Cine debate

Guerín trabaja con docentes y alumnos reales a los que llama personajes, y el espectador, convertido en un estudiante aplicado, tiene que completar una película que se parece bastante a un problema por resolver.

Luego de un amplio recorrido por festivales que incluyó estreno mundial en Locarno en agosto de 2015, el Giraldillo de Oro a la Mejor Película en Sevilla y participaciones en secciones paralelas de las últimas ediciones del Bafici y Mar del Plata, llega a los cines locales La academia de las musas, la película del español José Luis Guerín en la que un profesor de filosofía es interrogado por su mujer, quien desconfía del enfoque pedagógico de un proyecto educativo en el que el hombre debate sobre literatura con sus alumnas. Es que, poco a poco, la teoría del profesor va pasando a la práctica hasta convertirse en un ejercicio de seducción que pone en cuestión su ética profesional.

Dotada de profundos debates y reflexiones sobre el amor, la filosofía y el rol de la poesía, La academia de las musas fue encarada con un registro observacional de orden documental que en el proceso de montaje Guerín reconstruyó en un relato ni tan ficcional ni tan real (si cabe usar de alguna forma el término). Es que esta película, que puede exasperar y generar polémica por igual en círculos cinéfilos y académicos, tuvo su origen en los registros audiovisuales de un seminario de posgrado de Filología que dicta Raffaele Pinto en la Universidad de Barcelona desde hace varios años.

El propio director explicó en una entrevista al diario El País de España su método de trabajo mixto: “Todo surge de la interacción. La escritura genera improvisaciones que generan escritura que generan nuevas improvisaciones… Ni yo mismo sabría discernir qué es lo que procede de mi escritura o de la palabra instigada en escena”. Y así, ya en el mar de incertidumbre que propone, surgen las preguntas: ¿quiénes son en realidad Pinto, Emanuela Forgetta, Rosa Delor Muns y Mireia Iniesta? ¿Los protagonistas o un grupo de catedráticos? ¿Actores profesionales o pensadores? ¿Educadores o farsantes? Aunque el realizador de la inolvidable En la ciudad de Sylvia (2007) haya intentado aclararlo, vale la pena seguir dudando.

En conversación con Cristian Cimminelli, Guerín había dicho que, si bien todos son personajes ficticios, conservan sus nombres, sus oficios y parte de sus vivencias. “La comunidad en torno a este profesor está ahí. Trabajamos a partir de una base preexistente”. Y para explicar la forma en que logró tanta verosimilitud y naturalidad por parte de los no actores agregó: “Hay personas que tienen la facultad de vivir frente a la cámara, de generar emociones verdaderas aun partiendo de hipótesis ficticias”.

Ante el equívoco del límite entre realidad y ficción y la vocación experimental del film, el espectador se ve obligado a tomar partido. Debe generar una posición respecto de la ética de enseñanza de Pinto y de otras cuestiones –menos mundanas y más existenciales– como el amor, el deseo, la muerte y la creación, entre otras. Una vez más, como en Tren de sombras (1997), Guerín pone a prueba a aquel que mira el dispositivo y los hilos invisibles que tejen el relato para ofrecerle el desafío de reconstruirlos. Una vez más los interpela, los evoca y los seduce.  

Por eso si de la inspiración, la seducción y la creación se trata, ellas deben estar ahí. Originarias de la mitología griega, según los escritores más antiguos, las musas eran divinidades inspiradoras de los poetas y músicos, siempre asociadas a lo femenino. El poder que se les atribuye es el de llevar a la mente del mortal las ideas que este, a través de su arte, logra expresar. Relacionadas con el deseo, entendido como el acto más creativo posible, están en la génesis de la vida. Y por eso pueden dar lugar a preguntas sobre lo nuevo; las mismas que resuenan a lo largo de la película y la convierten en un ejercicio de contemplación y pensamiento, una auténtica “academia”, ideal para ver y disfrutar a través de la pantalla grande.

La academia de las musases como un fresco que se revela de a retazos arbitrarios. Debe ser construida sobre la base de sus elipsis, sus silencios y sus miradas, pero también su verborragia de palabras y su musicalidad. Y requiere de un espectador activo, en actitud de alumno inquieto y curioso. Como un amante dispuesto a satisfacer los deseos del otro. Como un ser sensible hambriento de amor romántico. Como un poeta frustrado a la espera de sus musas. Como un espectador en la oscuridad de la sala, rodeado de tantos pero –al fin– tan solo.

 

La academia de las musas

De José Luis Guerín

Estreno: 23 de marzo (Zeta Films)

2015 / España / 92’