Esther Goris: "Los hombres también son víctimas del patriarcado"

Luego de varios años de ausencia del medio actoral, Goris tiene dos películas y una obra de teatro en cartel

Tras coprotagonizar en teatro la adaptación de “Atracción Fatal” y participar de “One Shot” de Sergio Mazza, Esther Goris vuelve al cine con “A Oscuras” de Victoria Chaya Miranda.

En el film, una historia coral de desarraigo, soledad, violencia, adicciones, y la noche como escenario, Goris interpreta a Lola Montes, una actriz emblemática del cine nacional que se encuentra en una etapa oscura y decadente. HaciendoCine se reunió con la actriz para hablar del proyecto y otros temas.

¿Cómo es volver al cine?

Como diría Troilo, “cuándo me fui si yo siempre estoy volviendo”, estuve unos meses sin hacer cine, en realidad casi nunca pasa más de un año sin que yo haga cine, he realizado 25 películas, lo que no es poco para Argentina. Debuté en 1983, siendo muy joven, fui para un papel de extra y me quedé con el coprotagónico. Tuve mucha suerte. Pasaron muchos años, tal vez no es una película por año, no recuerdo hacer dos por año, pero he hecho producciones para Hollywood, Italia.

Volves con un personaje que está relacionado al cine, repregunto ¿cómo es volver haciendo de una actriz de cine?

Eso es lo interesante, el metalenguaje, cómo es volver haciendo de actriz, una actriz interpretando el rol de otra, es muy interesante meterse en una actriz, con la que comparto el amor y la pasión por la actuación, pero en circunstancias muy duras y crudas, así que transitarla no es sencillo, alcoholismo y qué la lleva a esa situación. Hay alguien que la persigue a Lola Montes.

El perseguidor es una suerte de ángel de la guarda…

Sí, pero a los demás no los sigue, lo buscan. Componer a Lola no fue sencillo porque no es sencillo lo que le sucede, el tema del alcoholismo, que es una de las intoxicaciones más difíciles. Hice de morfinómana, cocaínomana, estudiás los síntomas, pero el alcohol es muy cercano aparentemente pero es muy difícil actuarlo, interpretar a una persona bajo los efectos del alcohol.

¿No habías hecho ya de alcohólica en La Leona?

No, Diana Liberman estaba “loquita”, fumaba porro, era divertida, tenía mucho humor, hice dos escenas fuertes tomando alcohol y fumando porro, pero estaba tratada con humor, había tragedia pero era distinto. Acá está todo el tiempo, es adicta al alcohol y a las pastillas. Una adicción que estrellas de Hollywood han padecido, se da mucho en la actuación.

Te llega el personaje, ves su situación, pero además todas las problemáticas circundantes que están en ebullición en la sociedad ¿qué lectura haces de esto?

Pienso que en buena hora pude participar en una película donde se habla de esto. Formo parte del Colectivo de Actrices Argentinas, de hecho fuimos de las primeras en reunirnos, eramos 20, a la semana eramos 100, después creció de manera exponencial y perdí la cuenta. Luchamos por la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, yo no había pensado el paradigma patriarcal en el que estábamos inmersos, y de hecho leía libros o escuchaba canciones que me fascinaban y hoy me espantan, como “Mujeres de Atenas”, de Chico Buarque, una letra terrible, veía como poético la sujeción a la figura masculina.

Es un cambio absoluto…

Yo pude dedicarme a la escritura y actuación gracias a un hogar en donde mi madre aportaba el dinero y mi padre se dedicaba a la casa. Mi madre me decía que los otros padres hacían las cosas como quisieran, pero para ellos no importaba quién ganaba la plata, y se encargó de asegurarme que él no perdía virilidad por hacer las cosas de casa, al contrario, él me decía la suerte que tenía de estar con dos mujeres inteligentes. Tuve la suerte de nacer en una casa con una situación bastante particular, me tuvo a los 40, y había vivido mi madre una situación de no poder comer en la mesa con hombres en la casa. Mi madre escapó de eso y empezó trabajando de mucama, luego se puso un negocio, se casó con mi padre, y cuando él cae enfermo por la situación en la que había trabajado en el monte, ella salió a trabajar. Esta historia tiene de bueno que ambos me la contaban con muchísima felicidad, de algo que pasó, lo superaron y lo vivían con alegría, porque la gente que atraviesa guerras pueden distinguir lo importante de lo que no. Aun así todo eso hizo que incurriera en machismos, naturalizados. Cuando hablamos de igualdad de condiciones hablamos también de igualdad de condiciones para el varón. Mi madre no señalaba a mi padre, pero sí el entorno, y a ella también por salir a trabajar, había mujeres que se quedaban en la casa, aun con necesidades económicas grandes, la señalaban. Cuando era chica, si bien quería a mi madre y la entendía me daba vergüenza que ella no esté en actos escolares.

Pero eso por la mirada del otro…

Claro, mi madre se organizaba para estar en momentos importantes, pero para los actos no podía, y mi padre me peinaba, y le decía que me tiraba y él dejaba de hacerlo, iba despeinada y con mi padre, y me lo hacían sentir mucho. Los hombres también son víctimas del patriarcado. Muchos.

Se va a caer…

Sí, todas estamos de acuerdo en lo mismo, a veces difiere el abordaje, pero siempre pensamos en el bien común, pensar la eficacia colectiva de las acciones.

¿Cuándo veremos “Agata Galiffi: La flor de la mafia”, tu libro, en cine o en una serie?

Todavía falta, casi siempre está por hacerse, ahora es el momento ideal, ¿no pensas?

Si, de hecho se habían barajado en su momentos nombres como Natalia Oreiro para protagonizarla…

Sí, Natalia quiso siempre hacerla.

¿Qué falta para que se concrete?

Dinero. Yo escribí primero el guion y luego la novela. Cuando empecé la investigación, con 33 años, lo pensaba para mí, y después seguí porque me tomó el personaje, hice el guion, después la novela, lo presenté, firmé el contrato y seguí. No me gusta mucho escribir, lo sufrí mucho. Al ser una historia real, tiene una eficacia increíble, si no fuera real sería inverosímil, la real tiene ese descaro, como es real no necesita verosimilitud.