"Happy hour": Entrevista con Luciano Cáceres

Con varias producciones cinematográficas pendientes de estreno, que lo tienen como protagonista, además de dos obras en las que dirige y actua, Luciano Cáceres se para frente al 2019 con un sinfín de proyectos. Por Rolando Gallego

Happy Hour de Eduardo Albergaría, protagonizada por Pablo Echarri, Leticia Sabatella y Aline Jones, entre otros, plantea, con humor y reflexión, las desventuras de un grupo de personas de treinti/cuarenta tantos en medio de decisiones que deben tomar sobre sus deseos. Haciendo Cine se reunió con Cáceres para conocer detalles de la propuesta y todo lo que se viene.

2019 es un año con mucho cine. Lobos, Blindado,  Punto muerto. ¿Qué recuerdos tenés de Happy Hour, la primera que se estrena?

La filmamos hace dos años y un poquito más en Río, y finalmente llega su estreno. Fue una experiencia hermosa. Primero por poder compartir de nuevo trabajo con Pablo (Echarri), que es alguien a quien yo admiro: es un líder nato, me ha dado mucho, me ha abierto una puerta enorme en la televisión con El elegido, y la terminó de coronar su mujer Nancy Dupláa en Graduados. También me encantó poder hablar de una temática de gente de 40, de poder hablar del deseo y qué pasa con él cuando es más intuitivo y no dejás de ponerle la cabeza. Dos idiosincrasias distintas, la mirada de Eduardo para contarla y cómo el mismo rodaje comenzó a contar su historia también con el intercambio de los dos países y filmar en Río.

Te tocó un personaje interesante para componer, alguien que representa lo peor del argentino, el chanta…

Sí, el típico argentino allá, que tiene algo misterioso. La cabeza del personaje de Pablo va pensando en el tercero en discordia. La pasé muy bien rodando, tengo los mejores recuerdos: fueron tres semanas y dos fines de semana y la hice en paralelo justo con "Punto Muerto". Terminé un viernes de grabar "Los ricos no piden permiso", arranqué "Happy Hour", empecé "Punto muerto", seguí "Happy Hour" en Brasil y después me quedé tres semanas más allá. Fue salir de una novela, meterme en una de misterio y terror, y meterme en esta comedia dramática.

¿Te acostumbraste a manejar muchas cosas a la vez? ¿Cómo se llevan tantos trabajos?

Sí, estamos en movimiento. Estoy más grande, más cansado, accidentado, pero cuando hay trabajo hay que aprovechar; más cuando el contraste entre todo te pide eso. Salí de la novela, me metí en el mundo de "Punto muerto", trabajar acá, viajar, conocer cómo se trabaja en otros lados, conocer equipos. Cuando conocí a Eduardo, el director, nos pusimos de acuerdo, y de hecho armó todo para que yo pudiera estar, porque estaba con otros proyectos. Me la banqué y ellos me bancaron.

Tuviste experiencias laborales en España, en Brasil ¿cuáles son las diferencias que encontras con Argentina?

Son energías distintas. En Brasil se trabaja muy relajado. El horario es ideal: de cinco y media de la mañana a tres de la tarde, la jornada de día; y sino de cinco y media de la tarde a tres de la mañana. Fue un planazo, de hecho aproveché y me llevé a mi familia. Son muy sociales, pero a la hora de trabajar se trabaja mucho. En España también, hay muy buena onda con nosotros, nuestros predecesores hicieron las cosas muy bien. Es muy lindo ver cómo se produce en otros lados, acá estamos acostumbrados a que si no están las cosas se hacen igual, no por nada en festivales la presencia argentina es muy bien recibida. La creatividad local es muy festejada afuera.

Con la vasta experiencia que acumulaste liderando equipos y dirigiendo ¿encarás tus trabajos de actor mirando desde otro lugar?

No, siempre asumo el rol que tengo y lo respeto, si se me da el lugar, existe un intercambio y expande la opinión. Me pasó con Eduardo, con Paco Cabezas, con Calparsoro, o con los directores de acá. Uno siempre tiene que confiar en la mirada de afuera porque hay cosas que tal vez no percibís y hay algo que se destraba. El cine es técnico, cuando hice una de mis primeras películas como protagonista, "Garúa", de Gustavo Corrado, él me dijo algo muy clave: me había visto en varias cosas, y me propuso actuar en tres escenas, me quería para eso, estaba de tránsito, transitando la vida de otra persona, como una especie de Crimen y castigo.  Me sirvió, porque habitas ese plano que alcanza, hay algo que necesita que el actor esté, porque no se puede reemplazar ni con encuadre, ni con luz, ni con una lágrima falsa. Hay que estar y entenderlo: hace que el oficio sea más relajado, entendiendo además que hay alguien que la está pensando. Como actor hay que tener un conocimiento absoluto del guion y estar disponible, porque muchas veces se filma desordenado, hay que tener el recorrido en claro para estar permeable a todo lo que pasa en una producción, una escena de fiesta con 10 personas, el policía que ahora hace otro papel, etc.

 

¿Tenés pensado dirigir cine?

Si, lo tengo en mente, en algún momento me animaré, entiendo mi deseo de concretarlo, pero también todo lo que me falta aprender, principalmente de cuestiones técnicas.

Pero siempre hay un asistente…

Obvio, sí, pero tengo además mi equipo de trabajo, la gente de Eusebia en la higuera, con Eduardo Pinto, trabajamos en conjunto, si bien él es el director, llevo los castings, miramos el proyecto de afuera, un poco de cómo llevo el teatro, más de autogestión independiente. En algún momento me voy a animar.

¿Cómo sigue el año de trabajo?

Giraré con "El Ardor" y "40 días y 40 noches", dos obras que vengo haciendo, que son grandes, pensadas para grandes teatros, se pueden adaptar, pero son para amplios espacios, estamos viendo. Va a ser un año con más cine, la segunda película de Gastón Gallo, que la venimos craneando hace rato, seguramente se concreta. Voy a dirigir una nueva obra alemana, estoy viendo agendas y eso, para concretarla, seguro para junio. Es un año medio incierto, elecciones, presupuesto, todo lo que presentas en el INCAA se han parado. De hecho dos proyectos de cine en los que estaba desistieron del subsidio porque eran inviables. Pero al mismo tiempo la tarea independiente seguirá, la autogestión, los trabajos en equipo. No hay que quedarse esperando.