Duelo a muerte

Como una artista inquieta que se mueve de un lenguaje a otro, Kris Niklison abandona un rato el escenario y las bambalinas para estrenar su segundo largometraje, Vergel, una obra sobre la muerte y el duelo que logra fusionar los mundos de la cineasta y dramaturga.

Entre Diletante y Vergel trabajaste muchos años en teatro. ¿Cómo entra en juego tu experiencia en esa disciplina, el peso de lo físico, en Vergel?

Trabajé 20 años en teatro, pero antes de Diletante. El tiempo entre Diletante y Vergel fue para viajar con Diletante; escribir, diseñar y juntar el financiamiento para Vergel y viajar a la India para escribir mi siguiente película, El barquero. Con relación a cómo juega la experiencia del teatro en Vergel, creo que todo lo que vamos haciendo en la vida suma al ser (y artista) que serás. De modo directo o indirecto. Por ejemplo, haber sido trapecista me ayuda a poder lidiar con las limitaciones técnicas del cine. Pero respondiendo tu pregunta de lo físico en Vergel, te puedo decir que la película fue escrita con la cámara. El departamento donde la mujer espera no es un lugar más, sino casi un personaje en la película. Eso fue muy claro en el proceso de creación. Normalmente en cine se escriben los guiones y después se buscan las locaciones. Pero Vergel fue escrita para ese lugar. Fue ese departamento el que inspiró y generó la película. Me animo a decir que, si no hubiera existido ese departamento en mi vida, no hubiera habido Vergel. Por otro lado, me gusta decir que Vergel fue escrita con la cámara pues investigué con mi 5D el espacio y la luz durante años, y esas investigaciones me fueron inspirando el guion. 

 

La muerte y el duelo son dos conceptos que están muy presentes en la película. ¿Por qué te interesó trabajar esos temas? 

¿Hay otros temas? Siento que solo tengo tiempo para lo fundamental. Una vez leí la frase “Una mente interesante solo se interesa con sexo y muerte”. Vergel trata de los dos. Como buena escorpiana, la muerte me fascina, la entiendo como una transformación, no como un final. Y cuando digo muerte no digo solo la muerte de una persona, sino cualquier ciclo que se cierra. La muerte del marido en Vergel es una metáfora para todo lo que concluye, que inevitablemente abre espacio para algo nuevo. Por eso la elección del vergel, de un jardín donde el ciclo nacimiento-muerte es algo tan natural. Diletante fue un modo de prepararme para la muerte de mi madre, Vergel es sobre un duelo, y El barquero será sobre un hombre que ayuda a morir. Esperemos que con esa trilogía cierre el tema y pueda ocuparme de cosas menos fundamentales.

 

La filmación de Vergel sucede en un espacio reducido. ¿Cómo trabajaste eso? ¿Es más difícil o más sencillo para una película que el espacio sea limitado?

El departamento donde transcurre la acción tiene 38 m2 y la terraza otros 38 m2. Cuando la asistente de dirección llegó casi se muere. Dijo: ¡acá no entramos! Pero yo había investigado mucho el espacio y sabía que, si poníamos la cámara en los rincones y nos apiñábamos, lo íbamos a conseguir. En un sentido eso complicó un poco el rodaje pero, en otro, lo que lo que no crece para afuera crece para adentro. Y siento que la condensación de Vergel en un espacio reducido colabora a la intensidad de la película. Yo sentía que si filmaba a la mujer en las calles, en las reparticiones públicas, esa intensidad se iba a diluir. Me gusta decir que Vergel es una película de acción porque la mujer vive una montaña rusa emocional sin salir del lugar.

 

Lo sonoro tiene un peso singular en la película. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo visual y lo sonoro?

En realidad se complementan. Lo que llega visualmente no llega sonoramente y viceversa. Hay vecinos que se ven a lo lejos y voces que llaman por telefono, como si todo le llegara fragmentado a la mujer, porque ella está quebrada. Su mundo está hecho pedazos, y la imagen y el sonido la acompañan. Por otro lado, el trabajo de Martín Grignaschi fue fundamental a la hora de ponerle sonido a lo que pasa por la cabeza de la mujer. Me encanta el modo abstracto y potente que él encontró de “sonorizar” sus pensamientos.

 

Sos una artista multifacética. Tal es así que en Vergel no solo dirigís y guionás la película, sino que también te hacés cargo de la cámara y la fotografía. ¿Cómo se hace para estar al mando de tantas cosas? ¿Creés que el director tiene que tener el control total de la obra?

No creo en las generalizaciones ni las reglas. En Vergel fue así porque fui desarrollando la película a lo largo de los años en mi departamento. Se podría decir que todo empezó con un proyecto de arquitectura (remodelé el departamento), después paisajismo, (planté las plantas), diseño de arte y fotografía (pinté, compré muebles y fui estudiando la luz en el espacio durante varios veranos). Para cuando llegó el tiempo de filmar, no tenía sentido alguno llamar a otros para que hicieran lo que de algún modo ya era parte de la película. Fueron el gran Chango Monti y la gran Margarita Jusid quienes me hicieron ver que lo tenía que hacer yo, así que respiré profundo y lo asumí.

 

Vergeltiene muchas conexiones con Brasil. ¿Qué te vincula con ese país, o por qué elegiste que ese país sea parte del relato y no otro?

Brasil es parte de mi vida. Tengo un espacio cultural allá y vínculos profesionales y afectivos. Pero el motivo por el cual la protagonista de Vergel es brasileña es que quería un personaje ajeno pero no muy lejano. Es decir, quería que no entendiera bien el idioma pero que no hubiera necesidad de estar traduciéndolo todo. El portuñol fue, entonces, la elección perfecta.

 

Vergel

De Kris Niklison

2017 / Argentina - Brasil / 86’

Estreno: 1 de febrero