En el nombre del padre

En su primera experiencia como director solista, Juan Sasiaín cuenta cómo es armarse para dirigir una película desde una mirada propia y única, y Guadalupe Docampo explica cómo repercute eso en su trabajo actoral. Además, todo lo que implica un rodaje en el interior con compañeros como Lautaro Murray y Leonardo Sbaraglia.

Consolidando un lirismo que ya dejaba apreciarse en La tigra Chaco, codirigida con Federico Godfrid, Juan Sasiaín nos regala una conmovedora y contundente obra en la que la frescura y la fragilidad experimentada en el pasaje de la niñez a la adolescencia marcan el pulso de un relato delineado bajo el clamor y el ritmo de un pueblo patagónico. Protagonizada por Leo Sbaraglia, Guadalupe Docampo y Lautaro Murray, Choele cuenta la historia de un niño en las fronteras de la preadolescencia, en conflicto y encantamiento con un padre al que deberá dejar en el pueblo donde reside para buscar nuevos horizontes con su madre. En un escenario tan apacible como revelador, Coco (el promisorio Murray) deberá lidiar con la posibilidad de enamorarse por primera vez… de la novia de su padre. Esa es solo la simplificación argumental de una película que desborda la capa superficial de su propio relato. Nos reunimos con el director Juan Sasiaín y con la actriz Guadalupe Docampo para conversar sobre ese micromundo mágico que forja la historia sinuosa de Choele.

 

Juan, ¿qué había en la localidad de Choele Choel que te parecía indispensable para contar tu historia?

Juan Sasiaín: En Choele me sentía en armonía como escritor y director. Me daban alojamiento, primero en un gimnasio, luego en un hotel, luego en casa de amigos, y tenía disponibles las historias que la gente me iba contando. Fui viendo locaciones, y a partir de ahí se me ocurrían historias. No es la historia de Choele, sino mi historia. Un niño que busca a su padre.

 

¿Por qué lo describís comotu historia, como si contaras algo autobiográfico?

JS: Porque uno se escribe a sí mismo. Podés contar otra historia que aparentemente no tiene nada que ver con vos pero te estás describiendo a vos mismo. Fui a Choele sabiendo que iba a escribir mi historia. Paul Schrader recomienda pensar qué conflicto personal tiene uno en el momento y volverlo metáfora. Yo creo en eso; por eso van madurando las películas, porque madura tu punto de vista como ser humano ante la vida. Creo que ese fue un cambio entre dirigir en dupla y ser solista.

 

¿Cómo se negocian los puntos de vista cuando es un dueto?

JS: Cuando escribo de a dos trato de pensar el universo del otro, y espero que mi compañero haga lo mismo. Entre ambos armamos un tercer punto de vista que no existe en solitario. Comencé a escribir en dupla con mi amigo colombiano Andrés Benavidez; él escribía en la vereda tomando cerveza, y yo me acoplé a su modo de escribir, así como él a su vez incorporó cosas mías. Con Federico Godfrid había una gran intuición sobre la mirada del otro. En cambio, cuando trabajo solo me busco a mí mismo y no a mi dupla; trato de buscar mis propias historias internas. Eso sucedió con Choele, para la cual busqué mi voz de autor por primera vez.

 

Y en términos de dirección dramática, ¿qué diferencias existen entre trabajar con dos directores o con uno solo?

Guadalupe Docampo: La diferencia fundamental fue que La Tigra, Chaco fue la primera película de los chicos. Eso ya fue determinante, porque la aproximación que tuvimos a esa experiencia fue desde un lugar de ingenuidad, en un sentido positivo, por la capacidad de sorprendernos y trabajar sin prejuicios. Si bien Choele conservó el espíritu de cierta experiencia comunitaria, porque vivíamos todos en la misma casa, igualmente era una estructura de producción más grande.

 

El resto de las películas en las que actuaste son más urbanas. En la experiencia de un rodaje en un pueblo del interior y la ciudad, ¿hay diferencias en cuanto a la tensión dramática con que se trabaja?

GD: Hay muchas diferencias. Ir a filmar al interior es lo más. Cuando termina la jornada nadie se vuelve a su casa a resolver los temas con su pareja, a preocuparse por el monotributo o por alimentar a los gatos (Risas). En cambio hay una concentración que nunca se dispersa. Me parece que los equipos trabajan más conectados así, están más presentes en la película. Cuando uno va a hacer películas al interior, se contagia del espíritu del lugar, que tiene otro clima, otro ritmo. Es una de las cosas más interesantes que tiene el cine: mostrarte otras maneras de vivir la vida.

JS: Me acuerdo de que en las reuniones creativas que tuvimos con los equipos en la productora yo había puesto unos carteles en la sala que decían “Respirar Choele”, para embadurnarnos de ese clima pueblerino. Entonces se trataba de armar el esquema de producción interactuando entre el pensamiento unitario de Buenos Aires y el pensamiento federal que tienen todos los pueblos que visito viajando. “Respirar Choele” significó filmar cuatro semanas de lunes a viernes, hacer una siesta o un corte en el río, y volver en la segunda mitad del día totalmente renovados como si fuera otra jornada. Uno descansa en el mismo río en el que filmó, entonces se le tiene más amor a ese espacio a la hora de rodar.

 

 ¿Por qué elegiste contar la historia desde el punto de vista de un niño? ¿Te generó dificultades al momento de escribir?

JS: Primero la pensé desde tres puntos de vista: el del padre, el de la mujer y el del niño. Los fui entrecruzando, fui desarmando la película y moviéndola de lugar. Pero la historia que quería contar era la del nene, porque en ese momento tenía una mirada de niño hacia mi padre. Necesitaba filmar esto para poder crecer y saldar una deuda con mi punto de vista de niño.

 

¿Tuvieron trabajos preparatorios previos con Lautaro Murray?

GD: Tanto con Lautaro como con Leo Sbaraglia tuvimos muchísimo trabajo de ensayos durante el rodaje. Hay algo de la concentración que uno por profesionalismo trata de sostener como sea, pero si un niño se aburre hace las cosas con menos ganas. Eso hizo que se encarara el trabajo de dirección como algo lúdico, de modo que se inventaban juegos que fueran análogos a las escenas para estimular y mantener la mente despierta. Fue una experiencia enriquecedora que se terminó traduciéndose en la película.

 

¿El tono naturalista de la película fue algo planificado o se fue dando en el proceso?

JS: Ese tono es mi elección como director de cine. Es mi propuesta estética, y creo que en ella hay una verdad muy poderosa. Al espectador le hace bien ver ese tipo de películas, porque hacen que uno se meta en la historia y sienta que eso está pasando de verdad. No vi muchas películas contadas con un tono “extrañado” que me involucren emocionalmente.

 

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Leo Sbaraglia?

JS: Es un actor muy noble y sencillo. Él trabajó muchísimo; a veces se quedaba horas entrenando solo, metido en la historia que teníamos que contar. Con el director de producción lo llevamos a hablar con un hombre que arreglaba autos; al final se quedó toda la tarde hablando con él, y así empezó a respirar como un poblador de Choele Choel. Investigó mucho, hasta aprendió a arreglar autos. Leonardo es un actor con mucha repercusión, y eso nos conecta más porque hace que la película se pueda compartir con más gente. Porque, en definitiva, yo hago películas para hablar con la gente, para sanar y para sanarme.

 

Choele

Juan Sasiaín

Estreno: 7 de mayo

2013 / Argentina / 87 minutos

Primer Plano