Entrevista con Lali Espósito y Gonzalo Tobal

Hablamos en exclusiva con la protagonista y el director de "Acusada", el thriller judicial que ya da que hablar
PH: Pablo Franco

Lali Espósito es una fuerza de la naturaleza: logró ser una figura increíblemente popular en todos los ámbitos en los que se desempeña (cine, televisión, música) al mismo tiempo que mantiene una accesibilidad típica de “la chica de al lado”, sin que por eso su luz de Star no deslumbre al que la tiene alrededor. Es un equilibrio difícil, que muy pocos artistas han logrado mantener con el correr de los años.

Pero como muchas estrellas que conocen el éxito a temprana edad, Lali se mostrará en cines este mes en un rol que marca un quiebre en su carrera: un fuerte rol dramático que exige de ella mostrarse en las antípodas de su comportamiento en la vida real. En “Acusada”, la segunda película de Gonzalo Tobal, interpreta a Dolores Dreier, una joven acusada del asesinato de su mejor amiga. Pasaron dos años desde el crimen, el filme arranca en el momento en que el juicio está a punto de empezar. A su alrededor, se genera una locura mediática, en la que las redes y los canales de comunicación hacen de ella algo parecido a una celebridad. Eso lleva a que Dolores se repliegue por completo: tanto físicamente, estando casi prisionera dentro de su casa, de donde sólo puede salir siendo acompañada por uno de sus padres; y emocionalmente, donde la procesión de todo lo que acontece a su alrededor pasa por dentro de ella. No sabemos si es culpable o inocente; pero en su mirada podemos ver que la presión que todos ejercen sobre ella está a punto de convertirla en una bomba de tiempo.

Espósito no está sola en “Acusada”. La rodea uno de los elencos más impresionantes de los últimos años: Leonardo Sbaraglia, Inés Estévez, Daniel Fanego, Gerardo Romano y Gael García Bernal, en una participación breve pero contundente.

Hablamos con Lali y con Gonzalo Tobal sobre la construcción de la película y sus distintas capas de interpretación.

 

El género tribunalicio, el de las películas que giran alrededor de un juicio, no tiene muchos ejemplos en el cine argentino.  Sacando de lado algunos dramas judiciales de hace mucho tiempo atrás, como “La nave de los locos” o “Carlos Monzón: el segundo juicio” (que ya tienen más de 20 años cada una), no hay otros títulos tan centrados en el subgénero del suspenso judicial.

Gonzalo Tobal: Sí, es cierto. Fue un tema también a la hora de ponerme a buscar referencias locales, al momento de escribirla y después filmarla. Me encontré con esas que mencionás y con “Sin retorno” (2010) de Miguel Cohen, que tiene una parte muy chiquita que trascurre en un juicio oral. Y si no, ya te tenés que remontar a muy atrás y también hay poco. Entonces era un desafío que se me planteaba: cómo escribirla y cómo filmar toda esa instancia, la de la preparación y la del juicio. Había que encontrar el código justo para que fuera verosímil, pero que a la vez lo que mostrara funcionara desde el género. Porque fui a ver juicios de acá, como parte de la investigación, y la verdad es que no se parecen en nada a la idea de juicio yanqui que tenemos. Son más bien un embole, con kilómetros y kilómetros de texto, y horas de lecturas. Entonces fue mostrar algo que generara tensión y suspenso, pero que funcionara dentro del código cinematográfico de juicio argentino.

 

Y vos, Lali, ¿cómo trabajaste esas instancias, sabiendo que no ibas a encontrar referencias visuales?

Lali Esposito: Para mí fue más fácil de lo que fue para Gonzalo, obvio. Yo tampoco tenía muchas referencias de juicios argentinos, pero desde mi rol de Dolores, me servía a mí, siendo una joven argentina de 20 años, sentarse por primera vez en ese lugar, y experimentarlo todo desde esa extrañeza. Dolores es alguien que nunca había tenido ningún tipo de contacto previo con esos elementos, es alguien que tampoco había estado siquiera cerca de lo que es un juicio en Argentina. Toda esa incomodidad en ese espacio tan bizarro, tan nuevo, me sirvió para construirla a ella.

 

Me llamó la atención en la película que tu personaje, más allá de la duda sobre su culpabilidad o inocencia, está todo el tiempo reprimiendo sus emociones. Lo único que vemos en su mirada es que sabe más que el resto sobre lo que pasó. Y que esa presión la está afectando de maneras que pueden ser imprevisibles.  ¿Cómo lo trabajaste y cómo te sacabas de encima cada día al personaje?

Lali Espósito: La verdad que el rodaje fue intenso, pero Gonzalo conoce cómo soy. Por suerte él me cortaba en momentos muy extremos para salir de ese caparazón en el que se reprime Dolores y volver a ser más fiel a la personalidad que yo tengo. Pero sí, requería de cierta concentración para llegar a esos lugares que no había experimentado en otros personajes. Siempre tratamos de llegar y mantener ese comportamiento en Dolores, que siguiera la línea de pensamiento que creamos con Gonzalo; pero que, a la vez, mantuviera una constante neutralidad en lo que transmite. Esa neutralidad, que es importante porque no sabemos lo que ella de verdad está sintiendo o qué es lo que ella sabe, es lo que más costó. Yo sabía porqué ella estaba así, pero debía actuar para que no se notara lo que sentía: que ese universo que tiene adentro, todo el tiempo al borde del estallido, no se le viera en los ojos, en la mirada.

