"De acá a la China": Erase una vez en el Oriente

Un equipo de argentinos fue sin recursos hasta China donde pasaron tres meses filmando, en cooperación con personas de ese país, una delirante comedia en la que un argentino viaja al gigante asiático para… abrir un supermercado argentino.

El cine independiente permite conseguir historias que, de otra manera, serían infilmables dentro de un esquema industrial, más aún con los recursos de una cinematografía como la nuestra. Después de todo, aunque su realizador, Mariano Llinás, lo hubiera deseado, presentar al INCAA un proyecto como “La flor” hubiera sido imposible. ¿Una película de catorce horas filmada en distintos países a lo largo de nueve años? De ninguna manera.

Dentro de todos los casos del último tiempo que pueden contarse, hay uno que sorprende por el arrojo inocente con el que sus realizadores se embarcaron en el proyecto. Hablo de la comedia “De acá a la China”, dirigida por Federico Marcello. Como suele pasar en estos casos, el detrás de escena es apasionante, una de esas situaciones donde uno replica constantemente “como en las películas”.

¿De qué se trata “De acá a la China”? La historia se centra en Facundo, cuyo padre tenía, en la década del ochenta, un almacén de barrio en pleno corazón de Saavedra. Sin embargo, a inicios de los noventa, con la llegada de los supermercados chinos, el almacén no pudo competir y tuvo que cerrar. Treinta años después, Facundo viaja al otro extremo del planeta con un único objetivo: lograr su venganza abriendo el primer supermercado argentino en China. 

Federico Marcello, director del filme, venía de la rama documental y su idea era hacer una no-ficción sobre los miembros de la comunidad china que llegan y abren supermercados en nuestro suelo. Pero con el tiempo, Marcello y sus socios le dieron una vuelta distinta y logró planear su primer largo de ficción.

Por lo general, cuando se le recomienda a un operaprimista qué proyecto realizar, se le dice que trate de filmar algo manejable, más cercano a sus posibilidades. Marcello hizo exactamente lo contrario.

 

SENTANDO LAS BASES

El proceso de la idea a la realización, como uno podrá imaginarse, no fue sencillo. Pero el nivel de arrojo con el que encararon la realización Marcello junto a su equipo, liderado por Pablo Zapata y Julián Arenzon es digna de quedar registrada de alguna manera.

El director de “De acá a la China” cuenta todos los pormenores y los increíbles golpes de suerte que lo acompañaron en su rodaje.

¿Cómo llegaron a esta idea y porqué empezar tan compleja aventura siendo tu ópera prima?

Federico Marcello:Hace varios años, armamos un documental junto a Pablo Zapata y Julián Arenzon, dos amigos míos que iban a emprender un viaje por Sudáfrica. Me sumé y recorrimos el país durante cuatro meses rodando y armando “Apartheid: voces en blanco y negro”, donde se cuenta la experiencia de distintas personas en el país pre y post-Apartheid. Después de esta primera experiencia, nos fuimos a Israel y Palestina, buscando historias de palestinos e israelíes que trabajan juntos como un camino hacia la paz a través del diálogo. Nuevamente, hicimos un documental sobre esto y, al terminarlo, surge la idea de hacer un tercer proyecto de no-ficción. Esta vez, el plan era retratar a la comunidad china en Argentina. Nuestra idea era darle tridimensionalidad al inmigrante oriental que está en el supermercado, algo tan cotidiano ahora pero que penetró en nuestra cotidianeidad en tan sólo dos décadas. Queríamos profundizar quiénes son, de dónde vienen y por qué abren supermercados. Pero mientras escribía, se me ocurrió una idea para ficción: un argentino que se va a vengar del cierre de su almacén precisamente yendo a China y abriendo un supermercado argentino ahí. Esta premisa comenzó a devorarse al proyecto original y terminó siendo una ficción que tiene escondida esa estructura documental que en un momento habíamos planteado. Y así, lo que iba a ser nuestro tercer documental terminó siendo nuestra primera ficción.

¿La pensaste desde un principio para filmar de manera independiente o aplicaste a fondos o créditos antes de hacerla?

