Chica de oro

Se mandó todas: cantó, bailó, viajó, grabó y actuó. Pero para terminar de redondear la idea de “artista integral”, a Lali Espósito le faltaba meter un protagónico en cine. ¿Cómo hizo Ariel Winograd para convencer a la número uno del pop latino? ¿Qué se le pasa por la cabeza a una joven que solo tiene tiempo para hacer y hacer? ¿Qué tiene Lali que nos encanta?

Es de noche y en la puerta del Palais de Glace hay, por lo menos, unas 12 jóvenes con caramelos, carteles y regalos. Es de noche y, en general, ahí, a esa hora, ya no hay nadie. De un motorhome baja ella, un metro y medio de pura luz, la entronización de la heroína pop que necesitábamos, la artista joven número uno del país: Lali Espósito. Y no pasará un segundo desde que pise el suelo hasta que las chicas griten, zumben y pataleen. Lali recibe, besa, agradece y sigue: todas quedan contentas. Para ella, aún con tanto ruido, con tanto flash, foto & selfie, subirse al pony no fue una opción y, por caso, queda a mano reconocerle que entendió todo.

La escena ocurre durante el rodaje de Permitidos, la nueva película de Ariel Winograd, el único argentino con credencial para filmar eso que los gringos hacen muy bien: comedias de pulso ágil, para un público con onda y con estructura popular. “Lali es una genia”, repite Wino mientras se fuma un pucho y observa a las 12 chicas que, todavía, siguen apostadas en la puerta del lugar. “Wino es muy generoso, tiene los pies en la tierra y no se come ninguna”, dice Lali, que alguna vez fue Mariana, una nena pizpireta de Parque Patricios que, casi por azar, ingresó al show business de la mano de Cris Morena. Aquí, ya con 24 años y con un ascenso meteórico tanto en lo musical como en lo actoral, se encuentra con su papel más importante en la pantalla grande hasta el momento. “Y encima es una comedia, con lo que a mí me encantan”, abre la diva teen.

 

¿Cómo llegaste a Permitidos?

Estaba haciendo Esperanza mía, mintiéndole a la gente, haciendo de monja en la tele… con esta cara, ¿no? Me mandaron el guion a Pol-ka para leerlo, simplemente. Llegué a mi casa, muerta, después de la tira diaria. Me puse a leerlo y no paré de reírme. ¿Viste cuando leés algo y te causa gracia y hacés una suerte de “ja”? Bueno, a mí me salían carcajadas. Enseguida me gustó mucho. Después me puse en contacto con Wino. Yo conocía sus laburos, había visto Cara de queso y Sin hijos. No había visto Mi primera boda pero sabía que él era el director. El día que lo conocí cerró todo porque es lo más del mundo, nos entendimos al toque. Estuve en el proyecto desde el comienzo. El guión cambió un montón, mi personaje también mutó.

 

¿Y qué era antes?

La idea siempre fue poner al público ante la pregunta “¿y vos qué harías?”, que es el motivo de la película. Pero antes estaban las escenas contadas de una manera diferente. Quizás tenía menos desarrollo del que tuvo al final. Era lo mismo pero, con el tiempo, terminó mucho mejor escrita.

 

¿Wino te pasó referencias para el personaje o te dejó jugar a vos?

No, cero referencias. Nos juntamos varias veces durante un tiempo con Wino y con Martín. Discutimos mucho el guion, lo charlamos, pero fue muy relajado. Con Martín ensayábamos las escenas para encontrar cómo era esa pareja, cómo era cada uno. De esos ensayos también salieron un montón de modificaciones del guion, algunos chistes y boludeces. Wino, muy generosamente, las incorporó.

 

¿Y vos buscaste alguna referencia?

Cero, cero referencias. No me gustan mucho. Creo que manejar referencias está bueno pero preferí laburarlo con Wino, trabajarlo en los ensayos y encontrar adentro mío al personaje. No necesité mirar a otro actor que hiciera algo parecido. No sé, no se me cruzó.

 

Con Martín Piroyansky ya se tenían porque habían hecho algunos episodios juntos de la serie Tiempo libre

Sí, nos conocíamos de ahí. Estuve en dos episodios como una “Lali pelotuda que se cree mil”. La pasamos muy bien. Tuvimos muy buena onda en ese momento. Después, cuando me llamaron para la película, nos encontramos y fue una alegría. Es un gran actor, me copa cómo hace comedia, y la verdad es que tuvimos una energía muy copada para trabajar juntos.

 

¿Mirás series?