 

DESTACADO

LALI ESPOSITO: “A la gente le preocupa lo que se piensa de ellos. Las redes sociales son eso. Yo muestro en las redes la vida que quiero, no la que verdaderamente tengo”.

 

Gonzalo Tobal: Algo que fuimos descubriendo en el proceso, y que fue otro de los desafíos grandes de la película, fue el cómo trabajar con los actores en general; pero en especial con Lali.  Es gracias a ese desarrollo del personaje que la duda y la ambigüedad se construyen delante de la mirada del espectador. Para mí era una pregunta grande: ¿cómo hago para trabajar con ella, que tiene que trabajar dos signos contrarios al mismo tiempo? Y lo hablamos y fuimos probando hipótesis, si se quiere, y llegamos al camino de aceptar que, pese a la duda, nosotros teníamos que elegir una línea sobre lo que había pasado, y luego, si el espectador lo lee de otra manera en la cara y en las reacciones del personaje de Dolores, eso está bien. Vos ves en la tele que a alguien lo acusan de algo y te concentrás en su cara más que en sus palabras para ver si está diciendo la verdad o si miente. Todo eso lo potenciamos en el montaje, que es la base del cine si se quiere. Es algo que lo tuvimos que ver con Alejandro Carrillo Penovi, el montajista. O sea, darnos cuenta de que cambiar algunas cosas en la edición podía cambiar la mirada sobre el personaje, que ya de por sí es bastante paranoica.

Lali Espósito: Dolores no le demuestra nunca a nadie, ni a los padres, ni a los amigos, ni a su abogado, qué es verdaderamente lo que le está pasando. Y era un desafío esconder esas emociones en un personaje que está siendo observado y juzgado por los demás todo el tiempo.

 

Hay muchos temas que uno a esta altura ya maneja cotidianamente o que los siente parte de su rutina, pero que no se habían visto todavía en el cine argentino como parte central de una trama. Uno es que las redes sociales y los medios construyen la mirada, la sospecha, sobre cualquiera sea el tema en el que se enfocan, pero más aún en un caso de homicidio. Todo el trabajo de esa mirada de los medios y de los formadores de opinión, ¿estaba trabajado desde el principio del desarrollo del proyecto o son elementos que fueron incorporando?

Gonzalo Tobal:  Ese elemento fue bastante constitutivo del proyecto desde el principio, cuando lo pensábamos con Ulises Porra, el coguionista. El concepto era armar un caso que fuera lo suficientemente complejo y ambiguo, de forma tal que permitiera estas incorporaciones en el desarrollo de la película. Creo que lo del video sexual también estuvo ahí. Son temas que están en boga hoy en día y, si bien la película trabaja sobre varios géneros, como el policial, el drama judicial, el drama familiar, sí estaba la propuesta de que tratara conceptos muy contemporáneos, un diálogo con la realidad y la sociedad actual. Por eso, esas cosas estaban muy presentes. Después sí, se fueron multiplicando en el desarrollo del guion. Viéndolo a la distancia, me di cuenta de algo que por ahí no surgía al principio: es el cómo todas las relaciones que planteamos están mediatizadas.  La figura de ella se construye a través de la mirada de los medios, lo mismo con sus vínculos familiares. Es algo que veo todo el tiempo cuando surgen en la realidad juicios de muy alto perfil, que se da una batalla en el campo judicial, y otra batalla en el ámbito de los medios. Como si ambas cosas tuvieran el mismo peso en la balanza.

 

Lali, vos desde hace muchos años estás en el foco de los medios. Y uno desde afuera supone que también hay una construcción de la persona y de la imagen que es para los medios y otra que tiene que ver más con tu realidad cotidiana.

LALI: Sí, se transpola porque es un comportamiento que uno empieza a desarrollar. A la gente le preocupa lo que se piensa de ellos. Las redes sociales son eso. Yo muestro en las redes la vida que quiero, no la que verdaderamente tengo. Es que la verdad ya es un modus operandi en el que, si algo es mediático, tanto los medios como el que lo consume siente que tiene derecho a “desarmar” a una persona o un acontecimiento. Al ser mediático, lo puedo armar como se me canta, tengo derecho a armar la historia. Es un poco lo que cuenta la parte mediática de la peli: cómo se ven las relaciones a través de los medios y cómo son en realidad. Y sí, puedo entender la utilización de algo para el consumo y el morbo popular que nos genera seguir un caso, saber si lo hizo o no. Pero detrás de todo eso hay gente. Eso es lo que más me interesaba contar: su familia, sus amigos, ¿qué sienten? ¿cómo reaccionan ante alguien acusado así? ¿La siguen queriendo, no la quieren?

