Desde adentro

Arte

Por Aili Chen

Personalmente, necesito conocer a los personajes para crear y producir el diseño del espacio donde habitarán y para tomar decisiones que, de otro modo, pueden resultar arbitrarias a lo largo del trabajo. A veces, algunas preguntas sobre el espacio pueden ser un disparador para reflexionar sobre ciertos aspectos inexplorados de los personajes. Es un momento muy estimulante para un director de arte. Por eso fueron claves las charlas previas con los directores.

Jazmín y Hernán hicieron una linda dupla. Se complementaron en el set, con buena conexión entre los dos. Trabajaron con mucha intensidad, en equipo, y le dieron atención e importancia a la dirección de arte. Así, rediseñamos completamente la ambientación de la locación, para que la casa tuviera un estilo más contemporáneo, con la intención de transmitir relax y el estilo de vida de los dueños de la casa (Fernán Miras y Carla Peterson).

En decisiones compartidas con fotografía y vestuario, las paredes blancas y las aberturas de madera actuaron como fondo de los interiores. Fue una decoración muy sencilla y funcional, pensando en los personajes dueños de casa: una pareja clase media profesional con ciertas inquietudes artísticas y existenciales.

La presencia de las comidas en Recreo fue muy importante, ya que en el guion ocupaban muchísimas páginas y largas escenas de conversación. La organización de las escenas de comidas me gusta mucho. Su producción se hizo con cuidado y esmero tanto para que se vieran bien como para que los actores se sintieran a gusto (ambos logros de Wallace, nuestro utilero). Varias de las escenas de comida se filmaron entre dos y hasta tres días diferentes, y por eso se necesitaba especial atención, ya que había muchas ensaladas, frutas y carne asada, y la continuidad de estos elementos no es sencilla.

Disfruté mucho de Recreo, pese a la exigencia que significaba el traslado diario de 70 km entre el set y mi casa, pero el espíritu de todo el copadísimo equipo técnico y la contención de mi pequeño y maravilloso equipo de arte (Marilina Álvarez y Julia Aguilera) hicieron que fuera una experiencia inolvidable.

 

Vestuario

Por Roberta Pesci

Como diseñadora de vestuario de la película, creo que mi mayor desafío era recrear tres parejas que tuvieran empatía y a la vez se diferenciaran. Que entre los seis pudiera haber una unión estética visual, pero que con detalles, colores y tipologías pudiera darles carácter y credibilidad. Una historia que trae cada uno.

El film abre presentando a los seis personajes sin texto, y eso que no nos dicen con palabras, solo con su actitud y la caracterización, ya debía contar quiénes eran. Los anfitriones Andrea (Carla Peterson) y Leo (Fernán Mirás) claramente están en una etapa de la vida más relajada, están pasando por un momento de “calma”. Ella está realizada: empleo colores pastel, luminosos, desaturados, tejidos livianos, linos, algodones, etcétera. Él se funde con el campo, su campo.

Lupe (Jazmín Stuart) y Mariano (Juan Minujín) son los padres primerizos “mayores”, son los modernos, los que están pasando por una gran crisis. Sobre todo ella, que está puerpérica, dejada: sus prendas están estiradas, está destemplada, usa colores oscuros, prendas de algodón gastadas con abotonadura en el frente para dar de amamantar. Por último, están Sol (Pilar Gamboa) y Nacho (Martín Slipak), padres de trillizos. Ellos son más simples, ella es más colorida y naif, él es más adolescente, y sus prendas los acompañan.

 

Fotografía

Por Marcelo Lavintman

La importancia de la corrección de color (CC) como parte de nuestro trabajo como directores de fotografía es cada vez mayor. Con el advenimiento de lo digital, las herramientas que ofrece este proceso se multiplicaron. Banderear una fuente de luz difusa en un interior pequeño, por ejemplo, puede ser engorroso o llevar tiempo. O hacerlo puede romper el clima al que habían llegado los actores para rodar la escena. Resolverlo en CC lleva dos minutos. Lo mismo pasa con ciertas imperfecciones de cámara y hasta con algún foco blando. Hoy, expuestos como estamos a los tiempos apretados en rodaje, ya sea por presupuestos acotados, por cuidar el tiempo de trabajo de los niños o la excelencia de las actuaciones, es parte vital de nuestro trabajo saber qué dejar o qué no para dicho proceso. Por otra parte y por lo mismo, cada vez adquiere una mayor importancia el rol de los coloristas, auténticos artistas del color. Su labor tiene mucha más importancia para el resultado de la imagen que el que les es reconocido. Sería bueno que esto se modificase.

