El cine en presente

Algunos textos teóricos, a poco tiempo de ser publicados, reclaman su condición de imprescindibles. Editado en Francia en 2015 por Éditions Verdier y traducido con imperiosa velocidad recientemente en Argentina por Manantial, Cine. Modo de empleo configura un nuevo panorama dentro de la estética de la imagen en movimiento.

En el momento en que empezamos a acostumbrarnos a loaudiovisual como dato encriptado, a soluciones estéticas forjadas a partir de ceros y unos, aparece un manual para alertarnos y decirnos que no caigamos en la trampa de la naturalización conceptual sin antes hacer un análisis histórico de las transformaciones de eso que llamamos cine. Para rastrear el pasaje de la imagen impresionada de forma físicoquímica al cifrado de lo digital, será preciso entonces hacer hincapié en el universo lexical que esta mutación acarrea. De allí que Jean-Louis Comolli y Vincent Sorrel propongan un glosario teórico-práctico con más de doscientas entradas, para orientar la mirada (ideológica, técnica, histórica) y así entender la verba cinéfila de nuestra época. La pregunta-guía es, entonces, ontológica y reactualiza el planteo de Andre Bazin: ¿qué es el cine? ¿Cuál es la pertinencia de ciertos términos que parecen describir un mundo en extinción como el de lo fotoquímico, con empresas como Fuji parando la producción de fílmico o salas de cine que no proyectan más que de forma digitalizada? Por lo menos, hay una concesión que se da ante un hecho irreductible. El arte de la imagen y el sonido gestiona al menos una relación: la que se da entre máquinas y cuerpos contiguos no puede eludir la presencia física.

“El cine se ve y se hace siempre en presencia y en tiempo presente, cualquiera sea la distancia que nos separa de los hermanos Lumière, de Griffith o del último formato de video digital”, dicen los autores. Y si el cambio de paradigma conlleva muchos beneficios, también encierra algunas engañifas que Sorrel y Comolli consideran que se deben pasar por alto. El pasaje a lo digital no puede entenderse en una línea genealógica que tenga en cuenta al cine y, más atrás, a la fotografía. En la captación de lo real, el cine y la fotografía cuentan con un elemento que es constitutivo de la experiencia fílmica: el azar. En cambio las imágenes de hoy, como productos de cálculos algorítmicos, aparecen para intentar modelizar la esencia aleatoria de lo real. Esa voluntad de control total de la imagen digital es la que debería estar bajo sospecha. Por eso los autores dirán con firmeza: “Lo que nos interesa en el hecho de filmar el mundo o el cuerpo son las líneas de fuga, lo que escapa al cálculo o a la voluntad, incluso a la conciencia, y que se puede definir como el cruce de lo impensado técnico que lleva consigo cada cámara con lo involuntario cuya sede es todo cuerpo; y, todavía más, con lo impensado que caracteriza nuestra relación con el mundo, cualesquiera sean los poderes de cálculo que se implementen”.

En este manual de usos múltiples, tanto para hacedores como para críticos o entusiastas de ocasión, no hay arista de la distribución, realización, exhibición, expectación del cine que no ingrese en la órbita reflexiva de sus autores. Y, por ende, que no aporte vigor a este opúsculo de exigida revisión estética y batalla ideológica. 

 

Cine. Modo de empleo

Jean-Louis Comolli y Vincent Sorrel

(Ediciones Manantial)