El héroe del Bicentenario

Zenitram, la aventura épica y decadente de un superhéroe bien argentino. Su director, Luis Barone, se pone la capa y responde.
Nota publicada en la edición impresa del número de mayo de 2010.
 
Alejada tanto en su propuesta estética como en su forma narrativa de cualquier otro estreno cinematográfico de su lugar y su tiempo, Zenitram se instala en la cartelera porteña como un relato de aventuras en tono épico y paródico a la vez. La misma presentación del personaje (“Un argentino que vuela”) ya se está mofando de las aspiraciones siempre desmedidas del ser argentino y va convirtiendo a la película en un canto al desencanto nacional y popular. Es que detrás de Zenitram no se esconde un periodista con afán de investigador como Clark Kent sino un gris recolector de residuos de apellido Martínez que de manera bastante fortuita consigue sus dones en una negociación poco clara en un baño de Constitución. Como muchos de sus colegas justicieros, Zenitram va a aparecer en el contexto de una enorme catástrofe natural y un gobierno corrupto que está lejos de resolver la situación. Pero sólo será hacia el final del relato, luego de transar con el poder y convertirse en un engranaje más del aparato burocrático del Estado, que este accidentado héroe va asumir su misión en busca del bien común.

Si bien todo en Zenitram huele a cómic, la historia está basada en un cuento de Juan Sasturain, uno de los pocos escritores argentinos que no le teme al género aventura. Demasiadas cosas pasaron desde que el director Luis Barone vio el potencial de la historia en aquellas páginas hasta el estreno de esta superproducción del cine argentino: un arduo trabajo de preproducción bajo las reglas del cooperativismo que la productora Kaos emplea desde hace ya varios años, una profunda investigación sobre la problemática del agua como recurso natural escaso (de donde surgió el documental Sed, de Mausi Martínez), un premio especial del Bicentenario otorgado por el INCAA para la financiación de la película y el apoyo de productores brasileros y españoles que le dieron una nueva dimensión a la producción y aportaron un casting de prestigio (y cachet) internacional. Con todo ese bagaje detrás, la película de entrada ubica al espectador en una Buenos Aires futura pero no demasiado lejana, sitiada por el manejo fraudulento de los recursos naturales y entregada al antojo de un gobierno que no hace más que reproducir el sistema con descarados gestos populistas.

 
¿A qué aspectos del ser argentino apunta un personaje como Zenitram?
Hay dos cuestiones con respecto al personaje. Una es que aparece en una sociedad que no está organizada para tener superhéroes. No saben dónde ponerlo: lo nombran ministro, no saben qué hacer con el tipo. Y la otra cualidad es el aprendizaje que él tiene que hacer para administrar sus propios dones, sus propios poderes. Me parece que esas dos cualidades armaban un personaje central con bastantes cosas en común con todos los mortales.
 
Si bien hay un tono paródico, la película igual resulta bastante dura con el sistema político y social argentino.
Es cierto. Cada época  ha encantado el mundo como lo ha necesitado. Con la posmodernidad vinieron ciertos relatos desencantados del mundo: ese auge del realismo, de dejar la fórmula e ir a las grietas, a las fisuras, a los momentos internos. Nosotros fuimos por ese camino. Trabajamos mucho con la dirección de arte, con Martín Oesterheld y Daniel Santoro, en lograr esa imagen sucia, decadente. Se intentó rescatar la cosa monumentalista de las décadas del 40 y 50, de Vargas en Brasil o de Perón en Argentina. La arquitectura fascista de las grandes obras, de un Estado omnipresente en todas partes. Pero es un mundo imponente y favelizado a la vez. A eso lo terminamos bautizando “el gótico justicialista”.
 
¿Por qué creés que esa épica peronista está tan poco representada en el cine argentino?
El peronismo es algo que estuvo muy presente políticamente, fuera de los parámetros de cualquier otra cosa. Y es raro que algo tan fuerte, que ya lleva más de 50 años, haya quedado sin representación. Se supone que eso tiene que ver con algún tipo de censura continuada desde el proceso. Pero son cosas que lógicamente deberían ser más representadas desde nuestra ficción porque todavía están presentes. El de Zenitram es un Estado justicialista muy decadente. Los gobernantes tienen gestos populistas pero políticas antinacionales: esa cosa de reunirse en la plaza para agradecer que te den una tarjeta para tomar agua y hacer que eso sea vendido como un logro social.
 
