El vientre del arquitecto

No es común ver películas que pongan su corazón en la arquitectura. Por eso, Las grietas de Jara, adaptación del libro de Claudia Piñeiro, sorprende al construir un tormentoso relato policial desde un conflicto edilicio.

Nicolás Gil Lavedra leyó la novela Las grietas de Jara unos meses después de publicada sabiendo que la opción de adaptación ya había sido adquirida por una productora nacional. A principios de 2015, cuando Claudia Piñeiro, la autora de la novela, le comentó que la opción de compra de los derechos se había vencido, Gil Lavedra aprovechó para leerla una vez más. En ese momento, con la pericia de un arquitecto, como quien imagina los cimientos del rancho que puede levantar, vio y recreó la película en su cabeza. Entendió a los protagonistas, sus conflictos, sus intereses y sus muecas: del papel a la realidad, la opción de adaptarla al cine terminó por materializarse del todo.

La película mantiene el espíritu de la novela: se erige como un thriller psicológico, donde confluyen las características del cine de género y el cine de autor. “Ese fue uno de los propósitos que tuve junto al coguionista, Emiliano Torres”, reconoce el director. “Más allá de que Claudia sea una autora que escribe construyendo imágenes que muchas veces resultan cinematográficas para el lector, el lenguaje literario es muy diferente del de una película por lo que con el guion se genera una nueva obra. En una novela puede haber tantas películas como personas la lean”, sigue. Por supuesto que, en el fragor de la adaptación, tuvo que tomar ciertas decisiones, como eliminar personajes, replantear determinadas situaciones, economizar recursos, elegir cómo contar la historia para que pueda ser contenida en una estructura cinematográfica.

Las grietas de Jaratiene en su ADN un fuerte componente policial. “Mientras adaptábamos el guion, aproveché y estudié mucho el género. No porque pensaba hacer una película estrictamente ubicada en él, sino que sabía que me podía ayudar con el relato”, dice. Buscó películas sobre arquitectos y se fascinó con Violación de domicilio, de Anthony Minghella: allí lo policial se mezcla con una historia cotidiana, y a su vez el protagonista es un arquitecto. De su boca: “Una vez terminado el guion, dejé de buscar referencias para dar lugar a que las propias imágenes fueran generando las distintas piezas del rompecabezas”.

En la historia, la hermosa Leonor (Sara Sálamo) irrumpe en el estudio de arquitectura Borla y Asociado buscando a Nelson Jara (Oscar Martínez). Entretanto, Mario Borla (Santiago Segura) y su socia, Marta Hovart (Soledad Villamil), deciden hacerse los desentendidos ante la mirada absorta de Pablo Simó (Joaquín Furriel), el arquitecto más antiguo de la constructora. Los recuerdos de Simó empiezan a aflorar y la verdad empieza a dosificarse a cuentagotas: ¿quién es Nelson Jara? ¿Qué pasó con él? ¿Y cuál es el misterio que pinza a un estudio de arquitectos con este sospechoso hombre? Así las cosas, entre las frustraciones personales, la incomodidad de los recuerdos y el desparpajo de la joven Leonor, Simó irá quebrándose y presionando para terminar de unir las piezas de este puzzle agrietado como tajo en la pared.

“Filmar una película de estas características no es nada fácil.La historia te sumerge en el mundo de la construcción y la arquitectura, algo que no fue reflejado muchas veces en el cine argentino. La ciudad y su arquitectura terminan convirtiéndose en elementos muy importantes”, asoma Nicolás, hijo de Ricardo Gil Lavedra, el abogado, juez y político que condenó a los militares del Proceso de Reorganización Nacional en el Juicio a las Juntas. A la sazón, Nicolás también es responsable de Verdades verdaderas, la biopic de Estela de Carlotto. A propósito de esa experiencia, recuerda: “Es una película que no pierde vigencia, y eso me llena de alegría. No es fácil hacer una película sobre la dictadura, menos hacer una biopic de una persona que está viva; pero siento que todos los que trabajamos en la película logramos un gran trabajo del que tenemos que estar orgullosos”.

Por estos días, está terminando una serie de entrevistas que van a formar parte de una plataforma audiovisual sobre el Juicio a las Juntas en el marco de un proyecto con el Sistema Federal de Medios. Además, fue convocado por el Centro Ana Frank Argentina para hacer una obra de teatro sobre el Diario. Por alguna u otra razón, su vida está vinculada al compromiso social. Lo trae desde el fuero más íntimo ya que, además de su padre, su madre es abogada. De hecho, él mismo estudió cuatro años de abogacía por mandato familiar. Pero hubo un cimbronazo, una emoción que lo reconfiguró: el cine. “Una vez que mis padres pudieron ver la pasión que le pongo, las cosas se acomodaron. Y la verdad es que siento que en estos años crecí bastante”.

 

Las grietas de Jara

De Nicolás Gil Lavedra

2017 / Argentina

Estreno: 18 de enero (Buena Vista)