Este cielo de estrellas caerá

Junto a la llegada del verano en el hemisferio norte y de nuestras vacaciones de invierno, y pasada la ola de corrección política de las películas que aspiraron a ganar el Oscar, las pantallas se sobrecargan de efectos especiales, en varios casos relegando a actores famosos a que les presten sus voces a personajes que fueron creados digitalmente.

Nota publicada en nuestra edición 148, junio de 2014.

 

La entrega de los premios Oscar que tuvo lugar en marzo marcó una línea divisoria en el calendario de estrenos internacionales. Con la mira puesta en la dorada estatuilla se amontonaron, antes de aquella ceremonia, numerosos films con cierto afán de profundidad: los dramas familiares, las historias de vida, los relatos históricos y las reivindicaciones sociales, entre otras tantas formas que encuentra el cine para conmover al espectador. Una vez que esa oleada de corrección política pasó, cuando el hemisferio norte empezó a sentir el calor primaveral, sobrevino la avanzada de las megaproducciones, la temporada de las sagas, las franquicias, “el cine que le gusta a la gente”. De pronto dejamos de hablar de las soberbias actuaciones de Matthew McConaugheyy Jared Leto y empezamos a tomar nota de números y de millones de dólares invertidos en una película o en una escena puntual. En los tanques que engalanan la nueva cartelera de cine, las estrellas son los efectos visuales. No hablamos ya de películas que incluyen efectos especiales, sino de producciones cuya naturaleza son los efectos, que no podrían pensarse más allá de este trabajo, cada vez más alejado de las técnicas analógicas y abrazado casi de forma completa a lo que internacionalmente se conoce como CGI (básicamente, la creación de imágenes por computadora).

La temporada comenzó con El sorprendente Hombre Araña 2, un caso muy particular de efectos visuales en el cual, más allá de las explosiones, incendios o desgracias que puedan acontecer, casi toda la atención de los profesionales se concentró en el propio cuerpo del personaje principal. Jerome Chen, supervisor de efectos visuales de Sony Pictures Imageworks, unió fuerzas con el equipo de maquillaje y vestuario para lograr esa suerte de tormenta eléctrica que recorre el cuerpo de Andrew Garfield en esta logradísima entrega de la saga. Un caso bien diferente es el de Godzilla, cuya naturaleza es enteramente digital. Aquí se trata de un monstruo generado por computadora, y cuya terminación resulta ser uno de los aspectos más importantes a la hora de valorar la película. Más de quinientos animadores trabajaron en este Godzilla de casi cien metros, el más grande de los más de treinta que se conocieron desde la primera versión del monstruo en 1954.

En esa dicotomía entre la performance de actores y la construcción digital de personajes, X-Men: Días del futuro pasadopodría ocupar una categoría intermedia. Para la producción del film –el más caro en la historia de Fox, lo que destrona a Avatar–, Richard Stammers, supervisor de efectos especiales, coordinó un equipo que en algunas escenas debió reemplazar a los actores principales con dobles generados digitalmente, específicamente en el caso de los personajes que experimentaban transformaciones físicas como Sunspot o Iceman. Y, finalmente, hace pocas semanas descubrimos el proceso de caracterización asistido por la tecnología digital que tuvo Angelina Jolie en Maléfica, una película que sigue la línea de Alicia en el País de las Maravillas, en tanto el diseño de vestuario y maquillaje se complementa con sofisticadas técnicas de efectos especiales. Puntualmente, las alas –un emblema del personaje en su versión 2014– fueron agregadas digitalmente al vestuario que usó la actriz en el set.

 

Lo que viene

“En El Señor de los Anillos al principio se usaba el CGI de forma discreta, pero más tarde comenzó a ser demasiado”. Por esta simple declaración que hizo Viggo Mortensen durante los días del último Festival de Cannes, varios medios internacionales ubicaron al actor argentino más famoso de Hollywood como un detractor de los efectos especiales. Más allá de si esto fue exagerado o no, lo cierto es que el ruido de las megaproducciones que están listas para su estreno logra tapar cualquier voz disidente. A partir de julio, la cartelera comercial se sobrecargará de efectos especiales. Primero vendrá Transformers 4: La era de la extinción, una nueva entrega de esta popular franquicia que, aun sin enfoques narrativos muy novedosos, sigue impresionando en el trabajo de animación de los robots. La maratón de efectos continuará con El planeta de los simios: Confrontación, film que retoma el trabajo de captura de movimiento que se aplicó en la anterior película de esta saga: pequeñas cámaras y sensores ubicadas en diferentes partes del cuerpo captan el movimiento de los actores para luego pasar toda esa información al equipo de efectos visuales, encabezado por Dan Lemmon, que se dedica a componer el cuerpo de los simios. A este modelado de personajes se suma la intervención digital sobre la ciudad de San Francisco en estado de postapocalipsis.

La semana siguiente llegará El destino de Júpiter, de los hermanos Wachowski, que aquí retoman el trabajo intenso en efectos especiales luego de un film como Cloud Atlas, que apostaba más a la dirección de arte en la recreación de diferentes épocas y geografías. Esta vez la dupla de directores se remite al espacio exterior para dar marco a una extraña historia de amor entre Mila Kunis y Channing Tatum, quien además ostenta aquí, por medio de los efectos especiales, unas envidiables botas antigravedad para surfear en el aire.

Desde la factoría Marvel, llegará inmediatamente Guardianes de la Galaxia, con esa atípica y saludable combinación de efectos especiales y comedia. Si bien Chris Pratt aparece como cabeza del elenco, en los créditos también se puede encontrar a Bradley Cooper y Vin Diesel, quienes solamente prestan su voz para dos personajes creados digitalmente. En primer término, se evaluó para estos personajes la técnica de captura de movimiento, pero finalmente el supervisor de efectos visuales, Stephane Ceretti,lo descartó y prefirió registrar a los actores en video mientras grababan la voz para que los animadores tomaran sus expresiones apenas como referencia, técnica que en su momento también utilizó Juan José Campanella para Metegol. Y, ya en agosto, la cartelera comercial incluirá a En el tornado, un caso diferente en el cual los efectos especiales apuntan a recrear desastres naturales tomando como primera referencia las filmaciones amateur de YouTube que registran tornados. Esa fue la indicación del director a los profesionales de CGI: mirar todos los registros reales que estuvieran disponibles y, a partir de allí, generar distintas formas de tornados, cada uno con su identidad, para los diferentes momentos del film.

Se vuelve muy difícil establecer algún lazo o equivalencia desde el cine local con este costado de la industria del cine de Hollywood. Por más estabilidad que podamos lograr con nuestro cine, este tipo de megaproducciones, este modo de trabajar la imagen digital es definitivamente ciencia ficción para nuestro ecosistema, y parece estar muy fuera de nuestro alcance. No obstante, algunos profesionales argentinos ya están instalados en Hollywood, abocados a trabajar con efectos visuales, y bien podrían en algún momento orientar sus esfuerzos para este lado. Quien hoy enciende esa posibilidad es Pablo Helman, un argentino que lleva décadas trabajando en Hollywood en el área de CGI. Ha colaborado en varios films de George Lucas y Steven Spielberg, y recientemente estuvo a cargo de los efectos visuales de Tortugas Ninja, otro estreno de los grandes programado para este año. En las últimas semanas se empezó a hablar de un gran proyecto cinematográfico, sin precedente en Latinoamérica, que uniría a Helman con la escritora Liliana Bodoc y el artista plástico Ciruelo en un film de dragones basado en la obra de este último. Las ganas y el talento están. Una vez más, habrá que ver para creer.