Dulce y melancólica

Las despedidas nunca son felices. Sin embargo, Macarena Albalustri consigue transformar el duelo por la muerte de su madre en una desafiante película que no nos deja ajenos ante la complejidad de decir adiós.

¿Cuándo supiste que Ensayo de despedida iba a ser una película?

Creo que desde el principio la pensé así, pero no tenía idea de si iba a lograr hacerla o terminarla. De hecho, la empecé y después durante un tiempo la dejé. Pensaba que el tema había dejado de estar vigente para mí, que había perdido interés. Cuando la retomé (por un hecho personal que está en la película) de alguna manera supe que no la podía dejar. Se me había vuelto una necesidad hacerla. En ese proceso, me acompañó Tomás Dotta, el coguionista de la película, y armamos un pequeño equipo para filmar lo que paradójicamente era lo que más me faltaba: construir la figura de mi mamá y terminar de armar la estructura y la forma de ensayo que tiene.

 

Tu documental es en primera persona, pero aporta un condimento que no suele verse mucho en ese género: el humor. ¿Cómo y por qué pensás que se expresa en ese tono la película?

Ensayo de despedidatoca un tema que, en principio, puede considerarse “serio” o sin humor. Y la verdad es que teníamos ganas de que el documental trabajara con ese tema a fondo, pero al mismo tiempo que no tuviera una mirada trágica sobre eso. Creo que la película tiene un tono agridulce y eso fue bastante buscado, tanto en el rodaje como en el montaje que fuimos descubriendo con Iara Vilardebó (EDA). Por ejemplo, si sabíamos que había una entrevista o situación con elementos más duros para el espectador buscábamos que antes o después hubiera algo que lo aliviane. Además, yo tengo humor en la vida. Entonces, si iba a hacer algo que tuviera que ver en parte con mi historia, me parecía que estaba bien que la película reflejara eso en el tono. Que ese “personaje” que narra en primera persona fuera yo y tuviera ciertas características que tiendan al humor y otras que no. Me gusta que tenga ese tono agridulce y para eso necesitaba que estuvieran los dos elementos y que al reunirse generaran cierta tristeza, pero a la vez también algo vital.

 

¿Cuál fue la reacción de tu familia luego de ver la película?

Mi familia no pudo viajar al estreno que fue en el Festival de Mar del Plata del año pasado, así que no la vieron en el cine. Igualmente, se la pasé a mis hermanas hace poco. No tenían mucha idea de lo que iban a ver y se emocionaron mucho. Una de ellas me mandó un mensaje que sólo decía “La terminé” y una foto de muchos pañuelitos todos usados. Eso me conmovió mucho. Mi papá va a verla recién en junio así que aún no sé cuál va a ser su reacción. Creo que cuando filmamos su escena él tampoco sabía si yo iba a terminar la película y creo que eso hizo que se muestre muy como es. Algo que en parte ya sabía y me interesaba dejar en la película como un fracaso más, como la búsqueda de respuestas en la persona equivocada. No sé qué puede suceder cuando la vea, pero sí aseguro que me va a costar su presencia en la sala.

 

¿Volverías a exponer tu vida en la pantalla grande? ¿Por qué?

¡No! Pero no por exponer mi vida o no. Creo que uno hace una película por una necesidad. Y la película surgió por una necesidad muy genuina que tenía en relación con un tema en particular. Esa película para hacerse me demandaba cierta exposición, narrar hechos de mi vida y mi familia… Eso me costó mucho porque no soy una persona que cuente cosas íntimas tan fácilmente. Pero en cierta medida la película lo demandaba.

 

¿Pensás que hay forma de narrar lo propio y personal a través de la ficción?

Creo que la mayoría de las películas parten de algo propio, ya sea un tema, una imagen disparadora, un concepto. Eso puede devenir en un documental o una ficción, además de que los límites no están tan claros. Creo que Ensayo de despedida es claramente un documental, pero a la vez tiene una estructura bastante clásica o elementos dramáticos que uno, en principio, relacionaría más con la ficción, como un detonante muy claro o un clímax hacia el final. Ahora, creo que si vas por el camino de un relato en primera persona, biográfico y personal, sí hay un cuidado que tenés que tener tal vez más presente que en una ficción. Y hay que tratar de que ese relato no se vuelva pura banalidad, forma o algo medio narcisista. Es difícil saber cuánto contar, dónde y cómo. No siempre contar menos es exponerte menos.

 

¿Cómo fue tu acercamiento al cine? ¿Y tu formación?

Esta pregunta es muy buena y tal vez mi respuesta desilusione un poco. En general, creo que uno busca encontrar algo que lo haya motivado o algún acercamiento en particular, algún mito del estilo “de chica mi abuela me llevaba al cine y ahí decidí que me dedicaba a esto”. Me refiero a algún punto de inflexión… La verdad es que no tengo nada de eso, es un poco como dice la película al final: uno busca encontrar ese hito fundante, pero no tengo tan claro cómo o qué fue lo que me acercó al cine. Sí puedo decir que mi primer acercamiento fue con el teatro, después estudié dramaturgia y en paralelo dirección de cine. Ahora doy clases de guion y de estructura de series de TV.