Duelo al sol

Inspirada en la novela de culto de Carlos Busqued, Bajo este sol tremendo, El otro hermano llega en un momento en que el cine nacional la necesitaba. Como un cowboy que patea la puerta de una taberna, cada nueva obra de Adrián Caetano pisa fuerte y sacude la medianía general.

La figura del forastero aparece con recurrencia en el cine de Adrián Caetano. La vemos, claro, en el protagonista de Bolivia, un inmigrante que choca de frente contra una Buenos Aires hostil; también en el personaje de Julio Chávez en Un oso rojo, un tipo que sale de la cárcel para vivir una falsa libertad en un mundo que no pude dejar de verlo como un convicto; e incluso en Malaen la que Florencia Raggi interpreta a una asesina a sueldo que se camufla para invadir a sus víctimas asumiendo otra piel. En todos los casos se trata de personajes que, sometidos a reglas que no les pertenecen, deben habitar territorios ajenos, adversos, donde la violencia aguarda latente debajo de la mansa piel de la vida cotidiana. 

Con esa misma premisa se activa el relato de El otro hermano, la nueva película de este director nacido en Montevideo, inspirada en Bajo este sol tremendo, la intensa novela de Carlos Busqued. Es una tarde agobiante y Duarte (Leonardo Sbaraglia) espera, debajo de una precaria parada de colectivo en algún lugar de Chaco, a Certati (Daniel Hendler), que llega a bordo de un viejo Duna color crema. Ese auto es un indicio de la condición económica de Certati, quien viene desde Buenos Aires por la noticia de la muerte de su madre y de su hermano, ambos asesinados por el novio de ella. Además del compromiso familiar, lo que moviliza a Certati es la posibilidad, anunciada por Duarte, de cobrar un seguro de vida y de esa manera tener un ingreso de dinero, algo que necesita con urgencia. 

Duarte es una bestia sonriente, de dientes maltratados, piel curtida por el sol y bigotes robustos. Militar retirado, él maneja los hilos de los negocios más turbios del pueblo. Sbaraglia logra construir un personaje caricaturesco sin caer en la sobreactuación, y muta su tono de voz, rápido y agudo, a uno que, adecuándose a la cadencia chaqueña, logra ser atemorizante. Una sola escena basta para ilustrar el poder que detenta; cuando Certati le pregunta si puede acercarlo a algún lugar con el auto, Duarte contesta que no y queda, por un instante, a la deriva en medio del pueblo. Solo pasan algunos segundos hasta que le hace una seña al primer auto que pasa, llama al conductor por su nombre, y le pide que lo lleve a una dirección específica. Ese momento es suficiente para convencer tanto a Certati como al espectador de que Duarte conoce todo y a todos en ese lugar, y es quien manda en esta historia.  

Certati, en cambio, es un héroe improbable, de tez pálida y papada prominente, un empleado público que fue despedido por no hacer nada, interpretado por Daniel Hendler. La escena en la que un pibe vestido con una camiseta de Chaco For Ever corre una manta para que reconozca los cuerpos de su madre y hermano funciona de forma simbólica: de la misma manera, a Certati también le tocará develar todo lo truculento que se esconde en el pueblo al que acaba de llegar. A medida que avanza el relato, El otro hermano se torna una película oscura que se envuelve de un clima denso y áspero. El enfrentamiento que se genera entre Certati, un ciudadano común, y Duarte, un ex oficial de las Fuerzas Armadas que realiza secuestros extorsivos, dialoga con la dimensión política del cine de Caetano (presente de manera evidente en Crónica de una fuga y NK: el documental, pero también en Francia, definida por algunos críticos como “una película peronista”).  

Si hablamos de territorios y forasteros, Caetano se encargó de atravesar distintos escenarios a lo largo de sus películas: la ciudad de Buenos Aires (Pizza, birra, faso), el conurbano (Un oso rojo), el campo (Mala), y ahora Chaco en El otro hermano. Ese pueblo Lapachito, según la novela de Busqued es un espacio hostil en el que resulta irónico que sobre sus paredes pueda verse con insistencia pintadas de una campaña política, ya que parece un terreno sin reglas ni autoridades, donde la inacción de la policía es absoluta. El personaje de Pablo Cedrón (que así, engrasado, rengueando por su pequeña deformidad, podría ser el personaje de alguna Mad Max) funciona a la perfección en ese marco, mientras la barbarie se apropia del relato, como el dueño de un negocio de compra-venta que adquiere de todo, desde libros hasta un auto, negociando y acumulando chatarra como atesorando los restos de una sociedad en ruinas.  

 

El otro hermano 

De Adrián Caetano 

2017 / Argentina / 112’ 

Estreno: 30 de marzo (Cinetren)