Últimamente no veo series porque no tengo vida. Siempre estoy con alguna, pero en este momento no. Lo último que vi fue Homeland. Venía de ver Breaking Bad pensando que nada iba a gustarme después. Por su excelencia absoluta, ¿no? Homeland me gustó mucho pero es otra cosa, como más pochoclera. Breaking Bad era un motivo para vivir, directamente.

 

¿Y películas?

Siempre que tengo un ratito miro películas. Lo último que vi fue Deadpool, que me pareció excelente. Me gusta muchísimo ese humor. Y antes vi Looper: Asesinos del futuro, que es esta película medio futurista pero con un mensaje muy power. ¡Me encantó el guion!

 

¿Vas al cine o mirás en tu casa?

No tengo mucho tiempo pero, cuando hay una película que quiero ir a ver, me lo invento. Me parece que no hay nada como el cine. Si no, disfruto de ver en casa. Tengo una tele re buena y trato de disfrutar el cine con la mejor imagen que pueda.

 

¿En qué andás por estos días?

Puros viajes porque estoy con la promoción de Soy, mi disco nuevo. Estoy viajando mucho para hacer las promos, las notas y todo el laburo para este disco. Y, a la vez, para la película, porque me preguntan mucho por eso. Este momento es para Permitidos y para el disco, estoy laburando en ambas cosas.

 

¿Y tenés alguna otra cosa para cine?

Hay alguna que otra propuesta. Llegan guiones, cositas independientes, algunas son interesantes. Yo ahora tengo un problema con los tiempos. Arranco el tour del disco nuevo en septiembre así que eso me separa. Creo que este año Permitidos será mi momento actoral, despunto el vicio por ahí. Encima con esta película, que es comedia, algo que a mí me encanta. Es un lugar que me sienta muy cómodo, me encantó hacerla.

 

¿Cómo creés que le va a ir a la película?

Yo creo que muy bien. Les va a gustar a los más pendejos pero también a gente mucho más grande. Tiene esa pregunta incómoda de “¿qué harías vos si te pasara algo así?”, en un mundo moderno donde todos vivimos eso con las redes sociales. El “¿qué harías vos saliendo con un famoso?” es como una fantasía común entre los jóvenes. Me parece que va a ser divertida de ver.

 

¿Y vos tenés tu permitido?

Bueno, yo tuve un amor platónico muy fuerte durante toda mi adolescencia. Te hablo al punto de llorar. Me llegaba fuerte porque decía: “Yo sé que nacimos para estar juntos. Él no sabe de mi existencia pero, si supiera, me vendría a buscar. Nuestas almas se tienen que encontrar”. Todo eso flasheaba. Y todo eso me pasaba con Johnny Depp. Es muy obvio decir Brad Pitt, pero no es solo por su belleza obvia, sino porque encima me parece un actor del carajo. Me encanta. Pero, bueno, Johnny Depp siempre fue mi amor absoluto actoral.

 

¿Y alguien más joven?

A-mí-me-gustan-grandes (risas).

 

¿Tenés el sueño americano de la popstar que triunfa en el mundo?

Me coparía poniéndole una cuota personal. Me encanta el sueño americano del pop, pero no me gustaría parecerme a alguien directamente. Trabajo para que eso no suceda. Mi gran deseo es entregar una propuesta diferente dentro de la industria gigante que hay en el pop de lo latino pasando a lo anglo. Me encanta defender mi idioma. La verdad es que tengo un montón de sueños y planes con el pop que, por suerte, tienen como su cuotita humilde de originalidad. Esto es un incentivo para ir hacia ese sueño americano del pop, que me encanta. Hay muchos artistas que están en ese lugar que admiro pero, bueno, la premisa siempre es ser uno mismo. Y ahí estás poniéndole tu estilo, tu fusión musical, tus trajes… Desde las cosas más boludas y frívolas hasta la música misma, ¿no?

 

¿Harías la concesión de cantar en inglés?

Por supuesto. De hecho, ahora me invitó a cantar un cantante de afuera que no puedo decor quién es pero ya se van a enterar. Labura en inglés y en castellano. Lo de cantar en inglés no es algo que me guste del todo, pero está tan bien el tema y respeto tanto a ese artista que lo hice y para mí fue todo como un “a ver qué onda esto”. La verdad es que quedó buenísimo, me sentí muy cómoda. Pero, bueno, es la canción de un disco de otra persona. Por el momento yo hago discos en español y me encanta que siga siendo así. También me gusta hacer colaboraciones, me parece que abre el camino de uno. Salir de la Argentina está buenísimo, también lo está para todos los artistas que quieren hacer pop acá.

