Dada vuelta

Quizás por mímesis con sus personajes, o tal vez solo porque fue una mala idea, a T2 Trainspotting el tiempo la dejó maltrecha. Si la original había sido una película de su época, a la actual se la ve más pasada y manija.

Oscar Wilde escribió en algún lado que la diferencia entre el amor y el capricho es que el capricho dura más. ¿Qué pasa entonces con el odio, con el resentimiento, con la soledad? ¿Y con la traición? Vale la pena preguntarse, entonces: ¿cuántos calendarios resisten en el alma, antes de pudrirse definitivamente, los pecados que se cometieron en la juventud? El paso del tiempo, que es uno de los grandes temas detrás de la primera Trainspotting, es cruel con todos los habitantes del planeta tierra, y por eso las relaciones humanas, otra de las cuestiones que abordó la película, siempre parecen condenadas al fracaso más rotundo por un motivo u otro, incluida la muerte involuntaria.

Esto tiene la misma resonancia que una sinfonía pesimista y, por supuesto, es así. Pero sucede que una obra sintomática de toda una era como lo fue Trainspotting mostraba en su centro neurálgico, bien negro y desolador, una película, al igual que El club de la pelea, que daba cuenta de la tristeza de estar vivo en un contexto socioeconómico y cultural que no acercaba a la juventud más que adicciones de todo tipo, plástico descartable como entorno perjudicial y promesas falsas e inalcanzables de éxito social para la mayoría. Es decir: el futuro como territorio de bienestar no estaba en los planes de nadie. Los noventa también tenían esa idiosincrasia: crear la enfermedad para luego venderles el medicamento y poder encontrar la cura. Frente a esta realidad, Mark Renton, Spud, Sick Boy y Begbie, los protagonistas, no eran personajes complejos porque estaban inmersos en una sola cosa: escapar de la vida que les había tocado habitar. Veinte años después las condiciones existenciales para los jóvenes –y el mundo en general– no mejoraron en absoluto. Más bien todo lo contrario.

En principio, que Trainspotting tuviera una secuela no parecía más que un despropósito sin sentido porque significaba que si el futuro existía lo hacía bajo la forma de un espíritu fraudulento y mercantil. Sin llegar a ser la película perfecta y revulsiva que se proponía (más bien era repulsión for dummies), se trataba de una película con onda, cierto riesgo estético y comentario político, así como lo fue en su momento “Cigarettes & Alcohol” de Oasis: sin mucha profundidad pero, a la vez, contundente, atractiva e inolvidable. Sin embargo, luego de ver la película, el temor inicial cede hacia otras sensaciones no tan oscuras.

T2 Trainspotting tiene al elenco inicial (Ewan McGregor, Ewen Bremmer, Jonny Miller y Robert Carlyle) frente a cámara, en la dirección a Danny Boyle, y también está basada en una novela de Irvine Welsh, en este caso llamada Porno. Y la historia que cuenta es la de un regreso imposible: Renton volviendo, 20 años después, al mismo lugar que abandonó luego de haber traicionado a sus tres mejores amigos. Y Renton se encuentra, como no podría ser de otra manera, con que ellos siguen en la mala: el bueno de Spud metido en la droga, Sick Boy haciendo videos sexuales extorsivos con su novia prostituta, y Begbie en la cárcel sin haber perdido nada de su ferocidad imprevisible. Y, como ningún retorno es agradable, lo que sucede entre ellos forma parte de una trama en la que cada uno tratará de encauzar su vida de una manera distinta a como la venían llevando. En este sentido, la película tiene un costado moral y, de alguna forma, aleccionador que le resta potencia argumental.

Por otra parte, mientras Trainspotting 2 escarba en el presente desolador de los personajes, levanta vuelo y despierta interés. Pero cuando se sostiene únicamente en recordar los highlights no hace más que generar una nostalgia vacía y poner en funcionamiento una ternura mecanizada, artificial. Son esos momentos en los que la película parece perder parte de su esencia y su encanto. El cameo de Kelly Macdonald, la novia estudiantil de Renton, es un ejemplo claro de eso.

En su momentoTrainspotting supo capturar,y en esto el soundtrack exquisito tuvo un lugar muy importante, el desencanto de una determinada clase social frente a la posición frágil que ocupaba esa mayoría dentro del desigual e inclemente reparto de las riquezas. En el panorama todavía difuso del nuevo milenio, T2 llega con agotamiento: es una película que se ve más como la continuación, quizá inofensiva, de un paradigma de época que llamó la atención pero ya no tiene injerencia real en las subjetividades de la actualidad. Y lo decíamos más arriba: el tiempo es cruel con todos.

 

T2 Trainspotting

De Danny Boyle

2017 / Reino Unido / 117’

Estreno: 2 de marzo (UIP)