"La Botera": Azul Profundo

Este jueves se estrena la ópera prima de Sabrina Blanco, la cual se ganó los corazones (y buena cantidad de premios) de los asistentes al Festival de Cine de Mar del Plata. Hablamos con ella sobre su realización y su llegada a cines argentinos.

A veces sucede. Una película pequeña, intimista, que se agrega al cronograma de lanzamientos sin que se tenga mucha información sobre ella se convierte en la “tapada”, la revelación de la temporada.

Hace un mes, la mayoría de los críticos y personas involucradas en el quehacer cinematográfico no sabían nada (o casi) de “La Botera”, ópera prima de la joven directora Sabrina Blanco. Eso cambió rápidamente en las casi dos semanas que duró el Festival de Mar del Plata.

Todos los críticos que estuvieron en las primeras proyecciones salían conmovidos por la historia de Tati, una niña de 14 años, criada en un ambiente problemático, que mientras aprende a navegar en el río, sueña con ser botera. La tarea requerirá mucho más que práctica: hablamos de un oficio solo realizado por hombres.

El reconocimiento en el festival marplatense no se quedó solo en muy buenas críticas y salas llenas: “La Botera” se alzó con el premio al Mejor Guion entregado por Argentores, el premio a Mejor Actriz Argentina de todas las competencias (entregado por SAGAI) y una mención especial a la Mejor Película Latinoamericana realizada por un/a director/a menor de 35 años.

De la noche a la mañana, “La Botera” llega a las salas comerciales de Argentina convertida en la nueva niña mimada de la crítica local. Hablamos con Sabrina Blanco, su realizadora, sobre el viaje que significó tanto para ella como para la joven actriz debutante Nicole Rivadero.

“‘La Botera’ es una película muy especial para mí, no solo por lo que hay dentro de la película misma, sino por todo lo que significó el proceso de hacerla. El trabajo con el lugar y con la gente del lugar fue un proceso de observación y compromiso muy largo y sentido”, arranca Blanco sobre el proceso de realización.

La directora cuenta que la película se filmó íntegramente en locaciones naturales de Isla Maciel, con un plan de rodaje de 4 semanas.

Para tu primera película te jugaste al elegir a una joven de 14 años sin experiencia actoral y que nunca había salido de Isla Maciel.

Era muy importante para mí contar la historia con una protagonista real de la Isla Maciel. Lo que me interesaba era que la fuerza del personaje esté en la mirada de la protagonista, alejándome un poco de esa idea de casting que busca el “rostro cinematográfico” o la belleza hegemónica. Quería correrme de todo eso como una posición política e ideológica de la película y también estética. Encontrar a alguien que fuera real, que pueda encarnar al personaje desde su propia experiencia de vida.

¿Cómo encararon la producción, desde lo que es trabajar con una debutante que está en plano casi todo el metraje, hasta escenas en el agua que siempre son complejas de realizar?

La película se pensó desde el primer momento como un procedimiento más cercano al documental que a la ficción. La preproducción se empezó a realizar muchos años antes, con la premisa de generar vínculos con el lugar y con la protagonista. Yo sentía la necesidad de observar y conocer el barrio profundamente para entender de qué manera podía abordarlo. Me resultaba muy inorgánico eso de llegar y poner una cámara como una turista, como si estuviéramos frente a un fenómeno.

El objetivo desde la producción era incluir al barrio en el rodaje. Eso también funcionaba como contención para Nicole. Si bien la película plantea un universo de ficción, el trabajo fue ir buscando los puntos de conexión que la hagan apropiarse del personaje. Por eso era fundamental para mí que la película se filme íntegramente ahí, el lugar que ella conocía, con sus cosas alrededor, sin demasiados artificios.

Con Nicole me propuse desde el inicio un trabajo en donde se genere entre ambas una confianza que permitiera ir definiendo el personaje juntas. Por otra parte, sabía que se necesitaba tiempo para ir preparando las condiciones básicas del rodaje: horarios, estructuras, demandas, formalidades que Nicole tenía que afrontar y que no le resultaban sencillas. El trabajo fue ir descubriendo cuales eran las posibilidades y también los límites, siempre desde un lugar afectivo.

Así llegamos a la instancia de rodaje muy preparadas y sabíamos lo que éramos capaces de afrontar tanto desde la actuación como desde la dirección.

¿Cómo ingresó Brasil a la producción?

Las chicas de Murillo Cine, que son las productoras de la película, conocieron a Jessica Luz de Vulcana Cinema en unas clínicas en el exterior. Le acercaron el proyecto, que estaba por ese entonces en etapa de desarrollo. A Jessica le entusiasmó mucho desde un primer momento e inmediatamente se quiso sumar. Es una productora muy sensible, humana y era algo que nosotras queríamos para la película.

Así fue, que muy pronto se inició el camino de búsqueda de financiación y el trabajo necesario para poder realizar la postproducción en Brasil, lo que nos venía muy bien, ya que necesitábamos que la película fuera creciendo y poder acceder a otros fondos para lograr terminarla.

FRENTE AL MAR

La prueba de fuego, tanto como para la directora como para su protagonista, fue el estreno en el marco de la Competencia Argentina en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La experiencia no podría haber sido más satisfactoria.

¿Cómo vivieron la experiencia en Mar del Plata y los premios recibidos?

La experiencia en Mar del Plata fue increíble. Viajamos con Nicole, ella no conocía ni Mar del Plata ni el mar. Tampoco había visto la película hasta la primera proyección. Fue todo muy emocionante para nosotras, para el equipo que nos acompañó. La respuesta del público y de la prensa fue muy amorosa y cuidadosa también. Lo vivimos como un momento muy especial, de celebración. Todos los que han participado en la película fueron piezas fundamentales para lograrla. Digamos que las entrevistas las hago yo, pero detrás hay un grupo de personas que tomaron riesgos y pusieron todo su talento a disposición para llegar a este momento.

¿Qué te llevás de un estreno en un festival tan importante para el cine argentino?

Para mí en lo particular fue confirmar que, si uno trabaja seriamente sobre las motivaciones de sus proyectos, sin apresurarlos, con paciencia y compromiso, eso después llega a la película y también al público de una manera muy natural. Algo que notás cuando la película empieza a vivir a partir de la mirada de los otros. Los premios también fueron una enorme alegría, un honor. Fueron tres premios muy significativos, especialmente el de Nicole que nos llenó de orgullo. Todo recobró sentido con ese premio tan merecido para ella; no puedo estar más que agradecida.