Hermanas de sangre

Lea y Mira dejan su huella cuenta la historia de dos mujeres mayores que viven en Buenos Aires y que, siendo judías polacas, fueron de niñas enviadas al campo de exterminio de Auschwitz. Hablamos con su directora, Poli Martínez Kaplún.

¿Cómo surgió la idea de este proyecto?

Hacía tiempo que yo tenía particular interés en la historia de la Segunda Guerra y en la Shoa. Mi familia, por el lado materno, son sobrevivientes del Holocausto; judíos asimilados a la cultura alemana, que no se definían incluso como judíos porque no eran religiosos y sin embargo tuvieron que escaparse para no terminar en campos de exterminio. De Alemania emigraron a Egipto y años después a la Argentina. Con unos amigos, Lucas Werthein y Carlos Winograd, hablábamos de la posibilidad de hacer un documental con sobrevivientes de los campos de concentración. En esa guerra tan atroz que dejó 50 millones de muertos y que entre otros delirios tenía como propósito la depuración de la raza aria, se exterminaron 6 millones de personas en campos de concentración, entre ellos 1 millón y medio de niños. Algunas personas que estuvieron allí lograron sobrevivir de milagro y hoy en día se encuentran unos pocos vivos. Con los productores fuimos a la fundación Tzedaka en Buenos aires a un taller literario de sobrevivientes de la Shoa. En ese taller, conocimos a Lea y Mira.

Desde el principio yo me preguntaba cómo se podía seguir viviendo después de haber pasado por el infierno durante casi dos años y antes de eso, hacinados en los ghettos, durante cuatro años y después del campo de concentración (donde sobrevivieron de milagro durante dos años, gracias a la solidaridad de otras reclusas que se organizaban para salvar los niños) caminar cuatro meses en el invierno en la Marcha de la Muerte, casi desnudos y sin comida. Decidir mantenerse vivo, sostenerse; tener la voluntad de no caer, de no dejarse ir para terminar con el infierno, para mí era un enigma. ¿Se puede sobrevivir a eso? ¿Se puede tener fuerza anímica para seguir adelante? Los sobrevivientes de los campos lo han hecho. La película emana esa incandescencia vital que tienen las protagonistas. Conocerlas y filmarlas fue acercarme a la enorme energía intrínseca que tiene la vida, y eso quise trasmitir.

 

¿Cómo llegaste a Lea y Mira? ¿Cuál es la relación con ellas?

En la Fundación Tzedaka hay un grupo de taller literario de sobrevivientes del Holocausto y ahí asistí durante un año para conocerlos y decidir quiénes serían los protagonistas de la película. La primera vez que asistí, ya sabía que serían Lea y Mira. Ellas me impactaron desde el comienzo por su lucidez y su enorme vitalidad, y también me llamó la atención verlas como personas alegres. No pensé que podía hasta recuperarse la alegría, en ciertos momentos al menos, luego de haber pasado literalmente por el infierno. Además, ellas tienen una relación de mucha fraternidad y amor, y yo quise desde un comienzo bucear en eso en la película.

Las dos tienen como cualidad una vitalidad y energía sobresalientes, que pocas personas en el mundo tienen; las dos son asombrosamente inteligentes, sabias, diría. Tienen 90 y 89 años y son íntimas amigas; se llaman “hermanas de sangre derramada”, han formado familia, tienen fe en la humanidad porque, así como han conocido lo demoníaco que puede ser el ser humano, también se han salvado gracias a la solidaridad de gente que expuso su vida por otros; han aprendido el sentido de transmitir lo que vivieron para dejar un legado y para que esto no vuelva a ocurrir, que el sufrimiento de tanta gente no haya sido en vano.

 

El tema de la Segunda Guerra no es muy abordado en el cine nacional. ¿Qué viste y qué te parece el cine argentino relacionado con el tema?

La verdad, no vi mucho de cine argentino relacionado con el tema. Vi El oro de los nazis, Wakolda, y me parece raro que no haya más producciones relacionadas con el tema porque en Argentina hubo muchos europeos que llegaron tras la guerra, tanto sobrevivientes como nazis.Hace unos años realicé la producción de otro documental que quise hacer y luego no terminé, sobre el acorazado Graff Spee, un buque alemán de la Segunda Guerra que encalló en aguas del Río de la Plata y que dejó muchos soldados alemanes luego afincados en la Argentina. Una historia asombrosa porque muchos soldados hoy son hombres ancianos que no regresaron a Alemania porque de jóvenes en su mayoría se casaron aquí y luego vivieron toda su vida en Argentina. Quedaron de algún modo aislados del revisionismo post guerra que se hizo en Europa y sobre todo en Alemania, donde cualquier manifestación racista está prohibida por ley y donde por ejemplo durante 70 años se prohibió el libro Mi lucha, de Adolf Hitler.