¿Sentís que una película de este tipo puede quedar un poco sola dentro de la cartelera comercial?
Es cierto que es una película atípica. Pero creo que a la vez está soportada por toda una cultura que hay en Argentina vinculada al cómic. Como formulación de relato no es diferente a cualquiera de las historias de Trillo.

 

Cooperativismo

“Es absolutamente legal”

Entrevista publicada en la edición impresa del número de mayo de 2010 por el estreno de Zenitram. La nota completa, acá.

 

Tu productora Kaos trabaja bajo el sistema de cooperativas, un esquema de producción que trajo más de una polémica. ¿Cuál es tu argumento para defenderla?
Las empresas cooperativas no son empresas de lucro sino de la economía social. Cuando nosotros hicimos la cooperativa en el año 91 éramos un montón de técnicos desocupados. Lo que buscábamos era generar un instrumento que nos permitiera lograr cierta continuidad de laburo y poder vivir del cine, desde un lugar de la cultura del trabajo, no desde una pretensión intelectual.

 

Pero esa forma de contratación, al final del día, ¿no encierra una manera de pagarle menos a los técnicos?

La legislación que hay sobre cooperativismo es una ley nacional que establece una forma asociativa absolutamente legal. Vos como productor podés contratar por medio de la ley de contrato de trabajo, o podes hacer un acuerdo que no es contratar sino asociarte con una cooperativa para el trabajo. Nosotros como trabajadores nos asociamos con los productores, tenemos porcentaje en cada una de las películas y el equipo técnico también es dueño de una parte de la película. Es cierto que el sindicato presiona para abstenerse o no apoyar películas hechas de esta forma. Pero es la postura del Sindicato, no del Instituto.
 

Si muchas de las películas realizadas en la productora no llegan a estrenarse en salas comerciales. ¿cómo hacen para financiar las siguientes?

Hay andariveles diferentes por donde recorrer el mercado. Hay películas que te cierran en un andarivel y no te cierran en otro. Lo importante es que el proceso se cierre y se cumpla. Nosotros lo que hicimos, dado que el circuito de exhibición en Buenos Aires es bastante complicado, fue una estrategia independiente para algunos trabajos nuestros. Nosotros tenemos convención con la federación de cooperativas eléctricas y de agua del interior del país que son aquellos lugares donde todos los vecinos están asociados en forma cooperativas para tener los servicios. En general son ciudades de 20 mil habitantes. En total es un grupo de aproximadamente 4 millones de asociados, que multiplicado por el grupo familiar termina siendo una parte importante del país que esta diseminada en el interior. Nos instalamos una semana en cada lugar, pasamos las películas y paralelamente organizamos en los colegios, clases de cine para los chicos, un primer taller de cine para acercarse al mundo audiovisual.
 

¿Qué resultados obtuvieron a partir de este sistema de exhibición?

Esto permite que las películas cumplan su ciclo, que la gente las vea. Y por otro lado nos deja estar económicamente en el punto de equilibrio para no perder dinero con las producciones. Nosotros montamos un proyector de 35 mm arriba de un camión, en la plaza del pueblo, y a la noche tenés entre dos mil y tres mil personas viendo la película. Es un modo de distribución acorde a los costos que nosotros manejamos. Si no, yo no puedo estrenar. Porque hay películas en las que sólo el costo de lanzamiento sería mayor que lo que vas a tener de recaudación. No porque sean malas sino porque van a un nicho de mercado que para que se enteren acá en Buenos Aires necesitas demasiada inversión. 
 

¿El problema sigue estando en la exhibición?

El año pasado nosotros estrenamos con cinco copias Nunca estuviste tan adorable. Tuvo excelentes críticas en  todos los medios pero no se enteró nadie y a la semana estábamos bajando la película. Sólo de copia y afiche tenés un costo que no vas a recuperar. Los exhibidores no te dan la sala y no porque tengan una cuestión ideológica con las películas nacionales. Ellos tienen compromisos con las distribuidoras internacionales y para que les den un tanque tienen que pasar cinco películas que a lo mejor funcionan tan mal como las argentinas. Ellos no creen que las americanas sean mejores. Las sostienen a veces con muy mala cifra por un compromiso con el distribuidor. No están en contra del cine nacional. Es el negocio.