 

¿No me vas a decir quién es?

No puedo, me pegan un tiro.

 

¿Ricky Martin?

No, boludo, no puedo. Es un jovencito, es un jovencito… Cuchá, cuando yo saqué mi primer disco, A bailar, me dio mucho orgullo. Pero no solo por una cuestión egocéntrica y pedorra sino por la gente que trabaja conmigo. Creo que fuimos muy valientes –suena exagerado pero dentro de nuestro universo musical lo es– al sacar un disco de forma independiente. Para ese momento estaba la opinión de todo el mundo con un “¿qué carajo estás haciendo?”. Me decían que no resultaba radiable, que tenía una tendencia a la repetición, tipo beat hiphopero, que eso acá no gustaba, que acá iba a lo melódico y yo dije: “No sé, chicos, qué sé yo, yo quiero hacer esto”.

 

¿Y qué pretendés que pase ahora? ¿Seguís levantando la vara?

Por supuesto, y siendo una enana. Este disco, a diferencia del primero, tiene una evolución en el sonido, hemos laburado para que suene mejor. Viajamos a masterizarlo afuera. Lo pasamos por unas mesas tremendas de edición. En este disco se ven los condimentos del pop. Y si bien la columna vertebral es pop, hay una fuerte influencia del hip hop y de la música electrónica. Hasta de la electrónica más ochentosa.

 

¿Pero qué te gustaría que pase?

A las tres horas de haber salido ya era disco de oro. No sé, todo lo que está pasando es bizarro. Hice un trabajo a conciencia por mejorar en todo sentido. En el primer disco estaba como más miedosa, no quería poner tantas verdades mías ahí. Eso me hacía cagar toda, ¿viste? En este disco no, por eso se volvió tan personal la cuestión. Las trece canciones las escribí el año pasado y para mí fue un año recontra particular.

 

¿Te colgás a pensar todo lo que te pasó en estos años?

No, hay una inconsciencia sana. Pero inconsciencia no es ser boluda e ignorar todo el esfuerzo y el laburo para lograr lo que hago.

 

¿Pero no te pasa de querer desdoblarte e intentar mirarte?

Es que todo es demente. Hacer esta nota con vos es demente. Yo era una guachita de Parque Patricios que un día fue a un casting por error, que se equivocó y empezó a laburar. O sea, mi vida es demente. En la cotidianeidad soy muy responsable. Toda esta explosión no hace más que darme ganas de laburar el doble. Sigo teniendo la misma concepción de lo que hago, no pierdo las riendas de la cuestión. Estoy todo el día haciendo cosas para que el proyecto crezca. Si fuera medio ladri te diría: “Ni idea, estoy re sorprendida”. Pero ahora tengo la misma concesión de laburo conmigo que cuando laburaba con Cris Morena a los 13 años.

 

Permitidos

De Ariel Winograd

2016 / Argentina

Estreno: 4 de agosto (Disney)

 

Ni freaks ni geeks

En su quinta película, el director Ariel Winograd se obsesiona con Judd Apatow y se despacha con Permitidos, un film que pretende llenar una ausencia y sembrar un poroto. ¿Cuál? El de la comedia joven made in Argentina.

Camila (Lali Espósito) está de novia con Mateo (Martín Piroyansky). Durante una cena, unos amigos les disparan una pregunta: “¿Quién es tu permitido?”. Cada uno menciona a un famoso “imposible” con quien tendría una noche de amor. Mateo tiene como permitido a Zoe del Río (Liz Solari), una supermodelo que aparece hasta en la sopa. “Si te da bola Zoe del Río, te aplaudo”, escupe Camila respondiendo aquella pregunta. Y, por esas casualidades de la vida, a Mateo se le da: Zoe queda rendida a sus pies. ¿Camila se queda en el molde? Para nada. Por eso, aplica la misma regla con Joaquín Campos (Benjamín Vicuña), un actor ultra banana. Así las cosas, los protagonistas comienzan a sacarse sus máscaras: muestran quiénes son y la historia los va llevando hacia lugares insólitos. Y, sin resultar “unos hijos de puta” ni “unos pobres pibes”, la película pone a “unos chicos comunes” delante de una situación extraordinaria. “Los personajes dicen una cosa y hacen otra”, reconoce Ariel Winograd. Entonces, ¿los personajes son realmente malos o este es el reflejo de una generación delimitada ante el fuego de las redes sociales y el juego de la fama efímera?