Entrevistando a estas personas, me encontré con el discurso nazi clásico de los años 30. Me impresionó mucho. Un discurso totalmente básico y delirante de buenos y malos, donde los demonios son los judíos que se apropiaron de la tierra y del poder con el propósito de someter al resto de los humanos. Realizando esa filmación en Córdoba, me encontré frente a la estatua que le hicieron al capitán del Graff Spee y que está en Villa General Belgrano. El día de la conmemoración de su muerte, cuando el Capitán decidió morir con su barco que naufragaba, me encontré con personas de distintas nacionalidades que venían a darle tributo. Al entrevistarlas, todos eran nazis negacionistas. Me hablaban de lo sometidos que estaban aún por los judíos y de la farsa que se había inventado alrededor de los campos de concentración. No lo podía creer, sinceramente, estar escuchando un discurso tan delirante. Entre otras cosas, eso me hizo dejar el documental, no pude aguantar seguir cerca de esa gente y hasta me dio miedo que supieran que yo tengo origen judío. Esta experiencia es un antecedente a la película. Como alguna vez le escuché decir a Patricio Guzmán, hay que hacer documentales de temas que a uno lo conmuevan y no salir a buscar la realidad y enfrentarse con lo que sea, como si un documentalista fuera un periodista que busca la objetividad de los hechos

 

¿Cómo fue el proceso de conversaciones con ellas?

Yo sabía que tenía que establecer un lazo con ellas antes de filmarlas. Quería lograr intimidad, cercanía; poder instalar la cámara en sus vidas sin que la cámara estuviera-. Para eso, estuve un año preproduciendo la película, es decir, asistiendo al taller una vez por semana y decidiendo cómo iba a filmar sus vidas. De ese modo, establecí un vínculo con ellas que se traduce en la película en la intimidad que logré al filmarlas.

Por otro lado, no quería hablar del tema y hacerles preguntas fuera de la cámara; tampoco quería conocer mucho sobre sus vidas, sobre lo que habían escrito o dicho. Esperaba desde el comienzo que lo que dijeran frente a la cámara no fuera algo repetido, automático ni para ellas ni para mí por ya haberlo escuchado; quería encenderla y ponerme a conversar por primera vez. Creo que eso se logra en el documental; hay una sensación de intimidad y de reflexión en lo que dicen que no da cuenta de algo repetido y repetido muchas veces.

La primera vez que fui a la casa de Mira la entrevisté durante un par de horas. Era un domingo a la tarde y llegue un poco retrasada porque nos perdimos con el equipo al llegar a su casa. Nos recibió muy bien arreglada en su casa donde vivía con su gato. Empezamos a grabar la entrevista y a hacerle preguntas. Enseguida comenzó el relato de su vida en el campo de concentración de Auschwitz. Para mí fue la primera vez que escuchaba en primera persona un relato tan terrible, un suceso tan dramático. Lo había leído en libros pero nunca lo había escuchado por alguien que me lo relatara en persona. Mira decía cosas como “me separaron de mi padre y no lo vi nunca más” o “vi cómo agarraban a bebés y les pegaban en la cabeza para matarlos”. Fue muy duro escucharla y seguir con la entrevista conteniendo el llanto.

 

¿Qué relación tenían Lea y Mira? ¿Cómo se conocieron?

Lea y Mira son intimas amigas; de su relación dicen que son “hermanas de sangre derramada”; lo que está por decir una lo dice la otra. No se conocieron en Auschwitz, se conocieron en Argentina. Con sus maridos, eran parejas muy amigas. Ambos eran partisanos, es decir, combatientes que se escondieron en los bosques para escapar de los nazis. Ser tan amigas y tan solidarias entre ellas es una de las causas que las mantuvo vivas, según ellas cuentan en la película.

 

¿Qué esperás del estreno de la película?

Esta es una historia en primera persona que cuenta también una historia de guerra atroz, que provocó el delirio de una sociedad. Muchos jóvenes no conocen lo que sucedió porque en las escuelas no se trata el tema lo suficientemente bien. Me gustaría mucho que la película ayude a comprender lo absurdo de la discriminación al otro; de hecho, este es el legado de Lea y Mira y la intención de la película es amplificarlo. Es aportar una simiente contra las condiciones humanas que han provocado esto y que, lamentablemente, se siguen reproduciendo todos los días…

Por otro lado, me gustaría que la película inspire a la gente que la vea cómo me inspiro a mí conocer a Lea y a Mira. Inspirar en el sentido de reconocer en ellas la fuerza que tiene la vida frente a la muerte y cómo finalmente esa energía puede atravesar el dolor más profundo, el hambre y el frio extremo, reconociendo que la vida es un milagro y que mientras uno esté vivo hay que vivir. Esa es su reflexión a los 90 años, luego de haber pasado su infancia un largo periodo en el infierno