El hombre que está solo y espera

Verdadera sorpresa en la Semana de la Crítica del último Festival de Cannes (en donde se llevó tres premios), Atormentado (Take Shelter) mezcla drama con horror psicológico, y confluye en un relato agobiante cuyo epicentro es la mente de un atribulado padre de familia.

 

Reseña publicada en la edición impresa del número de abril de 2012.

 

Luego de su ópera prima Shotgum Stories, el realizador Jeff Nichols aborda, en su segunda película, el costado más miserable de la sociedad norteamericana. Pero no lo hace a partir de un guión coral, sino a través de un personaje “común y corriente”. Curtis (Michael Shannon) es un trabajador de la construcción casado con una amable ama de casa, Samantha, interpretada por Jessica Chastain (vista recientemente en Historias Cruzadas y El árbol de la vida). Juntos cuidan a su pequeña hija, que es muda pero que mediante un tratamiento puede dejar de serlo.

Todo indica que podrán lograr su objetivo, gracias al trabajo y posterior ahorro que emprende la pareja. Pero las cosas se vuelven inestables cuando Curtis comienza a tener unos sueños apocalípticos. La situación traumática es progresiva: si al comienzo las pesadillas son sustos que se superan al despertar, poco a poco el gris se irá tornando negro azabache.

Pero a Nichols no le interesa la univocidad. Si bien la inestabilidad emocional de Curtis vulnera aún más a la situación familiar, nada parece confluir en una sola dirección, y Take Shelter amplía el conflicto hacia otras zonas. Poco a poco esa locura individual transmutará hacia espacios comunitarios, sin llegar a la alegoría fácil (como en La aldea, de M. Night Shyamalan) ni al relato de horror puro y duro. Por el contrario, ese delicado estado mental será la mecha que encienda el combustible de una sociedad enferma y desencantada, plena en mecanismos de constricción que jaquean la libertad individual. El mal de esta película está en la mente de un individuo, pero también en los bancos, en los deficitarios y pauperizados sistemas de salud estatal, en las empresas aseguradoras. El mal ha dejado de ser tangible y ha llegado a su plena inmaterialidad.

El hecho de que la madre de Curtis sea una enferma esquizofrénica, apenas funciona como posible justificación de lo que le ocurre. Al mismo tiempo que su hijo asiste a su decadencia mental, la película se transforma  en una obra dilemática. Primero, abriendo interrogantes a la esposa, los compañeros de trabajo, los vecinos y, en definitiva, al público. Si hubiera que buscar un tema que prepondere en Take Shelter, bien podríamos inclinarnos por la cuestión de la fe. Una delicada línea que separa al trastornado de la aparente normalidad, sobre todo cuando emplea la poca cordura que le queda para construir un refugio, convencido de que se avecina el fin de los tiempos.

Varios son los méritos formales de este film. Y el principal es la concisión con la que Nichols hace uso de los efectos visuales. Sin abrumar al espectador con una parsimonia visual, cada elemento de las pesadillas justifica su inclusión.La familia, pilar de la sociedad moderna, lleva las de ganar, pero una secuencia con pájaros que se estampan literalmente contra el suelo genera una perturbación poco común en el cine norteamericano más reciente. Take Shelter también nos ofrece a dos tremendos actores, capaces de transitar el miedo, la ira y la angustia con absoluta convicción. Véase la secuencia del club de leones, en donde Curtis es humillado por sus vecinos y responde diciendo a los gritos que el apocalipsis es inminente. Un compendio de sollozos, violencia, ternura y –por qué no- comicidad, que en ningún momento pierde su enriquecedora dimensión humana.