Gonzalo Tobal:  Parte del concepto de la película era ese. Contar un policial, pero desde el otro lado, no el de la investigación sino el de la familia, quedarnos con los personajes. Los medios de comunicación y esa familia están entrecruzados todo el tiempo.

 

Otro elemento que destaca es que ninguno de los personajes es esquemático. Van variando en sus actitudes con respecto a ella, van sucumbiendo a la presión o se van fortaleciendo ante ella, y va cambiando en uno, como espectador, el concepto que tenía de ellos. La ambivalencia es la constante en la película, no sólo ante el caso, sino ante lo que sentimos sobre los personajes.

Gonzalo Tobal:  Sí, la idea es mostrar también hasta dónde soportan los vínculos familiares en casos extremos como este. Está esa pregunta de hasta dónde llegarías o qué serías capaz de hacer por tus hijos. La mayoría de la gente que leía el guion, o que veía la película en testeos, solía reaccionar acompañando o entendiendo las decisiones (aun equivocadas) que llevaban a los padres a defender a sus hijos. De hecho, cuando ves casos reales en los que los padres entregan a sus hijos cuando cometen un crimen, nos suena raro a todos. Pero ya desde la concepción del cine no me interesa mostrar como caricaturas a los buenos y a los malos. Entiendo que funcione en ciertos esquemas de películas, pero me parece más interesante cuando no hay roles fijos.

Lali Espósito: Es que de hecho en la película nunca se plantea quién es “bueno” y quién es “malo”. En ningún personaje. Nadie es malo, pero nadie es impecable tampoco, ni siquiera el hermanito. Lo único que hay son acusaciones y el peso de todo recae en mi personaje, donde podés tener las dudas al respecto. Pero lo más interesante siempre fue que todos somos malos o buenos dependiendo de las circunstancias en las que estemos en la vida. ¿Quién puede saber cómo vas a reaccionar si un hijo tuyo pasa por algo así? O cómo vas a reaccionar vos mismo si te pasa una situación extrema. En esos casos surgen instintos animales, pero en el fondo son comportamientos humanos.

Gonzalo Tobal: En testeos salía que mucha gente bancaba las acciones del personaje de Luis (Leonardo Sbaraglia) y otros directamente pensaban que era un hijo de puta. Eso sí era algo que esperábamos: que generara el debate.

 

Otra cosa llamativa es que el universo adulto que la rodea está conformado, casi sin excepción, por estrellas de la actuación, figuras ya establecidas. Mientras que todas las amigas de ella, el novio, todos los que son generacionales al personaje de Dolores, son actores revelación, que uno no tiene vistos de otro lado. Y queda más acentuada -por eso- la división entre el mundo de los adultos y el universo generacional de ella sobre el que se apoya.

Gonzalo Tobal: Desde el casting sentía intuitivamente que el mundo joven no tenía que ser de figuras ya conocidas. Supongo que, por un lado, para darle un realismo a la película, que contrastara un poco con las otras caras ya conocidas. Y también para correr a Lali del lugar de Lali: que ese mundo juvenil con el que genera un vínculo tan fuerte no se sienta como un encuentro de estrellas.

 

Lali Espósito: Es que no se nota esa diferencia entre consagrados y revelaciones porque los chicos están increíbles. Cada vez que aparece Martu (Martina Campos), que hace el rol de Flo, la mejor amiga de Dolores, es aire fresco, alivio, que le trae a la ficción. Ella está brillante en la película. Y dentro de la película, el personaje de la amiga, el sostén que le significa a Dolores, es más importante que hasta el de la madre. Es en la relación con su amiga donde nosotros sentimos que Dolores es más ella, más que en el vínculo con su madre, donde ella elige ser un personaje guardado, retraído.

Gonzalo Tobal: El rol de Lucas, el chico que empieza a salir con ella, quedaba mejor que fuera un desconocido. Alguien que aparece en la vida familiar de esta gente porque ingresa de improviso a ese universo cerrado y que permitía que su entorno, y el espectador, lo mirara como “¿Y este quién es?”.

 

La película es una superproducción y se nota en el despliegue. ¿Siempre se planteó con este tamaño o fue creciendo?

Gonzalo Tobal: No, la verdad es que fue creciendo. Cuando estábamos desarrollando con REI Cine, con quienes habíamos hecho “Villegas”, era más pequeña. Pero había algo, tanto en el género como en la temática, que permitía que la producción creciera. Sí teníamos la voluntad de hacer un proyecto más grande que “Villegas” y fuimos a buscar un socio aliado que nos ayudara para eso. Pero no lo esperaba a esta escala. Se fue dando muy naturalmente. Se sumó Lali, se fue armando el elenco increíble. Y después se sumó K&S, que fue lo que permitió terminar de darle forma al proyecto de esta manera. La verdad es que se dio todo muy orgánicamente. Lo mismo la participación en Venecia. La mandaron, la vieron y les gustó como para que quedara en la Competencia Oficial.