En esta película tuve el honor de contar con Maxi Pérez, de HD Argentina, con quien ya trabajé en otros dos largometrajes. Un verdadero crack pese a su corta edad. Puede inventar atardeceres o solear días nublados de manera natural y veloz. No es sorpresa que sea discípulo nada menos que del gran maestro Alejandro Pérez, al que tanto se extraña.

Estoy muy feliz de haber sido parte de Recreo. Me siento muy agradecido con todos los que participaron. Y lo resumo nombrando a Jaz y a Hernán por confiar en mí y dejarse ayudar, y a mis tres principales colaboradores, Cami Lucarella, Jocha y J. Tizon, en representación de todo mi gran equipo.

 

Montaje

Por Agustín Rolandelli

Enfrentarse al montaje de una película siempre es un desafío, y esta no fue la excepción: dos meses y dos directores para cerrar un corte final. Una vez más junto a Hernán (es nuestra tercera película juntos), pero esta vez acompañado por Jazmín (a quien conozco y admiro desde hace más de 20 años, cuando estudiábamos en la misma facultad).

Recreoes mi primera experiencia con dos directores, y confieso que estaba un poco inquieto. Para mí el montaje, además de ser un proceso técnico/artístico, es una suerte de terapia para el director, donde se enfrenta a todos sus aciertos y desaciertos. La figura del montajista, entonces, funciona como un terapeuta, que en silencio escucha las ansiedades del director y trata de acompañarlo en su sufrimiento. Al tratarse de dos directores, rápidamente tomó la forma de una terapia de pareja. En general las decisiones en montaje se toman de a dos, y esa tercera voz, ese tercer interlocutor, hizo más rico el debate.

Hernán trabaja el montaje desde aquello que no le gusta, descarta aquello que no lo convence, como un escultor trabaja la piedra hasta encontrar la forma. Jazmín, en cambio, es más intuitiva, está atenta a que lo que suceda esté vivo, respire, transmita emoción. Y yo soy más frío y cerebral (gajes del oficio). Creo que esas cualidades, esas diferencias, nos conformaron como equipo de trabajo, y sin notarlo logramos un equilibrio que facilitó la toma de decisiones, así como el desempate. Fue una experiencia enriquecedora junto a dos talentosos colegas a los que hoy, después de esta encantadora aventura, considero grandes amigos.

 

Música

Por Juan Blas Caballero

Pasaron apenas unos días de la finalización de la película, del cierre definitivo de la mezcla de sonido, ese momento crucial en que todo lo provisorio pasa a ser definitivo, y todavía tengo la sensación de que hay cosas por revisar o cambiar. De algún lado sale la frase “las mezclas no se terminan, se abandonan”, originalmente aplicada a la música, pero totalmente válida en el caso del cine.

El soundtrack de Recreo es muy variado. Abarca desde una versión de “Funiculí Funiculá”, (totalmente arreglada, grabada y producida acá en Buenos Aires) hasta una remake (cuasi remix) de “Safety Dance”, un hit de technopop ochentero ideal para acompañar con hombreras y vincha flúo.

Partiendo de eso, el soundtrack recupera algunas progresiones armónicas de uno y de otro tema, las recombina de diferentes maneras y las mezcla con melodías nuevas, intentando en todo momento ajustarse a las necesidades de las escenas, sin perder de vista la identidad general. Si lo logra o no, eso queda a criterio de cada espectador.

 

Sonido

Por Emiliano Biaiñ y Marcos Zoppi

Desde el sonido, Recreo nos invitó a narrar un universo de múltiples personajes en las escenas corales y uno particular, el de la individualidad de cada uno de ellos. Para esto creamos tantas versiones de representación sonora del campo como personajes, donde “lo realista” se transforma para construir un universo propio de cada uno.

Así, las secuencias corales están sonorizadas desde un punto de vista de normalidad del típico campo argentino, con el oído puesto en el fuera de campo sonoro, generando mucha presencia de los niños y de los adultos en off; una exageración de la multiplicidad que da una sensación de agobio a través de la combinación de material grabado durante el rodaje y en estudio.

Esta grabación tuvo dos tipos de registro: uno general, que describe situaciones típicas de verano construidas desde las características de cada personaje, y otra puntual para algunas escenas (como los almuerzos y cenas) para construir continuidad, la sensación de que muchas cosas pasan al mismo tiempo, y una profundidad de campo sonoro que aporta mucha naturalidad y realismo.

Otro aspecto fue la búsqueda de musicalidad del universo sonoro de la película, la convivencia de la fauna con los momentos musicales como si fueran un instrumento más. La intención era que en los momentos en los que no hay música actuaran de esta manera para proponer un devenir natural pero, a la vez, construido con mucho artificio, intentando crear una naturaleza pulsante y por momentos sutilmente extrañada. Esta forma de construcción de la naturaleza dialoga todo el tiempo con lo artificial de los protagonistas en ese entorno y lo natural de los que viven ahí.