Federico Marcello:Cuando comenzamos a gestionar para ver cómo hacíamos la película, consideramos todos los caminos posibles que podíamos tomar. Me acerqué al INCAA y cuando vi lo que había que hacer, me di cuenta que una presentación oficial me iba a llevar años. Entonces, decidimos hacer la película por nuestra cuenta, y que en todo caso a la vuelta veíamos de presentarla en algún subsidio para película terminada.

¿Y aplicaron a alguno de esos créditos para proyectos terminados?

Federico Marcello: Cuando volvimos de China me acerqué al INCAA a ver qué se podía llegar a hacer. Pero pasaron dos cosas. Primero, que por nuestra inexperiencia nos faltaban muchos papeles que deberíamos haber tenido que presentar. Pero más importante aún, y esto dicho por la propia gente que nos asesoró dentro del INCAA, no nos convenía que nos den el subsidio, porque en ese caso deberíamos primero blanquear todos los ítems de una película oficial, de una película que pasa por el INCAA. Y ahí nos iban a pagar mucha menos plata de la que deberíamos cobrar para cancelar esos montos blanqueados. Por ese motivo, desde el principio hasta el final, la decisión fue de seguir de manera independiente.

 

MÁS BARATO POR DOCENA (EN CHINA)

El grupo de tres personas que iniciaron el proyecto se fue expandiendo hasta llegar a un equipo de once individuos más los locales que se fueron sumando en China. “Varios amigos que no están en el medio del cine nos dijeron: ´che, ¡si van a hacer esa película, yo me sumo!’ Estamos hablando de personas tan entusiasmadas que hasta se pagaron sus propios pasajes para viajar”, cuenta Marcello.

Una vez en China tenían dos comodines para ayudarse. Por un lado, un fotógrafo español que iba a aportar su experiencia y contactos en el país para conseguir luces y equipos. “Él tenía contactos que nos podían aportar mucho de lo que necesitábamos en ese aspecto. Pero faltando días para el rodaje, nos llama y nos dice que por problemas de visado se tuvo que volver a España. Ahí quedamos desnudos en términos de producción”.

Sin embargo, la buena fortuna hizo que sus problemas lograran encauzarse prontamente. La casualidad quiso que conocieran a Eugenio Donatello, un argentino que estaba por celebrar su boda con una mujer china. “Él nos invitó al casamiento y fue en esa celebración donde terminamos conociendo a más de treinta personas que nos terminaron ayudando en la película, ya sea actuando, produciendo o aportando props y equipo”.

El viaje en su totalidad se extendió a lo largo de tres meses. El grueso del rodaje se realizó en la provincia de Fuyang. La elección de ese lugar no fue caprichosa ni azarosa. “Fuyang es la zona de donde viene el 85 por ciento de los chinos que viven hoy en Argentina. Y Xiamen es una “pequeña” ciudad de ahí: viven 7 millones de habitantes”.

¿Qué ayudas consiguieron en China y cuáles fueron los mayores desafíos?

Federico Marcello: A los pocos días de llegar, ya teníamos una agenda muy nutrida de chinos que estaban dispuestos a ayudarnos. Mientras algunos nos buscaban locaciones, otros se ofrecían a actuar. En ese momento yo llegué con un guion escrito de noventa páginas. Pero una vez ahí y empezando a conocer a la gente, íbamos modificando el guion en base a las historias de las personas que participaban en la ficción.

¿Y cómo dividían las tareas entre el equipo?

Federico Marcello:  Éramos un grupo donde no había alguien que cumpliera una función específica, todos colaborábamos, muy mezclado. Teníamos demasiadas tareas para la poca gente que éramos y sin dinero. Y nos encontrábamos en un lugar donde sólo hablaban chino. En la producción muchas veces nos hacíamos entender haciendo dibujos.

