En espejo

Una puesta teatral que se acerca a su final y la composición de un nuevo personaje implican otros desafíos y aprendizajespara la actriz Analía Couceyro. La dificultad de un texto árido, la repetición, el rigor de los ensayos. Este proceso permite ir develando emociones y pliegues ocultos. Hablamos con Fabián Fattore, director de Actriz.

¿Por qué te interesó hacer una película sobre el trabajo actoral de Analía Couceyro?

En realidad el proceso fue un poco más indirecto. Primero surgió la idea de trabajar con el proceso de una actriz, el desarrollo creativo de un personaje desde que estudia el texto hasta que la obra se estrena. Cuando le propusimos hacer la película a Analía ahí el proyecto pasó a girar absolutamente alrededor de ella y entonces sí podemos decir que se transformó. Lo que en un principio era una idea de una actriz en abstracto con Analía tomó cuerpo. A la hora de pensar en ella pesaron exclusivamente sus trabajos previos. Es una actriz muy potente en teatro y al mismo tiempo muy dúctil a la hora de filmar. Me gusta mucho su trabajo en Los Rubios y en El Pasado, la película de Babenco. Eso quizá fue determinante. Una actriz que se desempeña muy bien tanto en cine como en teatro. Específicamente en El Pasado hay algo perturbador en su personaje, apenas insinuado, que transita subterráneamente.

 

 

¿Qué vínculo tenés con vos el mundo del teatro?

Actualmente como espectador, pero cuando tenía 20 años más o menos, estuve en un grupo de teatro en el Rojas y después asistí varios años a un taller que se llamaba El Parque. Si bien no estaba seguro de querer ser actor, más bien diría que no, para mí fue muy importante como espacio de formación artística. Estudiaba Sociología y teatro era un espacio de pura creatividad. Después cuando empecé con cine, todo lo que sabía de teatro me servía in montón. El trabajo con los actores, pero además el tono de una película, cuestiones de ritmo, qué decir, como evitar que una expresión artística sea una catálogo de buenas intenciones. Eso es algo que no está en las currículas y que te lo da ver obras, ver cine, ir a muestras, después juntarte y charlar y discutir con amigos sobre lo que se vio.

 

La película aborda parte de  los ensayos y funciones de dos obras de teatro protagonizadas por Analía Couceyro. ¿Cómo se filma el teatro?

Es un desafío. Mi primer temor era que la película fuese teatro filmado. Hay muchos antecedentes de películas sobre teatro, filmación de obras o ensayos a varias cámaras o en plano general. Nosotros filmamos con una cámara, entonces necesitaba poder moverme en los espacios teatrales, acercarme, alejarme, cambiar de ángulos. Para eso era importante estar cómodos en la situación, que nuestra presencia no fuese ni una molestia ni que nos dejasen filmar 5 minutos y listo. Por otro lado, mi idea era filmar en planos largos, con encuadres fijos muy trabajados y definidos, bastante cerrados y con mucho trabajo sobre la luz.  Acá el aporte de Melina Terribili fue fundamental, ella fue DF e hizo cámara. Todo eso, a veces es complicado en el registro documental. Además nosotros no podíamos intervenir en los ensayos, nos limitábamos a observar. Sin embargo, había algo a nuestro favor. Las situaciones teatrales suelen repetirse. Los ensayos se repiten, las funciones se repiten, los camarines antes y después de las funciones también. Eso nos daba previsibilidad. Al segundo ensayo ya conocíamos los movimientos, las rutinas, entones acomodábamos el trípode y la cámara para filmar el encuadre que buscábamos. Eso en cuanto a la puesta. Si pienso en los actorxs, descubrí que la repetición es casi un plan de trabajo. Tienen muchos rituales, donde dejar determinado objeto, cuando se maquillan y visten hay ciertos chistes internos que se repiten, pequeñas acciones que me parece están en la esencia de la actuación. Llenan de sentido algo muy simple, que dentro del contexto de un ritual, de la entrega del actxr, se vuelve muy importante.

 

¿Por qué te pareció más importante darle protagonismo en la película a la preparación de su futuro personaje de Marie Curie que a las otras obras?

Con Marie Curie pasó que fue un trabajo de Analía que surgió cuando ya habíamos empezado a rodar. En el proyecto original estaba la idea de trabar desde el principio de la preparación de un personaje. Estudia los textos, los memoriza, se los apropia. Investiga sobre el personaje, prueba vestuario, maquillaje, etc. Todos esos pasos sólo los permitía trabajar con una obra y un personaje desde el principio. Al mismo tiempo, ese proceso nos daba un esbozo de estructura para la película, una forma de organizar el relato. A medida que ese proceso avanza, avanza la película. De alguna manera esa sería la trama principal, y las demás obras funcionarían como tramas secundarias. Sin embargo, a medida que rodábamos, Constanza Muere también iba creciendo, las escenas estaban muy buenas, nos llevábamos muy bien con los chicos del grupo, y era una obra que estaba terminando. Hay cierta relación en espejo, no totalmente simétrica ni muy evidente pero sí insinuada, una obra que empieza, un personaje que nace, frente a una obra y un personaje que terminan.

 

¿Cuál fue el método de trabajo con ella? ¿Cómo hiciste para registrar su trabajo sin invadirla?

Acá es donde interviene el documental como proceso. Primero señalar que todo el rodaje duró un año y medio, entonces durante ese tiempo se generó una relación de confianza mutua entre el equipo, Analía y sus compañeros. Todas las jornadas de rodaje estaban acordadas con ella. Por otro lado nuestro equipo era muy chico y compacto; Melina Terribili (DF y cámara), Noel Romero (sonido directo) y yo, que hacía algunas cosas de producción si era necesario. Esto nos permitía meternos en todos los lugares donde estaba Analía, los camarines, que suelen ser chicos, una habitación de hotel, un viaje en auto, su casa, el cuarto de sus hijos. Por otro lado cuando rodábamos ensayos o funciones, intentábamos ser invisibles, quedarnos en un lugar o movernos muy sigilosamente, no sólo para no molestar el proceso creativo teatral, sino también porque nuestra tarea era esperar, ser pacientes. Al principio prácticamente no le pedíamos nada a Analía, después a medida que el rodaje avanzaba y nos conocíamos más, pudimos pensar algunas escenas. Acomodar algunas situaciones a la puesta de cámara, pero siempre desde el respeto por su trabajo.