Escenas de la vida trash

Sean Baker lo hizo de nuevo: El proyecto Florida es un drama de madre e hija con ribetes cómicos. Hasta ahí un lugar común que estalla, desde el minuto cero, gracias al talento narrativo y la belleza visual.

Niños que comen helado dentro del lobby de un hotel de las afueras de Florida, hasta que chorrean la alfombra y el encargado bonachón pierde la paciencia. Una madre border, tatuada de pies a cabeza, fuma un cigarrillo mientras su pequeña hija come una porción de pizza grasienta. Tres niños escupen el auto de una huésped recién llegada. Dos niñas se maravillan ante un rebaño de vacas sueltas y, con su inocencia, lo transforman en un safari. Estos son algunos pequeños fragmentos de El proyecto Florida, sexta película de Sean Baker, en la que vuelve a lucirse como un realizador atento a los dramas del ser humano, que les da voz a problemáticas sociales que el cine no suele atender o que aborda siempre desde el prejuicio o el lugar común. Con una estética y sello propios, filmando en 35 mm y con una paleta de colores pastel con preeminencia de fucsias y lilas, construye un film hermoso que conmueve hasta las lágrimas y que no necesita de los Oscar para cristalizarse en el inconsciente colectivo.

Halley, la encantadora Bria Vinaite, es una madre joven, soltera y diametralmente opuesta a los cánones de la maternidad: cuida a su hija a su manera, está llena de tatuajes y piercings, toma alcohol, sale de joda, consume drogas, tiene el pelo celeste y es mirada de reojo por el común denominador norteamericano. Su pequeña hija Moonee, la aún más encantadora Brooklynn Prince, deambula por el hotel con su banda de amigos, abre las puertas que no debe abrir, desafía a las huéspedes a mostrar los pechos, corta la electricidad y despliega simpatía por donde pasa. Bobby, Willem Dafoe en un rol atípico que le valió una nominación al Oscar, es el encargado del hotel que se encarga de solucionar las diabluras de Moonee y su pandilla e intenta que su madre pague la renta a tiempo y conserve un mínimo orden. La trama se va entretejiendo con microescenas; algunas parecen improvisadas, otras, filmadas casi de manera furtiva.

Baker retoma recursos ya utilizados en Tangerine (2015): grandes tomas panorámicas con lente gran angular para resaltar los escenarios por donde circulan los personajes, inclusión de actores no profesionales que les brindan frescura y naturalidad a los hechos, un tratamiento del color exquisito y propio que hace olvidar al hiperbarroquismo de Wes Anderson, y un juego con las puestas de sol que enriquece la arquitectura visual. El director encuentra belleza en lo grotesco; diálogos cotidianos y minimalistas se vuelven poesía capturados por su lente e involucran al espectador desde el vamos. La ternura y la inocencia que se despliegan al abordar un momento de la infancia se perciben sinceros y no acartonados. También habrá espacio para la violencia, la sordidez de una madre que cuenta con recursos escasos y nula formación académica para mantener a su hija, y los periplos que una mujer se ve obligada a afrontar. Todo eso le otorga un valor agregado a la cinta, fiel a los tiempos que corren.

El proyecto Florida cuenta dos historias: por un lado, la potencia mágica de la imaginación infantil. Y, por debajo, la desolación del sacrificio perpetuo de una madre que se ve expulsada del sistema y hace lo que puede para sobrevivir. Esto se acentúa, sobre el final, con una revelación. Dijo Ricardo Piglia en su Tesis sobre el cuento que “trabajar con dos historias quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas (…). Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción”. Con un final magistral, bien cinematográfico, que no necesita del auxilio del diálogo y confía plenamente en la audiencia, esta película cumple con la premisa que Piglia pensó para la literatura. Los enlaces entre ambos matices de la trama, sólida gracias a un excelente guion escrito a dos manos por Baker y Chris Bergoch, conforman la fortaleza innovadora de este relato. Sobre el final, uno entiende el porqué de una ruta conmovedora, construida mediante un trabajo de hormiga y con una sutileza que consagra a su director. A esto se le suma una gramática propia en cuanto a lo estético, que la engrandece todavía más, y la convierte en una fija dentro de la videoteca eterna sobre los devenires de la infancia.

 

El proyecto Florida

The Florida Project

De Sean Baker

2018 / Estados Unidos / 111’

Estreno: 29 de marzo (Diamond Films)