En la segunda etapa del proceso, se suman al equipo los otros “comodines”:  Chen Mo y Ju, su mujer. La pareja era originaria de China, pero habían vivido muchos años en Argentina. Los dos viajaron desde su casa en Shangai y sirvieron durante casi dos meses de traductores. “No sólo eso, sino que además nos dieron muchísima ayuda en el guion, en la producción y hasta para el catering. Chen Mou es chef y cocinaba todos los días para las trece personas que conformábamos el equipo final”.

 

EL REGRESO A CASA

La estadía en China les ocupó tres meses de su vida, pero aún quedaba un muy largo recorrido a la vuelta. Es que, al haber financiado la película con sus ahorros, no sólo había deudas que cancelar, sino que el proceso de post-producción también salió del bolsillo de Federico y su socio.

“En ese camino de independencia, seguía trabajando, y cada peso que ahorraba iba destinado a la película como si fuera una especie de familia paralela. Hasta que pude terminar y cerrar el filme pasaron aproximadamente cuatro años. En la post tuve la suerte de encontrarme con Alejandro Carrillo Penovi, que se encargó del montaje y fue como un cirujano para la película. Su mano fue muy importante para que el corte final fuera ágil y disfrutable”, cuenta Marcello.

¿Pero qué fue, dentro del proceso de post-producción, lo que les llevó tanto tiempo?

Federico Marcello:  Una vez finalizada la película teníamos que terminar de hacerla “oficial”. El asunto es que habíamos musicalizado gran parte del filme con temas muy conocidos, como canciones de Los Auténticos Decadentes, de Gilda, de Piazzolla y Antonio Ríos. Podríamos haber reemplazado esas canciones con música original, pero se hubiera perdido algo importante. Entonces, antes de cerrar el montaje fuimos a buscar a cada uno de estos artistas, o a sus representantes, para pedirles que nos cedieran los derechos de alguna manera para ponerlos en la película. Todos nos aprobaron con el único requisito de hacer el pago mínimo en SADAIC. Pero contactar a toda esta gente nos llevó muchísimo tiempo, además de juntar la plata para la cancelación de esos montos. Después estaba el tema de la cesión de imagen y de participación. Tengo un bibliorato con más de quinientas hojas con todos los “release” de los que participaron en la película de alguna manera u otra.

 

NO SÓLO EN CINES

Luego del ritual del envío de la película a festivales varios, Marcello y Pablo Zapata decidieron que, una experiencia tan comunitaria como lo había sido el rodaje, debía tener una exhibición acorde, donde lo importante fuera que llegara a la mayor cantidad de personas de la manera más directa posible.

“Ploteamos mi camioneta con imágenes y posters de la película, conseguimos un proyector prestado y compramos una “pantalla” -una tela en realidad-; nos llevamos dos parlantes y una computadora y pasamos dos meses recorriendo el país”, detalla el director.

Y así, las dos cabezas del equipo atravesaron diez provincias en menos de sesenta días, habiendo completado cincuenta proyecciones, cada noche en un pueblo o ciudad distinta. “La proyectamos en bosques, en plazas públicas, clubes sociales. ¡Hasta en un convento! La pasamos en todos lados”.

Los cálculos de Marcello (básicamente, el contar de a uno a los asistentes de cada proyección) indican que en esas cincuenta funciones lograron juntar a más de 4.500 espectadores.

Después de la gira, empezó la búsqueda de espacios donde continuar el estreno, pero en Capital Federal. “Buscamos en centros culturales, en cines, averiguando todo como cualquier hijo de vecino: llamando por teléfono, preguntando a la gente de los espacios, sacando cuentas. Hasta que nos abrieron las puertas en el Centro Cultural Recoleta, donde la proyectamos en tres funciones a sala llena. Al ver el gran impacto de esa pasada, dijimos: sigamos”.

Finalmente, llega la posibilidad de un estreno en el circuito de cine arte o independiente. De esa manera, en marzo aterrizan en el Malba y en el Centro Cultural de la Cooperación.

“De acá a la China” es una comedia que se disfruta por sus propios méritos. Pero luego de conocer todo el derrotero que llevó su realización, es imposible no verla con ojos asombrados, pensando que, cuando se quiere, se puede. Acá o en la China.