Winograd sabe que tiene entre manos una enorme responsabilidad: estar a la altura de las dimensiones de Lali y de todo lo que genera. “Lo mejor es que ella nunca nos lo hizo sentir, todo lo contrario. Es más, nos eligió… porque vos sabés la cantidad de guiones que le deben haber caído en todo este tiempo, ¿no?”, lanza Wino. Por caso, el CV de Ariel Winograd señala que esta es su quinta comedia detrás de Cara de queso, Mi primera boda, Vino para robar y Sin hijos. Y, aun así, regala un título: “Nunca trabajé con una actriz como Lali”, cuelga embelesado.

Permitidostiene un récord de producción en toda su obra: muestra unas 25 locaciones diferentes, una por jornada de realización. Dice Wino: “Filmarla fue una locura, pero a medida que iban pasando los días advertíamos lo bueno que se iba poniendo todo”. El film está narrado en una Buenos Aires pintoresca, un escenario que parece ajeno. “Soy medio hinchapelotas con eso, me gusta mostrar una ciudad linda, que el espectador sienta está viajando con la película”, aventura.

El deseo del cineasta lo llevó a filmar un largometraje por fuera de la comedia blanca. Acá hay incorrección, hay garche, hay infidelidad. “Quise hacer una película zarpada, me salió esto”. En Permitidos no se ve una sola teta pero sí hay una tensión cuidada. “El final es re Adam Sandler: todo cierra”, aventura Winograd, fanático de la nueva comedia norteamericana. “Acá se estrena Comando especial 2 y van a verla Seba De Caro, Clemente Cancela, vos, yo y nadie más”, desliza. Es que Winograd está empecinado en continuar ese estilo en nuestro país. En Estados Unidos esas películas funcionan, pero en Argentina no. O al menos eso dicen los números. Sin embargo, vale la pena aclarar que, en este suelo, no se han hecho aún películas para ese público. Y ese es el punto del realizador, por allí anda el nervio que le dispara electricidad.

Y, por acá, Lali Espósito y Martín Piroyansky forman una pareja ocurrente: les creemos todo. No obstante, esta no es la primera vez que comparten elenco. Ya habían trabajado en la serie Tiempo libre que el actor hizo para UN3. “Yo no sabía que ya habían actuado juntos”, reconoce Wino. La comedia les sienta bien y, a fuerza de obra y militancia por el género, se están convirtiendo en el nuevo star system de la comedia nacional. “Mi sueño es colaborar para generar ese star system, nos lo merecemos. Los pibes se estudiaron todo Judd Apatow y hay un cine que no le está hablando a ese público”, insiste Wino en la que probablemente sea su gran obsesión. Sigue Wino: “Lali y Piro son unos genios, les re da para hacer comedia popular. Haría 25 películas con ellos”.

Es difícil especular en términos de resultados, así que Winograd prefiere evitar pensar sobre qué pasará con el estreno. Sin embargo, confía en que Permitidos tiene un tema y, en consecuencia, una fija, una fichita, una suerte de garantía. ¿Cómo? Así: “Las películas que funcionan tienen un tema, como El clan, que era sobre los Puccio”. El tema de Permitidos es el de, justamente, los permitidos. Lo curioso es que, al momento de la nota, semanas antes del estreno, el concepto de permitido se está instalando en el imaginario. Sin ir más lejos, en el programa de tevé Como anillo al dedo, conducido por Nicolás Vázquez y Gimena Accardi, unos participantes jugaron a que ellos eran “sus permitidos”. “Mi sueño es que, a la salida del cine, las parejas se peleen preguntándose sobre sus permitidos”, reflexiona Wino.

Según comenta Winograd, “con esta generación de actores no existen los problemas, todo es para adelante”. De hecho, reconoce la generosidad de profesionales como Benjamín Vicuña, acostumbrado a ser galán y alejado de la comedia. Y vuelve a Lali: “Es increíble lo que genera en la gente. Es una mina muy real, con cero pose de actriz. Un día le pregunté: ‘¿Vos te das cuenta de lo grosa que sos?’. Es que, de verdad, Lali va a ser más grande que Susana”, cierra el director.

A la sazón, Permitidos desdobla su existencia en muchas partes –la primera película de Lali en la pantalla grande, la crítica a la banalidad, la lectura de la fama efímera, la vuelta a la comedia de Vicuña, la creación de un nuevo star system, la obsesión por la comedia norteamericana, la vida en sus matices–, pero nunca se sale de foco. Permitidos, en efecto, retorna al viejo cuento del “¿Qué pasaría sí…?” y se desnuda frágil pero auténtica al compás de esa frase que dice que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.