Ensayo de un crimen

Luego de dos exitosas temporadas, Fargo vuelve al ruedo con nuevos protagonistas pero con el mismo ojo detrás de cada detalle: Noah Hawley, el productor que transformó la película de los hermanos Coen en un árbol que sigue dando frutos a la par de cadáveres.

La primera vez que escuché hablar de la serie de televisión de Fargo, cuando apenas era una noticia confirmada y no una serie con dos temporadas en su haber y aclamada por la crítica, me pareció una muy mala idea. ¿Cuáles eran las posibilidades de recuperar y expandir la propuesta de la película al formato televisivo con éxito? Fargo en particular es una de las películas más emblemáticas de los hermanos Coen y de los noventa, y el balance tonal que logra entre crime thriller y comedia negra es absolutamente brillante. Noah Hawley, novelista, creador y productor ejecutivo de las series Bones y My Generation, fue el encargado de desarrollar la serie de TV de Fargo para FX, un canal de cable que nos tiene acostumbrado a series de alto vuelo (The Americans, Justified o la reciente Legion, también de Noah Hawley), y logró mantener el tono del film original al balancear el humor negro y absurdo con tramas policiales y escenas de violencia repentina e intensa, agregando una capa de extrañeza e irrealidad.

La serie al día de hoy aún mantiene las similitudes con la película principalmente en los aspectos estéticos y no faltan las referencias a varios detalles repartidos a lo largo de la filmografía de los hermanos Coen: en la primera temporada un personaje habla de la valija que sabemos que fue escondida por Steve Buscemi al final de la Fargo del 96, y la segunda temporada, situada en 1979, retoma varios detalles del plot de secuestro que organiza William H. Macy. Noah Hawley logró crear un universo extraño y muy particular en su serie, pero los hermanos Coen fueron fundamentales para que pudiera lograrlo. De todas formas, más allá de los pequeños easter eggs circunstanciales, Fargo tiene el formato de lo que hoy llamamos anthology series, esto es, en cada temporada cambia completamente el plot, los personajes, el tiempo y lugar, a la manera de otras series como American Horror Story. Si bien la primera temporada tenía bastante vínculo con la película original, y la segunda funcionaba como una precuela, la tercera temporada se abre bastante de ambas y propone algo nuevo.

La presencia de Ewan McGregor en esta nueva temporada es doble: interpreta a dos hermanos, que funcionan a la vez como disparadores de las varias tramas que se abren en el primer capítulo de la temporada. Uno de los hermanos es Ray Stussy, un policía venido a menos que decide comprometerse con una criminal en libertad condicional, Nikki Swango (Winstead). Celoso de la fortuna de su hermano Emmit, decide poner en marcha un chantaje para robarle un sello vintage muy valioso. Como estamos en Fargo se pone en marcha la Ley de Murphy y todo lo que puede salir mal sale mal, y Ray y Nikki terminan involucrados en un doble crimen, sumando a la jefa de policía Gloria Burgle (Carrie Coon) en la trama. Por otro lado, Emmit Stussy tiene sus propios problemas: después de un préstamo millonario que pudo obtener con mucha facilidad y sin muchas preguntas, ve cómo su compañía empieza a ser forzada en un entramado mafioso de lavado de dinero intermediado por un hombre misterioso llamado VM Vargas (Thewlis, en una interpretación tan siniestra como extraordinaria). Siendo que transitamos desde hace un tiempo largo ya una nueva era dorada de la TV, de más está decir que visualmente Fargo es placer puro: la fotografía, los movimientos de cámara, las actuaciones, los arrebatos de violencia perfectamente coreografiados. Todo es de un gusto impecable, pero sobresale encima de todo un soundtrack ecléctico, psicodélico y siempre efectivo.

Muchos de los recursos argumentales de esta temporada los hemos visto antes: escenas de chantaje, mujeres sexies en combinación con policías perdedores con calvicie incipiente, mafiosos siniestros. Sabemos también lo bien que se llevan las escenas sangrientas con deep cuts de los setenta (gracias a Tarantino, que es mejor DJ que director). Lo interesante de la serie que Hawley encuentra la forma de encontrar tangentes narrativas que amplía y expande, como microcortos dentro cada capítulo. Pasa en el episodio tres, donde se las arregla para meter, en medio de las múltiples tramas de asesinato y extorsión, no solo uno sino dos prólogos completamente diferentes entre sí. Uno de ellos es una escena situada en los años 70 en medio del Hollywood más decadente. Productores de gran retórica y poco corazón, mujeres fatales, cocaína, glamour y pantallas divididas al estilo de Brian de Palma. Acto seguido, un pequeño robot animado recorre la tierra en un viaje existencialista en busca de respuestas, con una animación que recuerda al Don Hertzfeldt de World of Tomorrow. Todo esto simplemente porque el personaje de la jefa de policía encuentra unos libros de ciencia ficción, y la serie le dedica un capítulo con esta resolución original y profundamente humana. No es la única tangente idiosincrática; sigo sin entender realmente a qué viene la escena con los rusos al comienzo del capítulo uno. ¿Acaso habrá una referencia posterior, mediante un personaje, un cameo, un guiño, o simplemente fue un corto autocontenido a modo de comentario temático? Tal vez la gracia es no pensarlo demasiado, o quedarse con la pregunta.

Leí en un artículo de la revista Wired que Fargo podía ser comparada con Twin Peaks, dado que ambas transcurren en un universo con varias similitudes. El pueblo pequeño, la violencia que transcurre por debajo, inexplicable y siniestra, y, sobre todo, la sensación de que en cualquier momento puede pasar cualquier cosa. Ese es el mundo que Noah Hawley propone en Fargo, y es realmente un mundo que invita a quedarse.

 

Fargo

De Noah Hawley

Estados Unidos