El crítico como arista

El libro de Marcos Vieytes explota el estilo que supo caracterizarlo. Ese en el que desarrolla una relación vital con un lenguaje tan mutante como el cine, y en el que la crítica no es el análisis y la interpretación de una obra que ya está hecha, sino la intención de establecer un diálogo que se ubica muy en los bordes de ese centro donde habita la critica clásica.

Son diversas las maneras de cultivar la crítica. Existe la crónica diaria de los medios masivos enmarcada o ceñida a parámetros determinados (número de caracteres, relación directa entre aquello que se aborda y la condición de noticiabilidad). Existen trabajos eruditos nutridos de un flujo retórico “profesional” en tanto descriptor aséptico de evidencias estilísticas. Existe también la crítica como arte, un contexto conversacionalque expone sobre todo la relación del crítico con las películas, pero que gesta a su vez un espacio colectivo imaginario. Allí el lector encuentra un hogar donde consolidar y extenuar el placer cinematográfico por otras vías: la lectura y la escritura. Adoptando en ciertos pasajes la impronta del libro biográfico, y en otros casos exhibiendo una enorme capacidad analítica, Subjetiva de nadie se estructura de manera fragmentaria y abre la posibilidad de establecer relaciones insospechadas. Del anecdotario que nos habla del descubrimiento de la belleza, la poesía y la sexualidad, damos el salto hacia la trilogía del cineasta turco Semih Kaplanoglu; del recuerdo de una viñeta familiar en la que una madre le acerca a su hijo un exprimido de naranjas derivamos en una reflexión sobre Volver, de Almodóvar. Esa manera de impulsar el desarrollo de la lectura, pivoteando entre la linealidad y la sinuosidad en una combinación de registros, es lo que hace del libro de Marcos Vieytes un recorrido necesariamente desafiante. Algo parecido a lo que sucede en la descripción que hace el autor sobre cierto tipo de inquietud inherente a la labor crítica: “Este crítico busca en cada película escollos que lo desafíen antes que facilidades. Lo excita la dificultad de descifrar la demasiado evidente superficialidad de las convenciones (…)”. La prosa de Vieytes se lee, entonces, como una puesta en tensión de una escena de escritura, la escritura crítica en una matriz profundamente literaria. Porque la actualidad y el pasado del cine son convocados a partir de un lirismo que se sabe agradecer, y que va hilando memorias personales e impresiones ensayísticas hasta transformar a Subjetiva de nadie en un objeto estético en sí mismo, en una aventura casi en clave novelada que elude la simple antología de textos críticos. El placer aquí no se reduce al recuento y rejunte de datos, e incluso sobrepasa la esfera de la opinión. Porque si estos capítulos desbordan las posibilidades meramente prácticas de la función crítica, es para proponernos un intenso raid por las densidades del lenguaje y para hacernos entrar en un corte transversal (personal) a través de la historia y la contemporaneidad del séptimo arte.