El alemán errante

Herzog por Herzog es un recorrido de entrevistas escurridizas, de esas que se hacen a pie, durante el eterno caminar de un director que le escapa a la quietud.

La gestación de Herzog por Herzog cuenta con un plus pintoresco que describe su concreción como resultado de una férrea insistencia y del gambeteo de un obstáculo duro de roer: el propio Werner Herzog. Cuenta Paul Cronin, entrevistador y compilador del libro, que, ante su invitación a reunirse con el propósito de hacer un libro, el director germano contestó de la siguiente manera: “No hago un autoexamen. Me miro al espejo para no cortarme cuando me afeito, pero no sé de qué color son mis ojos. No quiero colaborar en un libro sobre mí”. Como si se sintiera impelido a realizar las mismas proezas físicas que encarnan los personajes retratados en la filmografía de su entrevistado, Cronin viajó con tesón. Primero, en 2001, hacia Londres (se filmaba Invencible). En 2002, hasta Munich. Más tarde a Los Ángeles. El resultado de semejante periplo es un fabuloso opúsculo de trescientas páginas que compila titánicas conversaciones y releva la producción cinematográfica de Herzog en sentido cronológico, en un arco que va desde su primer cortometraje Herakles (1962) hasta Invencible (2001). El recorrido por las películas es realizado en un tono abiertamente coloquial que elude el academicismo y el análisis sesudo para dar lugar a que el director de Aguirre, la ira de Dios exprese sus ideas con una claridad y una soltura inéditas. Así como el libro proporciona un anecdotario vasto sobre los entretelones de los rodajes de Herzog, también destierra varios mitos consolidados en el tiempo: no amenazó con ningún arma de fuego a Klaus Kinski como heterodoxa dirección dramática, ni se vanagloria de arriesgar la vida de cientos de nativos para trasladar un barco entre morros en Fitzcarraldo. Tal vez la arista mas apasionada del libro sea aquella que construye a Herzog como un viajero esencial, un caminante infatigable dispuesto a ser interpelado por la geografía redescubierta a cada paso. De hecho, es a partir de la lógica del errabundeo que Herzog propone extraer su potencia creativa, incluso al punto de fantasear con abrir una escuela de cine basado en la experiencia del viaje: “Los aspirantes solo tendrían permitido llenar el formulario de inscripción después de haber recorrido solos a pie una distancia de unos 5000 kilómetros, digamos de Madrid a Kiev. Y mientras caminan tendrán que escribir. Deberán escribir sus experiencias y luego entregarme sus cuadernos y libretas de anotaciones. Así sabré quiénes caminaron realmente esa distancia y quiénes no. Caminando se aprende a filmar películas más que asistiendo a clase. Sus experiencias serán lo contrario del conocimiento académico, porque la academia es la muerte del cine. Es exactamente lo contrario de la pasión”.