"Happy hour": De amor y política

La coproducción argentino/brasilera protagonizada por Pablo Echarri, Leticia Sabatella, Luciano Cáceres y Aline Jones, posibilita una reflexión sobre el estado actual de la región, plagada por movimientos radicalizados emergentes.

Tras la fachada que la ópera prima del dramaturgo y realizador Eduardo Albergaria, Happy Hour (2018), se esconde una reflexión sobre la política y cómo ésta afecta vínculos hasta el punto de exigirles que en sus relaciones la verdad sea un commodity más.

Si bien en su planteo de comedia, Happy Hour desanda las vicisitudes del matrimonio de Horacio y Vera (Echarri, Sabatella), una pareja que se cortará cuando uno le plantee al otro el momento en el que engañara al otro sin atender al “ojos que no ven…”, tras esa puesta simil vodevil con conflictos, personajes secundarios (Jones, Cáceres) que suman tentaciones para que todo se vuelque hacia el humor, la mirada sobre el cinismo del mundo político termina por ganarle al “enredo amoroso”.

Esa mirada de Albergaria sobre la política, sus operaciones, fachadas y puestas de marketing, no hacen otra cosa que denunciar el momento político que se está viviendo en Brasil, con además algunos detalles que delatan la era pre Bolsonaro, con exigencia de mano dura y control.

Su registro sobre cómo emergería luego un gobierno que pisa libertades y con el racismo, la xenofobia y el rechazo por el diferente, como cosa de todos los días, deconstruye la estructura de comedia romántica con la que se vende el producto.

Allí es en donde Happy Hour trasciende su figura, potenciándose como un entretenimiento maduro que prefiere una reflexión sobre el estado de las cosas más que una resolución graciosa para cada uno de los personajes y conflictos que presenta.