Gutman la elegimos porque cerraba, no era algo casual. Hernán aparece manejando el taxi, aparecen nuestros hijos. Era algo que sabíamos que podía funcionar. Pero fue eso y ya está, no hicimos tanto nepotismo. Hubo mucha libertad para trabajar y tuvimos siempre el mejor feedback de Netflix. Siempre fueron respetuosos y puntuales si tenían comentarios sobre los guiones. Buscaban aportar, no criticar o destruir. Nos sugerían caminos, actores y actrices. Los que actuaron lo hicieron porque eran los ideales y también porque para nosotros eran guiños, como el caso de Dalia o de Adrián.

¿Qué llegue justo en el aislamiento social obligatorio qué suma para ustedes?

Estrenar en esta situación fue impensado. A la serie la grabamos hace un año. Mirá que nosotros somos paranoicos y neuróticos, pero jamás pensamos esto. Ojalá que cuando se estrene estemos ya fuera de esto. Pero es una buena serie para ver y salir un poco del stress de esta situación: es graciosa, la gente la va a pasar bien. No es difícil de ver, son diez capítulos de media hora.

Hace bien un poco de humor, porque, paradójicamente, viendo el top ten de Netflix descubrís que en este contexto la gente eligió ver cosas tensas y asociadas al confinamiento…

Claro, pero hay que ver más humor. Yo ahora en Netflix estoy viendo W/ Bob & David, son sketches de humor, re bien armados y escritos. Me estoy divirtiendo, es otro mundo. Creo que, con “Casi Feliz” armamos un mundo aparte, donde podés ir a vivir diez capítulos y te olvidás de lo que te rodea.

¿Hay idea de continuar?

Obvio, tenemos ideas. Yo ya tengo el primer capítulo de la segunda temporada, me faltan los diálogos. Pero hay que ser pacientes. En esta cuarentena aprendí a serlo. Y creo que con la serie vista por el público vamos a tener herramientas para armar mejor la segunda y profundizar algunos personajes con los que me quedé con ganas de actuar un poco más.